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martes, 29 de enero de 2013

LA CASA PINTADA


Chao tiene 6 años  cuando  va al mercado de Pekín con su abuelo para vender las verduras de la huerta  y   por primera vez ve  la casa pintada del emperador.  Queda tan deslumbrado por los colores que embellecen  la  casa  imperial   que,  con ella,  establece, a tan escasa edad, su proyecto de vida:


“Chao se puso en pie y dijo con voz firme:
– Prometo que algún día conseguiré mi casa Pintada. Míos serán el verde, el azul, el rojo, el blanco y el amarillo. ¿Vale así, Abuelo?
– Si.
Kum Tsé se lanzó al ataque, furioso:
– ¿Por qué dices que sí, sabiendo que la vida le dará a Chao un no como respuesta? Las falsas ilusiones son como la cometa que arrebata el viento. Deja las manos desolladas por el roce de la cuerda, los ojos pendientes de una nube y la cabeza torcida para siempre.
– Los justos deseos son como el grano de arroz que cae en tierra –replicó el abuelo–. Puede perderse en agua y barro o lograrse en espiga.
– ¿Quieres decir que…?
– Que el azul y el verde, el rojo y el blanco, son de cualquier hombre. Pero ha de conseguirlos. Ésa es su tarea.”


Vivir en una casa    pintada   como  la del   emperador  se   convertirá para   Chao  en una obsesión, para   cuya   consecución deberá proceder a   conquistar los colores. Estos últimos (a los que se aludirá  a continuación) vienen a   representar tanto los elementos de la Naturaleza  como los  de la fortaleza del hombre. Así, el azul   corresponde al  cielo,   el verde  a la naturaleza,  el blanco a la corriente de los ríos y al agua aprisionada en forma de hielo por el invierno, el amarillo encierra el oro y las riquezas y,  por último,  el rojo   viene asociado al   poder y  a la victoria.  Chao pretende  dominarlos conquistándolos  uno por uno, fracasando en su intento y decidiendo por ello, al no poder    alcanzar  su objetivo  de conquista,  convertirse en el mejor equilibrista para poder vivir en la casa pintada imperial. Nada desvía la atención de Chao quien, con la ayuda de su amiga Li, se preparará para realizar su sueño. Cuando   el protagonista – en compañía de Li- va camino de  Pekín para  conseguir  el título de equilibrista y así  lograr la entrada a la casa del Emperador,  se ve inmerso  en un acontecimiento  excepcional cuando presencia como  la  corriente del río arrastra a unas personas , involucrándose en los hechos hasta conseguir el rescate de las mismas. La riada se lleva por delante todo,  incluyendo, aparentemente,  los sueños del protagonista, que se verá obligado a ceder en su empeño, regresando  a su aldea. Sin embargo,  a su llegada, el protagonista descubrirá que, de manera involuntaria e inesperada,  ha alcanzado   el objeto de sus sueños, puesto  que  las personas  por él  salvadas han ofrecido diversos   elementos  que permitirán pintar la casa.

“La Casa Pintada” de Montserrat del Amo es una obra que va atrapando   al lector más allá del mero seguimiento de las peripecias que   relata. Todo en la construcción del relato (desde las pretensiones iniciales de Chao de “conquistar los colores” hasta la forma progresiva en que se va construyendo el desenlace)  lleva a pensar en la existencia de    un  trasfondo   oculto en el  texto, en definitiva,  en la intención de la autora de obligar al lector a  reflexionar  sobre  determinados extremos  ( ambición fracaso, éxito, solidaridad, etc.) a fin de  que   se extraigan las  conclusiones pertinentes.


La Casa Pintada es una novela con una estructura  lineal  no compleja ,   que recurre al  relato de hechos de forma cronológica y con escasos diálogos,  escrita en tercera persona por un narrador  que domina la historia y  que va dando  la palabra a los personajes hasta   alcanzar el sueño del protagonista, aún  de forma inesperada.

 

El recurso   de ambientación de la historia  en una  cultura  , la oriental, tan alejada de la nuestra, constituye un elemento que puede  favorecer el acceso del lector  ( sobre todo el más joven)  al relato  desde la curiosidad por “lo distinto”, introduciendo un cierto elemento de distanciamiento  que , de no provocar el alejamiento del lector, favorecerá   el objetivo de reflexión subyacente   en el texto.


Efectivamente, creo  que  la novela,   más que transmitir una enseñanza determinada,  mueve, por un lado, a reflexionar sobre distintos aspectos,  proporcionando, por otro,  ejemplos asociados  a distintos valores en los que  se podrían   destacar  los siguientes:

  • Tenacidad. Chao lucha con vehemencia para lograr su sueño.
  • Respeto. La sabiduría de los adultos es valorada y respetada por los jóvenes y demás miembros de la familia.
  • Amistad. Los lazos que unen a Li y a Chao representan la fortaleza y solidaridad necesarias para alcanzar las metas.
  • Solidaridad  frente a las desgracias ajenas, en   el reconocimiento de la existencia  de valores   superiores que pueden condicionar ambiciones personales.
  • • Responsabilidad, desde la comprensión de   que los   actos  que uno realiza tienen siempre consecuencias
  •  Afán de superación.

domingo, 27 de enero de 2013

La casa pintada, de Montserrat del Amo. Por Adrián Vázquez Old




Referencia bibliográfica

Nombre de la obra: La casa pintada
Autor: Montserrat del Amo
Editorial: SM Catamarán (Colección dirigida por Isabel Cano y Jesús Larriba)
Año de publicación: 1990
Impresión: Imprenta SM (España)
Ilustraciones: Francisco Solé

Resumen del contenido

Chao es un niño de cinco años que vive en una familia de campesinos en una zona rural cercana a Pekín. Un día su abuelo le promete que, cuando llegue la primavera, le llevará con él a Pekín en uno de sus viajes al mercado. Chao espera impaciente la llegada del ansiado día, que por fin llega con el anuncio de los árboles en flor.
Cuando llegan a la gran ciudad, Chao queda asombrado por el palacio del emperador, cuyos colores y grandiosidad llaman de súbito la atención del niño. Le sorprende, sobre todo, su enorme colorido, que contrasta con el tono gris y lúgubre que ensombrece el resto de la ciudad, por lo que bautiza el edificio como la Casa Pintada. Ya en el mercado, el abuelo coloca su género formando un bonito paisaje, pero una mujer lo estropea cuando compra los limones. Chao se entristece porque ya no está el sol que iluminaba la escena, de modo que su abuelo le da cuatro monedas para que recorra el mercado y adquiera lo que más desee. Sin embargo, pese a que el niño escudriña toda la plaza, no encuentra lo que busca.
Al volver a casa, su familia está reunida con los vecinos para contemplar el reflejo de la luna llena sobre el estanque de los patos. El pequeño Chao enseguida les cuenta que no ha podido cumplir su sueño de comprar una casa pintada, y el viejo Kum Tsé, que es el único que sabe leer de la zona, le explica que un campesino nunca podrá tener una casa pintada, puesto que sólo el gran emperador puede tener ese privilegio. El niño le replica y el viejo Kum entra en cólera. Respaldando al niño, el abuelo de Chao le pide a Kum Tsé que les ilumine con su saber acerca de por qué un campesino nunca podrá tener una casa pintada. Ante la insistencia, el viejo Kum acaba por decir que en los colores está encerrado el universo: el color azul representa el cielo; el verde supone la tierra y la naturaleza; el blanco encierra el agua en su estado sólido; el amarillo simboliza el oro y la riqueza; y el rojo, como color del fuego, ejemplifica la guerra, el poder y la victoria.
Desde ese momento, Chao se pone como meta conquistar todos esos colores, y pone todo su empeño para poder conseguir una casa pintada. Sin embargo, sus intentos por conquistar el color verde de la naturaleza llenando cestos de tierra o por dominar el azul del cielo volando con una cometa resultan fallidos. Mientras tanto, la joven Kum Li observa atenta todos sus movimientos espiándole a escondidas.
Un día Chao decide participar en un concurso de farolillos para así conquistar el rojo del fuego, pero la hazaña no llega a buen puerto y, si no es por la ayuda de Kum Li, la casa de Chao hubiera sido pasto de las llamas.
Con la llegada del Primer Gran Cumpleaños de Chao, el abuelo propone celebrarlo yendo todos a las Fiestas de Año Nuevo en Pekín. Allí, el niño contempla un espectáculo de equilibrismo cuyo ganador entrará a vivir en el gran palacio del emperador. Desde ese momento, Chao se pone a entrenar para poder ganar el siguiente concurso y así poder cumplir su sueño. Un día, mientras entrena, Chao descubre que la pequeña Kum Li ha estado practicando por su cuenta y que, si se asocian, crearán un número espectacular que, sin duda, ganará el torneo, de modo que deciden seguir entrenando juntos.
Llegado el día, mientras caminan hacia la gran ciudad, Chao y Li contemplan cómo la riada deja atrapadas a cuatro personas en el puente que atraviesa el río. Utilizando toda su valía y los utensilios que llevan para el concurso, los niños consiguen salvar a las cuatro personas, pero finalmente el puente se rompe y no pueden llegar a la ciudad. Chao, que ha quedado al otro lado del río, tiene que dar un gran rodeo para volver a casa, así que, apesadumbrado por no haber podido conseguir su objetivo, camina y camina hasta llegar al poblado.
Cuando llega, Chao se encuentra que el poblado se ha reunido para su llegada, y aunque en un primer momento piensa que lo han hecho para burlarse de él por su fracaso, enseguida advierte que es un reconocimiento por su heroica acción y que, como recompensa por ello, han pintado su casa de colores, haciendo así realidad su sueño.

Crítica y valoración

Me ha parecido una buena historia para transmitir a los niños valores muy importantes como el esfuerzo, el tesón y la valía. El joven Chao simboliza el triunfo del trabajo duro para conseguir los logros que uno se proponga, rompiendo con los límites establecidos. Así, un niño de una familia campesina confía en sí mismo y considera que puede lograr todo lo que se proponga, dejando de lado diferencias económicas y sociales para, mediante el trabajo y el esfuerzo, conseguir sus propósitos.

Conclusión

Es una obra amena y divertida que muestra a los niños que deben creer en sus sueños, puesto que, mediante trabajo, esfuerzo y dedicación, pueden hacerse realidad. Es una lectura que seguro que aumentará la confianza de los alumnos en sí mismos y les hará creer que todo es posible, pese a que mucha gente intente quitarles la ilusión.
El relato enseña a los niños cómo Chao no le tiene miedo al fracaso y  no cesa en sus intentos por conseguir su objetivo, pese a que en ocasiones lo más fácil sería rendirse y aspirar a un objetivo menos ambicioso.