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domingo, 3 de febrero de 2013

Cinco lecturas, Cinco valoraciones.


Bueno, a pesar de los intentos de boicot para que mi aparición llegara a esta página (la contraseña fue cambiada horas antes de mi intento de publicación), aquí están, todas de una, mis cinco aportaciones al blog.
La razón para que haya decidido ponerlo junto es que he intentado hilvanarlo todo de manera que pudiera ser considerado un mismo gran trabajo sobre cinco lecturas y cómo éstas podrían ser tratadas o ayudarnos en el aula.
Empiezo…



Campos de Fresas



Siendo un libro del que se ha tratado bastante en clase y que, parece ser, mucha gente hemos escogido para su lectura, yo me quiero centrar en un punto que a mi ver es importante más que en la simple reseña del argumento… ¿Por qué elegir este libro para nuestros alumnos?
La respuesta debería de ser obvia ya que nos encontramos ante un libro de carácter juvenil y adolescente escrito de una muy buena manera y siendo considerado “literatura” más allá de algunos libros que frecuentan nuestros “alumnos” actuales…
Pero no, quiero ir más lejos. Actualmente existen multitud de libros de literatura infantil y juvenil. Casi diría que sale más de uno diariamente sólo en nuestro país y “Campos de Fresas” fue editado por primera vez en el 1997, hace ya más de 15 años…
Entonces ¿por qué éste?
La respuesta la tenemos que buscar en el tema central que rodea al libro, que no es otro que el de las drogas.
Nuestros alumnos viven en un mundo demasiado moderno al que algunos casi no se llegan a afianzar bien a todo lo que les sucede alrededor porque lo descubren a edades muy tempranas y sabemos que los padres no siempre están pendientes de los problemas de sus hijos bien por desinterés o, mayormente, porque sus propios hijos se los ocultan.
Entonces ahí entra el papel del educador en el aula. Nosotros tenemos como objetivo fundamental que nuestros alumnos lean, pero tampoco podemos olvidar el hecho de que debemos educarles como buenas personas para la sociedad, con lo que este libro podría cumplir esa doble función.
Jordi Sierra i Fabra, el autor, trata el tema de la droga desde una perspectiva que a los adolescentes se les suele contar para asustar y que ellos piensan que nunca les sucederá: Ese “fallo” de la droga, ese “minúsculo” porcentaje de gente que consume que tiene un problema en el organismo y que acaba en el hospital pudiendo llegar incluso a morir.
Así nos sumerge en lo que sucede por las cabezas de los adolescentes, (amiga, amigos, novio, hermana pequeña…), e incluso de la pobre afectada que está en coma en el hospital. Esta es una manera bastante efectiva de, utilizando un lenguaje bastante juvenil que de momento no está tan pasado de moda, meter a los alumnos en el papel del personaje con el que más simpaticen y, con esto, concienciarles siempre más que con una de las típicas charlas anti-drogas programadas que algunas veces se tienen en las aulas.
Después está nuestra tarea en el aula para reforzar este mensaje mediante actividades que les hagan ver lo peligroso de las drogas para poder, de esta manera, concienciarles y evitar que consuman algo que no les va a traer ningún bien.
Aparte, Jordi Sierra i Fabra toca de lado el tema de la bulimia. A mi ver, el autor no encontraba material para escribir toda una novela sobre el tema en el momento y le faltaba algo más de “chicha” para “Campos de Fresas”, porque me parece un “pegote” sin mayor argumento que el decir que la chica está mal y que, al escuchar que su amiga está en coma, se empieza a encontrar mejor porque lo hace “por ella”.
¿Que se puede utilizar en el aula? Claro, no debemos dejar pasar la oportunidad de concienciar a nuestros alumnos sobre un problema que les puede afectar a alguno de ellos o de sus conocidos para que sepan cómo enfrentarse a él, cómo reaccionar y cómo tratarlo, pero no lo considero de una vital importancia para el libro.
Yendo un poco a cosas que se nota demasiado que están puestas “por obligación”, nos podemos fijar en las voces adultas del libro… No quiero decir que al autor se le dé mal escribir con voz de adulto, sino que en este caso, a mí me ha parecido demasiado claro que quería “informar” sobre datos en muchas ocasiones o simplemente utilizar al adulto como “empujón” para que los jóvenes reaccionaran como lo hacen.
Así y todo, considero que el libro es más que adecuado para su trabajo en el aula por la innegable oportunidad que nos da de tratar el tema de las drogas desde un punto de vista casi fatalista (pedir un final “no-feliz” casi habría sido depresivo para nuestros alumnos, pero…). Por esto, y por el hecho de que, pese a los cambios que ha sufrido la sociedad desde 1997, el libro sigue vigente con los míseros cambios de pesetas por euros o la no-aparición de smartphones, yo lo recomendaría activamente al profesor que quiera abrir este tipo de debates en su aula.






Años difíciles



En este caso me referiré a “Años difíciles” de Juan Farias y hablaré del tema de la guerra para con los niños.
En primer lugar querría dejar claro que, una vez leído el libro, lo catalogaría más de “literatura infantil” y no juvenil, porque, si bien yo a mi edad me lo he podido leer y disfrutar tanto como el autor querría, está escrito de cierta manera que recuerda en todo momento a los libros para los más pequeños, por lo que nuestros alumnos de bachiller (e incluso tercero y cuarto de la E.S.O.) podrían sentirse “ofendidos” y dejar de leer un libro tan pequeño y tan sencillo como éste.
El primer factor que encontramos para catalogar de esta manera al libro es que el lugar donde transcurre la obra es completamente inventado: “Media Tarde”.
Sí, estoy completamente de acuerdo en que los alumnos leen/escuchan/ven muchísimas historias sobre lugares inventados y lo hacen con bastante avidez, pero se trata de “grandes lugares inventados”. Un pueblo de un país de nosesabe con un nombre tan sencillo como “Media Tarde” no puede rivalizar de ninguna manera en sus mentes con la fastuosidad de la Tierra Media repleta de magia de Tolkien, con la Narnia maravillosa a la que se accede mediante un armario, a la Fantasía de la Historia Interminable de Ende o a muchas más por el estilo.
El siguiente argumento que esgrimo para esta afirmación es la misma técnica con la que está escrita el libro. Para empezar el protagonista que rememora la historia es un niño pequeño, Juan de Luna, que no entiende casi nada y por eso se le tiene que explicar todo, lo que nos vendría muy bien para nuestros alumnos más pequeños…
Y después el libro está escrito, sí, pero casi debiera ser leído a los más niños como una historieta. Tiene características de la literatura oral popular posible que me pueda acordar ahora como el hecho de repetir hasta la saciedad los sujetos una y otra vez e incluso alguna que otra frase como si hablara con el mismo lector o con un auditorio.
Por esto digo firmemente que, de elegir este libro para nuestras clases, debiera ser para las de los más jóvenes para evitar el rechazo que podrían experimentar los más mayores, pero afirmo que me parece una muy buena lectura para los más “peques”.
¿Por qué? El tema que trata, la guerra, se puede ir tratando en clase de la manera más didáctica posible para que vayan entendiendo, de la mano de Juan de Luna, los sinsabores de las guerras que, desgraciadamente, siempre son tema de actualidad.
Además, otro rasgo que nos hace pensar que está escrito para los más jóvenes y que nos ayuda a introducir sin censuras el libro en la clase es el hecho de que la guerra en ningún momento “asola” el pueblo. Siempre dice y repite que la guerra nunca llegó a Media Tarde más que de lado, yendo a reclutar a toda la juventud capaz u hombres mayores todavía no ancianos.
Este factor es el que utiliza el autor para introducir la desgracia en la familia del protagonista mediante la escapada de su padre con otros tantos del pueblo al monte por negarse a marchar al frente. De aquí saldrá un tiempo de rebeldía y el inevitable momento en el que los descubren y los ejecutan en el mismo monte por un oficial que “tiene prisa” por acabar lo que tiene que hacer.
Pero, así y todo, el autor no lo trata de una manera trágica y desgraciada que pudiera llegar incluso a hacer llorar a algún pequeño lector (creo yo, siempre hay gente más sensible) sino que lo comenta como algo que ya pasó, que ya está completamente superado por el pequeño protagonista porque cuenta la historia de mayor y que no repercute más que en la pena y llantos de su madre que, al momento de contar la historia, está refiriéndole las gestas del abuelo a los hijos del protagonista.
Es por esto que creo que es una buena lectura para un aula de primero o incluso segundo de la E.S.O., ya que los iniciaría un poco en la parte de la guerra que no suele salir en las películas de acción.

  



Memorias de una vaca



El caso de “Memorias de una Vaca” es parecido al anterior reseñado por mí de “Años difíciles”, pero ya con una vista más centrada en el alumno de mayor edad, al contrario que antes.
El caso, siendo también fantástico pues quien escribe las memorias es una vaca que, inexplicablemente pues no se dice nada al respecto en toda la obra, pueda hablar en la lengua humana. ¡O Sor Pauline Bernadette habla como las vacas! Bien pudiera ser esto último, aunque no creo que la monja le diera tiempo de aprender el “idioma vaca” y, encima, mezclarlo con el francés como lo hace en su propio idioma particular…
Y así nos adentramos en los primeros años de vida de una vaca que ha vivido el tiempo de la postguerra civil española en la zona vasca.
De nuevo, como sucedía en “Años Difíciles”, el autor evita tratar el aspecto más sangriento de la guerra, lo que nos evitará tratar esos aspectos en el aula, sabiendo que eso ya lo pueden ver de sobra los alumnos en las películas y series de televisión. Sin embargo, se aprovecha de la supuesta “tontedad” de las vacas (repetida hasta la saciedad por La Vache Qui Rit) para ir haciendo un pequeño juego constante de creación de expectativas e hipótesis con el lector que nosotros podemos aprovechar para hacer una lectura por tiempos en el aula.
De nuevo, como en “Años difíciles” se trata de un grupo de rebeldes escondidos en el bosque, aunque en este caso se trata de una guerrilla organizada y que tiene, mediante la granja donde pertenece Mo, nuestra protagonista, un complicado sistema de abastecimiento para que los contrarios no se enteren.
Al final eso se acaba y el autor habla de la pequeña aventura de nuestra vaca con su compañera hasta que ella se separa y la abandona. De esta segunda parte del libro podemos extraer una lectura sobre las fiestas populares que usan vaquillas para concienciar a los alumnos de que los animales no se divierten nada con la supuesta “fiesta” y que son unas barbaridades.
Finalmente, da el autor un pequeño toque de esperanza para las historias que nunca acaben y un consejo de escritura mediante el…

-          “… ¿Y qué hay que hacer para escribir très bien?
-          ¡Cualquiera sabe!
-          ¡Corregir, Mo! ¡Pulir, Mo! ¡Retocar, Mo!”

Y con esto acaba el autor, mediante la vaca quien usa por última vez en el texto uno de sus refranes vacunos inventados. Y quisiera aprovechar este apunte para compararlo con la obra comentada por mí de Jordi Sierra y Fabra, “Campos de Fresas” en la que comentaba que no le había visto fino a la hora de colocar la voz adulta en su libro. Sin embargo, aquí, no sólo el autor ha conseguido convencerme con sus diálogos (excepto el de Gafas Verdes que se limita a decir “Karral” y transmite la información que quiere el autor mediante las traducciones de La Vache) que, si una vaca hablara, lo haría de esta manera que refleja en la obra.
Sí, igual con esto le estoy echando un poco de fantasía y algo de subjetividad al comentario, porque alguien podría pensar lo contrario pero, lo que no sería capaz nadie de replicar es que Mo realmente tiene “hablares” de vieja con su retahíla de refranes y demás desvaríos.





Caperucita en Manhattan



En esta ocasión no voy a hablar de un tema central del libro sobre el que podamos trabajar en clase, sino del libro en sí y del cuento del que se extrae ya que considero que la antigua finalidad de avisar a las jovencitas de los peligros de los que las querían utilizar para el sexo (no olvidemos el cargado carácter sexual que tenía el lobo en la obra de Perrault y la moraleja que cierra la historia) se ha perdido.
La obra ante la que nos enfrentamos es toda una remodelación-actualización en toda regla del cuento antiguo (de Perrault, no de la versión de los hermanos Grimm, pues se ha eliminado la figura del Leñador que las rescata porque aquí no hace falta).
Martín Gaite lo que ha hecho ha sido dotar al cuento de una modernidad total al haberlo ambientado en el distrito de Manhattan y que los únicos bosques que salen sean los parques que en el mismo hay, metamorfosear al lobo en viejo millonario “tocado por la luz” de un personaje central en la historia que la autora se saca de la manga.
Y que nadie se piense que al decir la expresión “sacar de la manga” estoy minusvalorando a la figura de Miss Lunatic, pues considero que es importantísima para la obra que Martín Gaite ha escrito. Es ella quien introduce en la pequeña Sara Adler (ahora hablaremos del nombre de la pequeña protagonista) todas esas ideas y posibilidades mágicas de evadirse de la realidad que hacen que Sara no se enfrente a la escena que encuentra en casa de su abuela y salga a buscar ese reino “mágico” que para ella es la Estatua de la Libertad.
Si nos ponemos a mirar uno a uno los “temitas” que se pueden ver en el libro podríamos llegar a criticar que Sara, de apenas diez años, sale sin autorización sola por la terrible Manhattan, que se pasea por algunos de los parques más peligrosos de noche, que se escapa del adulto que  la cuida, que finalmente parece que incluso abandona el domicilio familiar en pos de una nueva vida con Miss Lunatic siguiendo sus ansias de aventura…
Así que yo no optaría por esa opción, claramente.
Podríamos referirnos en la clase al tema de la modernización de los viejos cuentos porque eso les daría pie a conocer los viejos para poder mejorarlos a su manera y que experimentasen un pequeño episodio escritor. Tal vez así les daríamos un pequeño empujoncito que después les ayudara a seguir haciéndolo, ¿Quién sabe?
Pero ahora, como final de este comentario, para enlazar con el siguiente, quiero hablar un poco del intertexto.
Es sabido por todos, la misma autora nos pone de relieve esos datos mencionándolo por boca de la misma Sara que se ha leído la obra, los parecidos de nombres que tenemos entre esta obra y la caperucita del cuento de Perrault. Esos son obvios, sí.
Pero además, la pequeña utiliza mucho las obras de Alicia en el País de las Maravillas y  Robinson Crusoe para hablar de sus problemas o con Miss Lunatic… De nuevo, estas referencias quedan claramente detalladas en el libro mediante preguntas y comentarios que los personajes se hacen en la novela, pero…
¿Alguien se ha fijado en el apellido de la pequeña protagonista?
Adler. Su nombre es Sara pero su apellido, pudiendo haber elegido el archi-presente Smith que parece tanto le gusta a los americanos, escoge ese…
¿A nadie le suena todavía?
Daré otra pista. No sólo la abuela, sino también Miss Lunatic, Mister Woolf e incluso el cochero de éste, mencionan que es una niña muy inteligente, de las que más han visto en su vida…
Muy bien, acabo la adivinanza para quien hay ido creando expectativas.
Yo la he relacionado claramente con Irene Adler, el personaje de Sir Arthur Conan Doyle en las novelas de Sherlock Holmes. (“Escándalo en Bohemia” para quien no lo conozca y quiera darle una oportunidad). Las semejanzas son claras a mi ver, ¿Sí? ¿No?
Podrá hablar de ello quien posea ese tipo de intertexto o algún otro que le haga pensar que el personaje puede estar inspirado en otro distinto…




Días de Reyes Magos



Y de ahí pasamos al tema del intertexto que todo lector tiene (mayor o menor hasta casi su no-existencia, pero todos tenemos uno).
Y considero que la obra que ahora presento es una de las mejores para tratar de motivar a nuestros alumnos a que aumenten cada uno el suyo respectivo.
Días de Reyes Magos (la sigo recomendando a aquellos profanos que todavía no se la hayan leído) es todo un tratado de grandes obras que se van entremezclando de manera que, si uno no poseyera ese intertexto que es necesario (se mencionan los títulos a lo largo de todo el libro) no le podría sacar todo el jugo que la obra puede dar de sí.
Hay algunas cosas explicadas, está claro, el autor tampoco quería ser tan enigmático ni oscuro como para que sus lectores, mayoritariamente alumnos de bachillerato recomendaría yo, no pudieran cazar ni una.
Pero, para empezar, el protagonista se llama Uli y se embarca sin saberlo en una “iniciación libráica” a cargo de un ciego que le hace ser su “lazarillo” mientras él le recita “El Quijote” en dos bellos romances muy bien tratados y le hace que le lea algunas de las obras más famosas de la literatura universal.
¿Notáis ya de lo que os estaba hablando?
Este ciego le inicia en los caminos más espectaculares de la literatura tanto española como universal y lo hace de una manera en la que va fomentando la curiosidad del chico de tal manera que es él mismo el que se inicia sin más que unas breves indicaciones del maestro. El ciego oficia el cargo de Maestro de Ceremonias como he dicho, pero toda la acción la realiza el chaval ayudado tanto por su madre como por su amiguísima Cali, su maestra de literatura…
¿Y qué pueden aprender los alumnos con todo esto? No sé cómo será el caso de todos y cada uno de los alumnos, porque para gustos los colores, pero yo sentí unas ganas irresistibles de leerme las obras que todavía me faltan de la lista (“La guerra de los botones” de Pergaud, por ejemplo) para poder entender mejor las comparaciones y situaciones que se cuentan a lo largo del libro.
Y nosotros necesitamos que nuestros alumnos lean. Queremos que lean y que, encima, si es posible, lean literatura de calidad. ¿Qué mejor que este libro donde se tratan tantos y tantos libros buenos aunque no sean todos de nuestra literatura? Una vez conseguido que, mediante un simple libro de literatura juvenil (utilizo “simple” sin ánimo de ofender a nadie) nuestros alumnos se embarquen en la lectura de La Odisea, Don Quijote de la Mancha, La Guerra de los Botones, El Club de los Poetas Muertos, La Divina Comedia… ¿Cómo no podremos conseguir que se lancen a por los libros que nosotros queramos?
Además, podemos hacer en las clases una serie de actividades para incentivar esa motivación por agrandar su intertexto y poder entender todas las referencias del libro, lo que nos daría mucho juego. Por ejemplo, sin ir más lejos que la última que he citado, La Divina Comedia sale con una referencia que dice así:
“Como le dijo Virgilio a Dante, tú mira y pasa”.
Nada más. Pero… ¿Quién es Virgilio? ¿Y Dante? Si alguien sin el intertexto necesario pasa por encima de esa frase, pudiera pensar que son dos amigos y que uno ha ido a la casa del otro a ver el fútbol, no sé… Pero con el conocimiento sobre La Divina Comedia podemos empezar a hacernos una idea de que va a haber algún tipo de misterio iniciático como al que Virgilio somete a Dante al pasearlo por Infierno y Purgatorio.
Finalmente, para no extenderme más sobre la inmensa capacidad que puede darnos este libro sobre unos alumnos de bachillerato (un poco más pequeños también sería posible, pero no más para que no se encuentren en la tesitura de no entender NADA, lo que los desilusionaría y les crearía rechazo), diré que éste debería ser el libro “punto de partida” para todo aquel que quiera motivar a sus alumnos en el tema de mejorar y ampliar su intertexto.


 Y así...

 ...llegamos al final de mi participación en el blog. Un sólo post, cinco libros, cinco opiniones y valoraciones que espero que, en algún momento, puedan facilitar la ayuda de alguien (compañero de máster, de "futura" profesión o incluso de algún lector despistado que haya venido a dar con sus huesos a nuestro blog).











viernes, 1 de febrero de 2013

Caperucita en Manhattan. Candela Martínez


Título: Caperucita en Manhattan
            Autora: Carmen Martín Gaite
            Editorial: Siruela
            Año: 1990
            ISBN:84-7844- 201- 4
                                    
            RESUMEN
           
            Este libro, Caperucita en Manhattan, fue escrito por Carmen Martín Gaite, en 1990. Esta obra compone el legado literario de la autora, que está conformado por obras mayoritariamente centradas en la mujer, en sus ansias por tener libertad y dejar de estar sometidas a los designios de su familia. Como veremos más adelante este es el tema que vertebra toda la adaptación que hizo la autora del cuento clásico Caperucita Roja escrito por Charles Perrault.
           
            La obra narra la vida de Sara Allen, una niña de diez años que vive en el barrio de Brooklyn de Nueva York junto con sus padre Samuel, fontanero de profesión, y su madre Vivian, cuidadora de ancianos en una residencia. Pese a su corta edad, siempre le ha gustado la lectura, inventar historias en las que ella es la protagonista y palabras que no tienen significado.
Como todos los sábados, acompaña a su madre a visitar a su abuela Rebecca, una ex estrella de Broadway que vive en Manhattan, para limpiarle la casa y para llevarle una tarta de fresa que Vivian ha preparado la noche anterior. Sara acude con ganas porque siempre ha sentido fascinación por su abuela puesto que representa el polo opuesto a su madre: es una mujer divertida, que no se resigna a envejecer y con un pensamiento liberal, principio que le inculca a la pequeña siempre que puede.
El día del cumpleaños de Sara, sus padres tienen que abandonar la ciudad por un motivo familiar y la chica queda al cuidado de unos vecinos. Aprovechando un momento de descuido, se escapa de la casa y decide ir a Manhattan en metro para cumplir con la tradición semanal. Durante este trayecto conoce a miss Lunatic, una vagabunda que dice vivir dentro de la estatua de la Libertad y con la que entabla amistad, y a Mister Edgar Wolf, un anciano millonario propietario de una pastelería que busca la receta de la tarta de fresas y que encuentra en Sara a una niña ingenua a la que engañar.
Finalmente, Sara le da le dirección de su abuela para que el pastelero vaya a por la receta mientras ella pasea en limusina por Nueva York. Cuando llega a casa, se encuentra a los dos ancianos bailando y decide marcharse a utilizar la moneda que le dio miss Lunatic para poder llegar a la estatua y poder vivir aventuras maravillosas e indescriptibles.

La obra se estructura en dos partes. La primera en la que se insertarían los cinco primeros capítulos y que narra la vida que lleva Sara Allen, “Caperucita”, en la ciudad de New York y, más concretamente, en su barrio junto a su familia. En estos primeros cinco capítulos la autora también nos narra los pensamientos internos de Sara, sus ilusiones, sus fantasías, etc. En la segunda parte, Carmen Martín Gaite se centra en narrar la aventura que experimenta Sara, durante un solo día, y que la lleva a la ciudad de New York y las aventuras que durante este día le pasan interactuando con varios personajes, antes de llegar a casa de su abuela.
                       
            Crítica y valoración:
           
            Centrándonos más en la estructura interna del la narración hemos de señalar la continuas referencias a las que recurre Carmen Martín Gaite sobre los cuentos clásicos. Mientras narra la historia de esta niña que ansía la libertad, la autora va intercalando características tanto del cuento clásico de Caperucita Roja como de otros, como por ejemplo, Alicia en el país de las maravillas.
En esta adaptación la autora se desvincula un poco del cuento tradicional de Perrault, ya que decide concebir el final de este libro como un final feliz, en donde la protagonista acaba concluyendo su viaje inicial de una manera satisfactoria. Su viaje es un viaje iniciático para conseguir su ansiada libertad y liberarse del subyugo de su madre, que padece y sufre en exceso por su hija. Carmen Martín Gaite plasma su adaptación de una manera brillante, creando todo un mundo de fantasía y realidad a través de los deseos e inquietudes de una niña que sueña con la libertad. Para esto se expresa con un léxico claro y sencillo pero sin menospreciar su uso exquisito de la adjetivación, creando en el lector en repetidas ocasionas la impresión de que pudiera estar en el espacio y tiempo en el que narra la historia.          

           
            Breve conclusión:
           
            En mi opinión, creo que esta obra es muy adecuada e incluso recomendada para los últimos cursos de la ESO, ya que la temática y la estructura podrían parecer un poco complicadas para alumnos más jóvenes. Esta adaptación podría ser muy útil para acercar al alumnado al subgénero narrativo del cuento, desde una visión más renovada, más moderna y cercana a su tiempo, lo que normalmente resulta más atractivo para cualquier lector sin mucho bagaje literario. Además, la manera en la que expone la vida de la protagonista, sus angustias y deseos, podría ser un instrumento muy bueno para empatizar con un alumnado que normalmente no está muy predispuesto a la lectura.

jueves, 31 de enero de 2013

CAPERUCITA EN MANHATTAN


La moderna Caperucita  Roja   se llama Sara Allen, tiene diez años y vive con sus padres   en   Brooklyn.  Es una  niña  que experimenta   el deseo de abrirse al  mundo desde la confianza y la curiosidad, si bien   su vida    está condicionada   por el    aburrimiento   y la ausencia de nuevas experiencias; mejor dicho, es la vida de sus padres y vecinos   la que  responde a   las últimas características,  mientras  en la mente de Sara    se     generan y mezclan fantasías y sueños alegres que, sin  embargo, no puede compartir   con nadie.  Nuestra pequeña protagonista no aguanta la monotonía de su vida familiar  y tiene ansias de   aventura y libertad.


 Sara tiene  limitado  contacto con el exterior y  sólo a través de  sus padres, sobre   todo   a causa del afán desmedido  de control  y protección de su madre   que anda   siempre “barruntando catástrofes”.   En  la parte  opuesta  a
 Brooklyn  se encuentra  Manhattan, “una isla en forma de jamón con un pastel de espinacas en el centro que se llama Central Park. Es un gran parque alargado por donde resulta excitante caminar de noche, escondiéndose de vez en cuando detrás de los árboles por miedo a los ladrones y asesinos que andan por todas las partes...”. El bosque    de la fábula tradicional de  Perrault es sustituido  con ironía  por Central Park que, no obstante su fama, no es de hecho – en la apreciación de la protagonista- peligroso para los niños, sino una mera concreción física del lugar donde es posible vivir una excitante aventura. “Pero a las personas mayores no se les ve alegría en la cara cuando cruzan el parque velozmente en taxis (...). Y los niños, que son los que más disfrutarían corriendo esa aventura nocturna, siempre están metidos en sus casas viendo la televisión, donde aparecen muchas historias que les avisan de lo peligroso que es salir de noche.”


En Manhattan se encuentra la  estatua de la Libertad  que de noche  se duerme  ante la indiferencia general. Pero los niños  de  Brooklyn no duermen,  “….piensan en Manhattan (…) y su barrio les parece un pueblo perdido donde nunca pasa nada. (...) Y es que cuando la estatua de la Libertad cierra los ojos, les pasa a los niños (...) la antorcha de su vigilia. Pero esto no lo sabe nadie, es un secreto. Tampoco lo sabía Sara Allen...”.

 Por el lector parece percibirse la existencia en la historia   de  algo mágico  no concretado que, sin embargo, es inicialmente   dejado en s
uspenso para volver a subrayar la rutina de la vida cotidiana. El padre de Sara   es fontanero y la madre –Vivian-  trabaja como enfermera  en  un    hospital    cuidando ancianos  y  disfruta preparando  una exquisita tarta de fresas  -motivo de orgullo frente a terceros-, preparada   conforme a una receta secreta    de familia. Tarta de fresas  de la que, todos los sábados,   llevarán una a la  abuela de Sara  y  que para  nuestra   pequeña   protagonista    pasará a representar   la manifestación  de  una fastidiosa   costumbre    con pérdida de   cualquier otro significado.

 La  abuela materna  de Sara  se llama Rebeca Little  y vive sola en Manhattan,  en el   barrio  de Morningside.  Se trata de  una  mujer   liberal, extrovertida, original, ex cantante  de music-hall  conocida con el  pseudónimo de Gloria Star y, en los últimos tiempos,  olvidadiza (pero solo porque  “a fuerza de no contar las cosas, la memoria se oxida” ).
La abuela de Sara es  el contrapunto de   su hija Vivian,  con quien no se entiende. Sara  experimenta fascinación por    su abuela y todo lo que guarda relación   con la misma, mientras   que entre la madre y la abuela de   Sara   se genera cierto  antagonismo  por   el afán de la primera de controlar a la   segunda  y  su    disconformidad  con el género de vida   que lleva esta última. Sara no ha recibido mucha  información   sobre  la vida   no sujeta a  ataduras de su abuela, censurada  por Vivian, conociendo  sólo  algunos detalles  a resultas   de conversaciones espiadas a  sus progenitores. A través de   alguna de dichas   conversaciones   conoció en el pasado la existencia  de un antiguo  amigo/compañero  de su  abuela – Aurelio-,   con cierta influencia en la conformación   de la personalidad de  Sara.
Aurelio – dueño de una librería- hizo llegar a   Sara – lectora muy precoz y apasionada- algunos libros  - Robinsón Crusoe, Alicia en el país de las maravillas, Caperucita Roja …- cuyos protagonistas  fueron percibidos  por    la pequeña    como seres  libres,  con capacidad   para  andar  por todas partes solos  sin la existencia de  padres que los retengan, repriman  o les prohíban actuar. La lectura de dichos relatos, al margen de   hacer  volar la imaginación de Sara, provocaron y provocan en ésta un  fuerte sentimiento de   envidia   por la  libertad de  sus  protagonistas.  En el relato se refuerza la idea de la  necesidad de    experimentar el viaje   que es la vida   por uno mismo, y ello como requisito  imprescindible  para un  adecuado desarrollo mental. La ilustración preferida de Sara  es    la que corresponde al encuentro de Caperucita Roja   con el lobo
".…En aquel dibujo, el lobo tenía una cara tan buena, tan de estar pidiendo cariño, que Caperucita, claro, le contestaba fiándose de él, con una sonrisa encantadora. Sara también se fiaba de él (...) era imposible que un animal tan simpático se pudiera comer a nadie. El final estaba equivocado. (...) Lo que menos le gustaba a Sara eran los finales”.

Sara había  recibido  también de Aurelio un plano  muy detallado  de Manhattan, habiendo aprendido,  observándolo,    que  Manhattan  era  una isla;  detalle éste muy importante para   Sara  porque el País de Nunca Jamás de  sus fantasías      tomará cuerpo  en ese  espacio físico real   donde   la posibilidad de vivir una aventura se hace factible. Atrapada en una vida  gris, Sara  juega   con las palabras, inventando  algunas nuevas para interpretar y expresar sus emociones y, de ese modo, crear un mundo a su gusto; una   expresión   en particular –miranfù-  se convierte   en su preferida y es utilizada para expresar “ va a pasar algo diferente” o “ me voy a llevar una  sorpresa”. Con esta  palabra mágica pretenderá  Sara   cambiar la realidad.



Partiendo del planteamiento  anterior,  la autora  -Carmen Martín Gaite-   pone en marcha los engranajes de la aventura  que se inicia  cuando  la pequeña Sara, aprovechando  un luctuoso   acontecimiento familiar -que hace que  sus padres tengan que desplazarse      a otra ciudad-,  es dejada al cuidado   de una tercera persona    de cuya vigilancia/supervisión es capaz de zafarse, escapándose de casa   para llevar  a su abuela   la tarta de fresa   que había elaborado su  madre antes de partir. 

 

La autora   parece respetar inicialmente  -  aún con  la   alteración     temporal y de localización    de historia y personajes-   la estructura  esencial del cuento/fábula del que toma prestado parte del  título,  aunque el lector   pronto descubrirá que , más allá de un cierto aire familiar en alguno de los personajes ,   no nos encontramos   con una nueva versión   actualizada del cuento,   sino  con una provocación de la autora al lector  moviéndole a una  involuntaria comparación  de la nueva historia   con la fábula   original  al objeto, como si de un pasatiempo se tratara, de ir evidenciando  las diferencias   sustanciales en el relato.
 

En nuestra historia  aparecen  cinco personajes  relacionados  con el cuento tradicional,  amén  de otros que, careciendo de dicha conexión,  se manifiestan  como meros   actores secundarios  de escasa  relevancia. Así,  los primeros personajes citados son   Sara Allen ( la nueva caperucita), su madre ( Vivian)   y su abuela ( Rebeca Little) -   ya descritos en la fase inicial previa   a   la puesta en marcha de la trama  relativa a la aventura  en sentido estricto-   a los que hay que añadir  los  correspondientes   a Miss Lunatic ( trasunto de la libertad  o  el espíritu libre , del que es ejemplo la abuela)  y Edgar Woolf ( el Dulce Lobo).



En   lo que afecta al desarrollo de la trama de la aventura,    en su trayecto a casa de su abuela, Sara se  desvía   atraída por el encanto de lo prohibido  representado  por Central Park ( a modo de   bosque encantado), si bien,   antes  de llegar,   experimentará  un sentimiento de miedo a la libertad  del que será rescatado  por el personaje de Miss Lunatic, una mujer vieja, vestida de harapos,   que arrastra  un cochecillo  de bebé  antiguo y raído   donde guarda sus pertenencias ,   sin preocuparse del dinero,  con capacidad de   cambiar la vida a las personas; Sara   descubrirá por casualidad que   Miss Lunatic es   el espíritu de la libertad   , la musa   del autor de  la estatua   existente  en honor de la misma   en Manhattan  - donde vive de día-, firmando con dicho personaje   un pacto de sangre   en el  marco un acuerdo que reivindica   la conquista de la libertad individual.   Asimismo, y de forma indirecta,   Sara   entrará en contacto con Edgar  Woolf,   conocido  ( por un negocio   que explota) como el  Dulce Lobo;   este personaje, obsesionado  por el éxito en sus negocios y con un solo amigo, comprende, en la persecución de su objetivo de lograr la receta perfecta de una   tarta de fresa   que haga   más relevante su negocio, la   insustancialidad del sacrificio  de determinados valores   de cara a  la consecución del éxito, accediendo, con excusas, a  la vivienda de la abuela ( adelantándose con engaños a  Sara)   con la que, desde la admiración, alcanzará la felicidad.
 

En el juego de búsqueda de las diferencias  el lector descubrirá  que, a diferencia de lo que   sucede   en  fábula original:   Caperucita   tiene una mala relación con su madre;  la libertad y curiosidad no se ven penalizadas;    el “bosque” no siempre es un lugar  de pérdida sino de encuentro y punto de partida de la aventura; el lobo no es malo sino  “dulce” y  alcanza la felicidad  junto con la abuela;  no hay un salvador externo  sino que la propia conquista de la libertad otorga la redención de los personajes ;  la protagonista   no retorna a casa  sino que,   como  se refleja al final del relato,  desafiando  la lógica y huyendo de la rutina de lo  cotidiano, se lanza  - gritando su palabra talismán , “ Miranfú- por la boca de un pasadizo que conduce a la morada diurna  y secreta  de Miss Lunatic   para   alcanzar la libertad.

 

 La lectura   de esta obra   (desarrollada, en gran parte, como un relato llevado a cabo por un narrador omnisciente, con   limitado recurso al diálogo) puede suscitar  la reflexión, sobre todo   en  el lector joven,    sobre  la  soledad, la fantasía, la voluntad, la libertad y la necesidad de   que   cada uno   determine   en gran parte   su lugar y conducta.

 

miércoles, 30 de enero de 2013

Caperucita en Manhattan

Título: Caperucita en Manhattan
Autor: Carmen Martín Gaite
Editorial: Siruela
Colección: Colección Escolar de Literatura
Ciudad: Madrid
Año: 1998
Edición: 46ª (mayo 2012)


Sara Allen es una niña de diez años que vive junto a sus padres en Brooklyn. Su madre nunca la deja salir sola, pero Sara sueña con poder visitar los lugares que contempla repetidamente en un plano de Manhattan. Su sueño es “ser libre”.
La abuelita de Sara, Rebeca, es una mujer poco convencional, más moderna que su propia hija, y alimenta los sueños de libertad de Sara.
Mr. Woolf es un anciano empresario solitario que encontrará la felicidad al lado de Rebeca gracias a un encuentro casual con Sara en Central Park.
Por último, Miss Lunatic ―un personaje que no encontramos en la versión clásica del cuento― será quien “otorgue a Caperucita su amuleto, la moneda mágica que usará para incorporarse a un mundo nuevo para ella”, a la libertad, en definitiva.

En cuanto a la estructura, el cuento de Carmen Martín Gaite ―que consta de trece capítulos divididos en dos partes: “Sueños de libertad” y “La aventura”― está precedido de una “Invitación a la lectura” a cargo de María del Carmen Ponz Guillén. Esta “Invitación a la lectura” puede resultar de gran utilidad para los alumnos como preparación para afrontar la lectura con más garantías. Este texto introductorio se divide en las siguientes partes:
-“Caperucita Roja procede de los relatos tradicionales”
-“El lugar: la ciudad-bosque y sus peligros”
-“Caperucita y nuestro tiempo”
-“La madre y la abuela, dos modelos de mujer”
-“La casita del Bosque”
-“De la galette a la tarta de fresa”
-“Mister Edgar Woolf, un lobo muy particular”
-“Miss Lunatic”
-“Tres últimas consideraciones sobre el relato” (En esta parte alude a la influencia del cine, el punto de vista de la autora y el lenguaje de la obra).

Esta edición incluye, además, una sección con propuestas de trabajo para después de la lectura, “Actividades tras la lectura”, también a cargo de María del Carmen Ponz Guillén. Este apartado presenta, en primer lugar, una noticia de la autora, “Algo sobre la autora”.
La primera propuesta de trabajo se refiere a “La forma”, y en ella se intercalan actividades (sobre estructura, espacio, tiempo, agentes, acciones, final abierto o cerrado, metáforas, ironía, registros del lenguaje) y contenidos referentes a teoría del cuento y de la narración.
Algunas actividades tienen como objetivo el trabajo con contenidos de Historia y Geografía ―siempre en relación con el texto―, lo que contribuye a la integración de materias en una misma tarea y al trabajo integrado de las competencias básicas.

La segunda propuesta, “De la forma al contenido”, presenta actividades encaminadas a la reflexión sobre tres puntos del relato:
-El proceso educativo de Sara Allen.
-La elección de la libertad.
-La soledad.

Estas actividades están intercaladas con reflexiones y explicaciones —referidas a elementos del cuento— que ayudan al alumno a entender el “proceso educativo orientado hacia la elección de la libertad” que está viviendo Sara Allen y “su posible consecuencia, la soledad.” Todas las actividades tienen como objetivo la reflexión escrita —en algún caso se propone un debate— sobre cuestiones como los modelos de mujer que Rebeca y la madre de Sara representan para la niña; la capacidad educativa de los libros, que de la mano del señor Aurelio se convertirán para Sara en los primeros educadores, aparte de la familia; o las actitudes positivas y negativas del «contramodelo» representado por la abuela Rebeca.

El tema más importante de los que se tratan en el relato es el de la libertad, y en este sentido, Ponz Guillén propone una serie de preguntas que obligan a la reflexión sobre este tema, tan fundamental en la educación de cualquier adolescente. Una de estas preguntas remite a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (París, 1948), lo que vuelve a suponer el trabajo integrado de materias diversas.
La última actividad relacionada con este tema consiste en la realización de una composición escrita donde exponer conclusiones sobre la libertad.

El último núcleo temático de la historia, la soledad, se aborda de la misma forma que el tema de la libertad, promoviendo la reflexión crítica. Las preguntas se acompañan, como en los dos casos anteriores, de explicaciones y reflexiones referidas a la relación entre los personajes y, en este caso, la soledad.

Las características de Caperucita en Manhattan permitirían generalmente realizar su lectura entre los cursos de 1º y 3º de Secundaria, pero podemos establecer más concretamente su adecuación si consideramos el trabajo que vamos a proponer después de la lectura.
Por la proximidad de edades de la protagonista y los alumnos, y a pesar de que representa una transformación del cuento clásico —muy presente en la etapa de Primaria—, si el contexto es favorable, podría proponerse su lectura en el primer curso de ESO. Sin embargo, en este nivel, la propuesta de trabajo de Ponz Guillén puede resultar un tanto ambiciosa, de modo que sería recomendable proponer actividades más adecuadas a la edad de los alumnos (12-13).
En algunos centros está considerada como lectura para 2º o 3º de Secundaria, niveles en los que sí resultaría factible, en principio, la propuesta de trabajo de esta edición —muy interesante, como hemos podido observar—.

Otro aspecto positivo de la edición es que, en la misma sección de “Actividades tras la lectura”, incluye el apartado “Sugerencias para desarrollar una sesión de actividades”, en el que presenta algunas ideas de actuación que pueden resultar muy útiles para el docente, así como sugerencias audiovisuales que se pueden llevar al aula.

Por último, en el apartado “Por si quieres seguir leyendo”, invita a los alumnos a realizar algunas lecturas, y reseña algunos libros que pueden ser de interés para el docente. Son los siguientes:
Para los alumnos:
-una edición reciente de los cuentos de Perrault realizada por Carmen Martín Gaite.
-el artículo «Ponerse a leer» que figura en su libro La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas y el artículo que da nombre al libro.
-el artículo «La disciplina de la libertad», incluido en el libro El valor de educar de Fernando Savater.
-Dos libros de Erich Fromm: El arte de amar y El miedo a la libertad.
Para el profesor:
-Bajtin, Mijail: Teoría y estética de la novela, Ed. Taurus, Madrid, 1989.
-Eco, Umberto: Lector in fábula, Ed. Lumen, Barcelona, 1993.
-Propp, Vladimir:
Morfología del cuento, Ed. Fundamentos, Madrid, 1981.
Las raíces históricas del cuento, Ed. Fundamentos, Madrid, 1981.

Para terminar, he de confesar que cuando acabé de leer Caperucita en Manhattan sentí que no se habían cumplido mis expectativas sobre el libro, que “esperaba algo más”. Sin embargo, con el paso de los días y la prolongada reflexión sobre aspectos diversos de la obra, ha acabado por parecerme un libro muy especial, a cuya lectura animo a cualquier lector aficionado a los cuentos.