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domingo, 27 de enero de 2013

Cartas de invierno, de Agustín Fernández Paz. Por Adrián Vázquez Old




Referencia bibliográfica

Nombre de la obra: Cartas de invierno
Autor: Agustín Fernández Paz
Editorial: Ediciones SM
Primera edición: 1998
Décima edición: 2006
Colección: @Misterio
Diseño de la colección: Alfonso Ruano y Pablo Núñez
Traducción del gallego: Rafael Chacón
Impresión: Gohegraf Industrias Gráficas SL

Resumen del contenido

Teresa Louzao recibe un gran sobre de su hermano Xavier. Al abrirlo, encuentra un manuscrito de su hermano y otro sobre, sellado con esmero. En el texto, Xavier le pide que, si en una semana desde la recepción del paquete no entabla contacto telefónico con ella, acuda a un inspector de policía y le entregue el sobre sin abrirlo.
No obstante, Teresa, preocupada por los hechos que relata su hermano, decide hacer caso omiso a sus indicaciones y abre el sobre. En él se encuentra unos pocos folios escritos por su hermano y varias cartas abiertas con el remitente de Adrián Novoa, un famoso pintor amigo de su hermano y del que ella había estado secretamente enamorada.
Teresa comienza leyendo los folios escritos por Xavier. En ellos, el famoso escritor le cuenta a su hermana, de manera muy enigmática, que tanto él como su amigo Adrián se encuentran en grave peligro a raíz de la compra de Adrián de una misteriosa casa colonial en una zona rural de Galicia. Después, comienza a leer las cartas que Adrián le envió a Xavier durante la estancia de seis meses de este último en Canadá. En ellas, Adrián relata a su amigo su traslado a la misteriosa casa de Doroña-Vilarmaior, y las extrañas situaciones relacionadas con un libro encantado y una enigmática cripta sita en los cimientos de la vivienda.
Es tanta la tensión y el miedo que transmiten las misivas de Adrián, que cuando Xavier llega de Canadá y lee las cartas de su amigo, no duda en desplazarse a Doroña-Vilarmaior en su ayuda. Allí, lo que se encuentra le deja petrificado y, temiendo por su vida, decide enviar a su hermana el sobre con las pruebas de todo lo ocurrido.
Cuando Teresa termina de leer todas estas cartas, acude sin demora al inspector Soutullo, y juntos se desplazan a Doroña-Vilarmaior a investigar los hechos. Sin embargo, cuando llegan se encuentran la casa ardiendo y, pese a que los coches de ambos están aparcados en la puerta, no encuentran rastro de sus cuerpos.
No obstante, Teresa decide buscar pistas por la zona hasta que encuentra, entre los restos de un sepultado castro celta, el libro encantado del que hablaban en sus cartas Adrián y su hermano. Sin dudarlo ni un momento, enciende una hoguera sobre el lugar donde debía de estar la cripta que su hermano le había descrito y en ella quema tanto el libro encantado como todos los documentos que incluía el sobre que Xavier le había enviado. Entonces, el suelo comienza a vibrar y se llena de grietas. Un griterío ensordecedor parece venir desde lo más profundo de la tierra, pero finalmente, cuando todo queda reducido a cenizas, la situación vuelve a la normalidad. La maldición de la casa jamás volverá a molestar a nadie.

Crítica y valoración

La novela alterna un narrador omnisciente, que relata los hechos desde una posición externa a la historia, con un narrador en primera persona, que relata los hechos a través de las misivas que envía Xavier Louzao a su hermana Teresa, o las que envía Adrián Novoa al propio Xavier Louzao.
El argumento no sigue una estructura al uso de introducción, nudo y desenlace, sino que el tiempo de la historia varía en función de la lectura de las cartas. Esto es, al comienzo del relato Teresa Louzao recibe un sobre de su hermano, lo abre, y entonces el tiempo del relato cambia, remontándose a la secuencia cronológica en la que se escribieron las cartas. Posteriormente, cuando Teresa termina de leer los documentos, el tiempo vuelve al presente.
Se trata de una novela de misterio que mantiene la tensión hasta el final, haciendo al lector partícipe de la agonía que transmite la historia. La mayor parte de la narración se realiza en primera persona, ya que es a través de las diferentes cartas que se mandan unos a otros, de forma que es sencillo seguir el argumento hasta su conclusión final.

Conclusión

Cartas de invierno es una novela de misterio que captará la atención de los alumnos desde el principio por su argumento, misterioso y enigmático. Mediante un estilo de redacción sencillo, en el que abunda la redacción en primera persona, el autor realiza una descripción muy cuidada de los diversos parajes en los que se sitúa la historia.
Este libro es de gran utilidad para un público del segundo ciclo de la ESO, ya que permitirá trabajar aspectos tales como la descripción, los diversos tipos de narraciones, etc. Asimismo, se podrá trabajar la tipología textual de la carta, ya que es un elemento central de la novela.
Sin embargo, considero que, en ocasiones, el vocabulario empleado escapará un poco del alcance del público de esta edad. Así, pese a que esto no interceda en la comprensión global de la obra, es probable que el alumno no entienda algunos términos y que tenga que echar mano del diccionario con alguna frecuencia.

Campos de fresas, de Jordi Sierra i Fabra. Por Adrián Vázquez Old



Referencia bibliográfica

Nombre de la obra: Campos de fresas
Autor: Jordi Serra i Fabra
Editorial: SM Gran Angular. Alerta Roja
Año de publicación: 1997
Impresión: Imprenta SM (España)

Resumen del contenido

Una joven acaba en el hospital en una noche de viernes. Está en coma. Al parecer, sus amigos y ella han consumido éxtasis en un intento de evadirse del estrés que les provoca el periodo de exámenes. Su novio, sin embargo, ha optado por quedarse en casa estudiando, mientras que una de sus mejores amigas, que sufre un grave trastorno de alimentación, tampoco les ha acompañado.
La joven se debate entre la vida y la muerte, lucha por salir adelante; su novio, afligido por el dolor y sintiéndose culpable de lo sucedido, decide buscar al camello que les proporcionó la droga a sus amigos. Sus amigos, tratando de mantener la mente ocupada, deciden ayudarle. Paralelamente, la policía indaga en las pesquisas que le llevarán a desmantelar una red de tráfico de drogas de diseño. Por su parte, un periodista sin escrúpulos busca sacar tajada aprovechándose de la situación, valiéndose de todo tipo de artimañas para sacar el tema en portada.
La historia narra la lucha interna de la joven por sobrevivir, una lucha que hace suya su amiga bulímica, que encuentra en su amiga un ejemplo de esfuerzo y superación. Estructurado en 95 capítulos que toman el nombre de los movimientos de una partida de ajedrez, el relato representa la batalla que libra la joven frente a la muerte, que en algunos momentos parece muy cercana. Con el apoyo de sus amigos y familiares, Luciana consigue superar la situación y, finalmente, todo se resuelve satisfactoriamente para el grupo de jóvenes.

Crítica y valoración

Me ha parecido una obra muy recomendable para los alumnos por lo actual de las temáticas que aborda, pese a que se escribió en junio de 1996. Drogas, amor, amistad, sexo, diversión, trastornos alimenticios, etc., todo ello aderezado con un estilo de redacción simple y ameno, hacen de este relato una lectura muy atractiva para el público adolescente.
No obstante, en mi opinión se debe ser especialmente cauteloso con la edad del público al que se recomienda esta novela. Una mala elección del público podría provocar efectos contrarios a los que el autor pretende. Esto es, un lector demasiado joven podría identificar la ingesta de drogas como algo intrínseco al hecho de salir de noche. Como la historia termina bien, podría malinterpretarse el mensaje que el autor pretende transmitir y que el lector entienda que consumir este tipo de drogas es algo común entre los adolescentes.
En cuanto a la estructuración de la novela, me ha parecido algo confusa sobre todo si tenemos en cuenta al público al que va destinada. Los capítulos, que reciben el nombre de los movimientos de una partida de ajedrez, pretenden simbolizar una partida de ajedrez, en la que las piezas blancas representan la batalla de la joven por vencer a la muerte, representada por las piezas negras. Sin embargo, resulta complicado realizar una representación mental de los movimientos que representan cada capítulo. Para un experto ajedrecista, capaz de imaginarse fácilmente cómo se halla el tablero en cada momento, el título del capítulo le proporcionará una información muy valiosa que le permitirá hacerse una idea de lo que va a ocurrir a continuación: si será un paso hacia la salvación o si, por el contrario, será la muerte quien se acerque hacia su objetivo de llevarse la vida de Luciana.

Conclusión

Campos de Fresas es un relato muy útil para acercar a los alumnos diversos temas muy importantes durante la adolescencia. El aula puede ser un buen lugar para comentar temáticas como las drogas, el sexo, las salidas nocturnas, la bebida y la alimentación; temáticas que quizá los alumnos no sean capaces de comentar con sus padres, pero que es necesario que traten en algún momento porque, tarde o temprano, entrarán en su vida de una forma u otra.
Esta novela ayudará a los alumnos a replantearse la importancia de las cosas. Ensalzará valores como la amistad y el compañerismo, mientras que criticará comportamientos que no respeten la ética y la moral. Asimismo, el relato servirá como advertencia sobre los peligros que pueden traer consigo ciertas acciones y conductas, ya que, pese a que la novela acaba exitosamente, todo podría haber acabado en tragedia.

Kafka y la muñeca viajera, de Jordi Sierra i Fabra. Por Adrián Vázquez Old




Referencia bibliográfica

Nombre de la obra: Kafka y la muñeca viajera
Autor: Jordi Serra i Fabra
Editorial: Ediciones Siruela S.A
Año de publicación: 2006
Colección: Las tres edades (Dirigida por Michi Strausfeld)
Diseño gráfico: Gloria Gauger
Ilustraciones: Pep Montserrat
Impresión: Rigormagráfic

Resumen del contenido

En uno de sus habituales paseos por el parque Steglitz de Berlín, Franz Kafka se sobrecoge al escuchar el llanto desconsolado de una pequeña niña. El escritor se acerca temeroso a preguntarle el porqué de sus lloros, y ésta le responde que se trata de su muñeca, que ha desaparecido. Inexperto en este tipo de situaciones, Kafka no sabe cómo reaccionar para no herir a la pobre niñita, de forma que le dice que su muñeca se ha ido de viaje, y que no ha querido despedirse por temor a hacerla daño. El enfermo escritor no sabe cómo salir del entuerto y continúa diciendo que su profesión es la de cartero de muñecas, y que su trabajo consiste en entregar personalmente las cartas que las muñecas viajeras envían a sus dueñas.
La niña, cuya credulidad maravilla a Kafka, no tarda en confiar plenamente en él, de forma que durante más de tres semanas el escritor redacta una carta diaria y se la lee cada mañana en el parque. De esta manera, la pequeña Elsi, que al principio se encontraba muy triste por la pérdida de su fiel compañera, va aliviando su dolor al conocer que Brígida se halla recorriendo medio mundo y que se encuentra muy feliz.
Sin embargo, gracias a las indicaciones de su novia, Dora, y de la madre de la pequeña Elsi, Kafka se da cuenta de que este juego está llegando demasiado lejos y que tiene que ponerle fin cuanto antes para que Elsi pueda continuar con su vida. Así pues, el escritor se decide a poner fin a su relación con la niña y decide escribir una carta en la que la muñeca le cuenta a su dueña que se ha enamorado de un apuesto caballero y que van a contraer matrimonio. La niña reacciona con agrado ante la felicidad de su muñeca, y prosigue su vida con su inocencia intacta.
Finalmente, el escritor compra la muñeca de porcelana más bella que encuentra en la ciudad y se la entrega a la niña. Le informa de que es un regalo de Brígida como despedida y que la nueva muñeca se llama Dora, como su pareja.

Crítica y valoración

A raíz de un artículo publicado en la contraportada de “Babelia” de El País en 2004, Sierra i Fabra se decidió a escribir esta historia sobre las cartas que Franz Kafka escribió a una niña un año antes de morir.
Dora Dymant, que por aquel entonces era la pareja del enfermo escritor, contó esta historia tras la muerte de Kafka, sirviendo como inspiración a Serra i Fabra para escribir este relato, recreando unas cartas nunca encontradas que Kafka escribió a una niña cuyo nombre nunca ha podido saberse.
Me ha parecido una historia muy interesante por el hecho de que esté basada, en cierto modo, en hechos reales. Cuesta imaginar que un escritor de ese calibre pueda emplear sus últimos días en mantener una correspondencia unidireccional con una niña haciéndose pasar por su muñeca viajera.
En cuanto al relato en sí, lo encuentro bastante bonito y considero que, quizá más a las niñas que a los niños, les podría interesar esta lectura. Teniendo en cuenta que la mayor parte de los alumnos no conocerán a Franz Kafka y lo tomarán como un protagonista cualquiera, la historia ofrece un argumento fácil de seguir, en la que no abundan términos de difícil comprensión y en la que el diálogo se alterna con la narración de las cartas que el propio Kafka escribe haciéndose pasar por una muñeca viajera.

Conclusión

Kafka y la muñeca viajera es una obra interesante sobre todo para chicas, que durante la lectura evocarán su infancia pasada y recordarán a sus muñecas. Mediante un argumento sencillo y fácil de seguir, Serra i Fabra muestra a Kafka como un gran escritor que, hasta el fin de sus días, supo cuáles eran sus prioridades y puso todo su empeño en procurar que una niña fuera feliz.
Esta obra puede servir para situar a los alumnos en el periodo de posguerra de la I Guerra Mundial, así como para presentarles a uno de los personajes más influyentes de la literatura universal, Franz Kafka.
Del mismo modo, las descripciones que hace de lugares como Londres, París o Tanzania pueden despertar la imaginación del alumnado y su ansia por conocer nuevos lugares.

El hombrecito vestido de gris y otros cuentos, de Fernando Alonso. Por Adrián Vázquez Old



Referencia bibliográfica

Nombre de la obra: El hombrecito vestido de gris y otros cuentos
Autor: Fernando Alonso
Editorial: Alfaguara (Grupo Santillana)
Primera edición: Mayo 1978
Vigésima edición: Septiembre 1993
Impresión: Talleres gráficos de Rogar, S.A. Fuenlabrada (Madrid)
Ilustraciones: Ulises Wensell

Resumen del contenido

El hombrecito vestido de gris

El hombrecito vestía siempre de gris y llevaba una vida muy monótona y aburrida. Pero en realidad el hombrecito no era así, sino que soñaba con ser cantante de ópera y llevar una vida divertida y llena de colorido. Sin embargo, se ponía a cantar y nadie apreciaba su arte, no comprendían su sueño de ser cantante. Su jefe, incluso le amenazó con despedirle si volvía a cantar. Por eso, el hombrecito decidió fingir un dolor de muelas y se sujetó la mandíbula con un pañuelo para no poder cantar nunca más.
No obstante, para aquéllos a los que no les gusten los finales tristes, el autor propone un final feliz:
Cierto día, el hombrecito conoció a un director de orquesta, y cuando le escuchó cantar le contrató para cantar en el Teatro de la Ópera. Todos asistieron a su triunfo y, desde ese momento, su vida nunca volvió a ser gris.

El barco de plomo

Un hombre muy hábil hizo un barquito de plomo y se lo dio a su hijo. El niño quiso jugar con su barquito en la bañera, pero éste se hundió y entonces, tanto el niño como el barco se entristecieron. El padre habló con el niño y le explicó que era un barco de adorno, por lo que el barquito volvió a sentirse útil. Sin embargo, pensándolo mejor, el barco volvió a sentirse avergonzado por lo que la gente pensaría de él.
Un día el niño empezó a jugar con el barco y con un cochecito, pero se le cayeron al suelo y el barquito resultó dañado. Entonces se sintió aún más triste, ya no servía ni para adorno. En ese momento el niño lo depósito en el fondo de un acuario, y allí, rodeado de peces, haciendo el papel de barquito naufragado fue donde realmente se sintió feliz.

Los árboles de piedra

Érase un mundo donde todo era de piedra, pero había un problema: no habían árboles de piedra, por lo que los niños no eran felices. Entonces, tres jóvenes aventureros decidieron ir en busca de árboles. El primero de ellos trajo un pino, pero al ser plantado sobre piedras, no tardó en morir. El segundo trajo un cactus, pero corrió la misma suerte que el pino. El tercero volvió con las manos vacías, y pidió al pueblo que le acompañaran al mar para ayudarle. Allí, todos se unieron para formar una cadena y meterse en el mar, logrando arrancar un bosque de coral. A partir de ese momento el mundo de piedra ya estuvo completo y todos vivieron felices.

El viejo reloj

Cuando murió el abuelo, el viejo reloj del pasillo empezó a morir con él hasta que acabó olvidado en un rincón del desván. Un día, Ramón, el niño de la casa, subió al trastero en busca de un sombrero para jugar a los piratas y se encontró el viejo reloj del abuelo. Intentó arreglarlo, pero se dio cuenta de que no tenía números, así que salió en busca de ellos. El número 1 trabajaba como arpón para un pescador, el 2 hacía de pato en un puesto de feria, el 3 hacía de gaviota en un bonito cuadro; el 4, por su parte, servía como pata a una cigüeña que había perdido la suya, el 5 marcaba la velocidad máxima en una señal de tráfico, el 6 era la casa de un caracol, el 7 estaba cosido al traje de un payaso, el 8 hacía de nube en el cielo, el 9 hacía de lazo para un vaquero, el 10 servía como juguete para un niño, el 11 servía de soporte para practicar salto de altura y, por último, el 12 trabajaba como encantador de serpientes.
Todos los números habían crecido y habían encontrado nuevos trabajos en los que eran felices, así que Ramón decidió volver a casa y pintar nuevos números, que llenos de colorido hicieron que el viejo reloj del abuelo recuperase su alegre y monótono tic-tac.

El barco en la botella

Un bonito barco vivía encerrado en una botella, y era feliz porque pensaba que aquella botella era el único mundo que existía. Pero era tan bonita la botella que el dueño decidió hacerse coleccionista de barcos en botella. Compró multitud de barquitos y los puso todos en la vitrina, de modo que nuestro barquito vio que su mundo no era real, que el verdadero mundo estaba fuera de las botellas. Entonces todos los barquitos se pusieron de acuerdo y empujaron al unísono para romper las botellas. Después, navegaron por las alcantarillas hasta llegar al verdadero mar, donde fueron felices como barcos de verdad.

El guardián de la torre

Había una vez un barrio que destacaba por su asombrosa belleza. Sus vecinos estaban muy orgullosos de su obra, así que decidieron levantar una torre muy alta para que su barrio se viese desde toda la ciudad.
Sin embargo, un hombre se metió en la torre y se asomó desde arriba. Su posición y el gesto de su barbilla le hacían parecer grande y poderoso. Al hombre le gustó la sensación, así que se quedó a vivir en la torre y cada mañana repetía el saludo. Pero llegó un momento en que empezó a saludar con la mano, esperando que la gente le reverenciara, y comenzó a hacer circular rumores que él mismo inventaba sobre sus poderes mágicos. Por eso, todos empezaron a tenerle miedo y se arrepintieron de haber construido la torre.
Finalmente, cuando la situación se hizo insostenible por la actitud altiva del guardián, el barrio se unió para ponerse de acuerdo en destruirla. Para ello, todos se olvidaron de la torre y de los sueños que habían puesto en ella. Entonces, la torre empezó a envejecer hasta que, al final, quedó reducida a escombros.
A la mañana siguiente, todos se pusieron de acuerdo para reconstruir el edificio, pero esta vez no sería una torre, sino una construcción de una sola planta para que nadie pudiera mirar desde arriba a la gente y donde todos tuvieran el mismo protagonismo.
Cuando colocaron las pizarras en el tejado, la luz del sol reflejada en ellas se elevó aún más alto que la antigua torre y siguió viéndose desde toda la ciudad.

El espantapájaros y el bailarín

Un espantapájaros estaba hecho con una guitarra, escobas y paja. Todas esas cosas habían estado antes llenas de movimiento, pero ahora tenían que estar quietas en medio del campo, por eso el espantapájaros estaba triste.
El Señor Justo, el dueño del campo, le había colocado ahí para que espantara a los pájaros que querían comerse los cereales, pero al espantapájaros no le gustaba ese trabajo, porque le gustaban los pájaros, por eso no estaba contento.
Un día vino un bailarín y enseñó a bailar al espantapájaros. Desde ese momento, el espantapájaros, cuando terminaba de trabajar, se pasaba toda la noche bailando. Sin embargo, al amargado Señor Justo, no le gustaba que bailase, así que se lo prohibió. El espantapájaros le replicó y recibió una bofetada como contestación. No quería disgustar a su amo, pero le era inevitable bailar, así que siguió haciéndolo
Al cabo de unos días el Señor Justo volvió a verle bailando, de manera que empezó a darle una y otra bofetada hasta que del espantapájaros sólo quedó la ropa, un levitón de viejo titiritero. Se levantó una bocanada de aire y el levitón comenzó a elevarse por los aires, girando y girando en su mejor baile. Todo el pueblo, que se había congregado al oír sus gritos, le aplaudió con fuerza mientras todos los pájaros empezaron a comerse el sembrado sin que el Señor Justo pudiese hacer nada.

La pajarita de papel

Tano tenía seis años y, por su cumpleaños, le pidió a su padre que le hiciese una pajarita de papel. Su padre, que ya no se acordaba de hacerlas, fue a una librería y compró un libro que enseñara cómo hacerlas. Al principio le salían mal, pero, finalmente, consiguió hacer una maravillosa. Sin embargo, al niño no le gustó, porque decía que la pajarita estaba triste.
El padre lo intentó todo para que la pajarita dejara de estar triste: la hizo volar, la hizo cantar, incluso la pintó de colores, pero la pajarita no dejaba de estar triste. Finalmente, el padre pidió consejo al más sabio de los sabios, y éste le dijo que una pajarita, para ser feliz, no necesitaba ni volar, ni cantar ni hermosos colores, sino que lo único que necesita es no estar sola. Por ello, el padre de Tano llegó a casa y se puso hacer muchas pajaritas, entonces la pajarita se puso feliz y todas juntas volaron por la habitación sin necesidad de ningún aparato.

Crítica y valoración

El libro me parece un buen conjunto de cuentos para alumnos de edad temprana. Cada uno de ellos ensalza valores como la amistad, el compañerismo, el respeto, el esfuerzo, la solidaridad, etc., muy necesarios para la formación de los niños.
En especial, El hombrecito de gris y El guardián de la torre tienen un significado que no es el de un inocente cuento, sino que van mucho más allá y esconden reivindicaciones de tipo social y político que ayudarán al niño a iniciarse en estos derroteros y a empezar a formarse su propia opinión.
Sin embargo, todos ellos, pese a tener connotaciones más allá del mismo cuento, resultan amenos y divertidos para el niño, de modo que incentivará su afición por la lectura y les animará a seguir leyendo.

Conclusión

Se trata de una obra destinada a un público infantil que tratará de que los niños, a la vez que se entretengan y descubran el placer de la lectura, puedan extraer otro significado de los cuentos. Es decir, aparte de admirar la belleza del cuento, de si el final es bonito o triste, el profesor deberá encargarse de que el niño realmente extraiga de los cuentos los significados que el autor pretendía. De esta forma, el libro servirá también para inculcar al público infantil valores muy necesarios para su formación como persona. Así, a la vez que despertando su interés por la literatura, estaremos formando seres humanos con una serie de valores fundamentados en el respeto, el compañerismo y la amistad, principalmente.

La casa pintada, de Montserrat del Amo. Por Adrián Vázquez Old




Referencia bibliográfica

Nombre de la obra: La casa pintada
Autor: Montserrat del Amo
Editorial: SM Catamarán (Colección dirigida por Isabel Cano y Jesús Larriba)
Año de publicación: 1990
Impresión: Imprenta SM (España)
Ilustraciones: Francisco Solé

Resumen del contenido

Chao es un niño de cinco años que vive en una familia de campesinos en una zona rural cercana a Pekín. Un día su abuelo le promete que, cuando llegue la primavera, le llevará con él a Pekín en uno de sus viajes al mercado. Chao espera impaciente la llegada del ansiado día, que por fin llega con el anuncio de los árboles en flor.
Cuando llegan a la gran ciudad, Chao queda asombrado por el palacio del emperador, cuyos colores y grandiosidad llaman de súbito la atención del niño. Le sorprende, sobre todo, su enorme colorido, que contrasta con el tono gris y lúgubre que ensombrece el resto de la ciudad, por lo que bautiza el edificio como la Casa Pintada. Ya en el mercado, el abuelo coloca su género formando un bonito paisaje, pero una mujer lo estropea cuando compra los limones. Chao se entristece porque ya no está el sol que iluminaba la escena, de modo que su abuelo le da cuatro monedas para que recorra el mercado y adquiera lo que más desee. Sin embargo, pese a que el niño escudriña toda la plaza, no encuentra lo que busca.
Al volver a casa, su familia está reunida con los vecinos para contemplar el reflejo de la luna llena sobre el estanque de los patos. El pequeño Chao enseguida les cuenta que no ha podido cumplir su sueño de comprar una casa pintada, y el viejo Kum Tsé, que es el único que sabe leer de la zona, le explica que un campesino nunca podrá tener una casa pintada, puesto que sólo el gran emperador puede tener ese privilegio. El niño le replica y el viejo Kum entra en cólera. Respaldando al niño, el abuelo de Chao le pide a Kum Tsé que les ilumine con su saber acerca de por qué un campesino nunca podrá tener una casa pintada. Ante la insistencia, el viejo Kum acaba por decir que en los colores está encerrado el universo: el color azul representa el cielo; el verde supone la tierra y la naturaleza; el blanco encierra el agua en su estado sólido; el amarillo simboliza el oro y la riqueza; y el rojo, como color del fuego, ejemplifica la guerra, el poder y la victoria.
Desde ese momento, Chao se pone como meta conquistar todos esos colores, y pone todo su empeño para poder conseguir una casa pintada. Sin embargo, sus intentos por conquistar el color verde de la naturaleza llenando cestos de tierra o por dominar el azul del cielo volando con una cometa resultan fallidos. Mientras tanto, la joven Kum Li observa atenta todos sus movimientos espiándole a escondidas.
Un día Chao decide participar en un concurso de farolillos para así conquistar el rojo del fuego, pero la hazaña no llega a buen puerto y, si no es por la ayuda de Kum Li, la casa de Chao hubiera sido pasto de las llamas.
Con la llegada del Primer Gran Cumpleaños de Chao, el abuelo propone celebrarlo yendo todos a las Fiestas de Año Nuevo en Pekín. Allí, el niño contempla un espectáculo de equilibrismo cuyo ganador entrará a vivir en el gran palacio del emperador. Desde ese momento, Chao se pone a entrenar para poder ganar el siguiente concurso y así poder cumplir su sueño. Un día, mientras entrena, Chao descubre que la pequeña Kum Li ha estado practicando por su cuenta y que, si se asocian, crearán un número espectacular que, sin duda, ganará el torneo, de modo que deciden seguir entrenando juntos.
Llegado el día, mientras caminan hacia la gran ciudad, Chao y Li contemplan cómo la riada deja atrapadas a cuatro personas en el puente que atraviesa el río. Utilizando toda su valía y los utensilios que llevan para el concurso, los niños consiguen salvar a las cuatro personas, pero finalmente el puente se rompe y no pueden llegar a la ciudad. Chao, que ha quedado al otro lado del río, tiene que dar un gran rodeo para volver a casa, así que, apesadumbrado por no haber podido conseguir su objetivo, camina y camina hasta llegar al poblado.
Cuando llega, Chao se encuentra que el poblado se ha reunido para su llegada, y aunque en un primer momento piensa que lo han hecho para burlarse de él por su fracaso, enseguida advierte que es un reconocimiento por su heroica acción y que, como recompensa por ello, han pintado su casa de colores, haciendo así realidad su sueño.

Crítica y valoración

Me ha parecido una buena historia para transmitir a los niños valores muy importantes como el esfuerzo, el tesón y la valía. El joven Chao simboliza el triunfo del trabajo duro para conseguir los logros que uno se proponga, rompiendo con los límites establecidos. Así, un niño de una familia campesina confía en sí mismo y considera que puede lograr todo lo que se proponga, dejando de lado diferencias económicas y sociales para, mediante el trabajo y el esfuerzo, conseguir sus propósitos.

Conclusión

Es una obra amena y divertida que muestra a los niños que deben creer en sus sueños, puesto que, mediante trabajo, esfuerzo y dedicación, pueden hacerse realidad. Es una lectura que seguro que aumentará la confianza de los alumnos en sí mismos y les hará creer que todo es posible, pese a que mucha gente intente quitarles la ilusión.
El relato enseña a los niños cómo Chao no le tiene miedo al fracaso y  no cesa en sus intentos por conseguir su objetivo, pese a que en ocasiones lo más fácil sería rendirse y aspirar a un objetivo menos ambicioso.