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miércoles, 30 de enero de 2013

Rebeldes


Rebeldes

 
El protagonista de Rebeldes es Ponyboy Curtis, un chaval de 14 años que vive con sus dos hermanos mayores –Darry y Sodapop- desde la muerte de sus padres en un accidente. Pertenecen a la clase social baja del oeste de la ciudad, y se les conoce como grasers (grasientos, en tono despectivo), en contraposición a los socs (clase alta).
 
Tras una noche en el autocine con Dally y Johnny, estos conocen a dos chicas –Cherry y Marcia- que son socs, de la banda rival y entablan conversación con ellas. A partir de este encuentro se empezará a desarrollar la historia y el cuestionamiento por parte del protagonista de la condición de las personas cuando son encuadradas en grupos sociales (o pandillas). Además, el hecho de que esa noche estén con las chicas y se lleven bien con ellas, se sumará a situaciones violentas ocurridas con anterioridad desencadenando aún más el odio y la violencia entras las dos bandas rivales.
 
Después de este hecho, Johnny y Ponyboy se quedan dormidos en un solar, con lo que nuestro protagonista regresa tarde a su casa y es reprendido por su hermano mayor –que actúa como cabeza de familia y a ojos de Ponyboy es muy duro con él-, le pega una bofetada debido al miedo que había sentido ante la tardanza del muchacho. Así pues, se escapa de casa y se reúne otra vez en el solar con Johnny, a quien apremia para que se escape con él alegando –erróneamente- que su hermano no le quiere y le hace la vida imposible. Tras esto, se van y llegan a un parque en el que se encontrarán con dos socs –uno de ellos el novio de Cherry- enfadados porque sus amigas iban con ellos; comienza una pelea en la que Johnny mata a Bob porque estaba ahogando a su amigo en una fuente y pensaba que iba a acabar con su vida.
 
Johnny había sido atacado por los socs con anterioridad, lo habían dejado malherido y desde entonces se había retraído y sentía un miedo irracional. Con lo cual, este hecho sorprende, pero también se concibe como una forma de desahogo ante la situación de indefensión que vivió con el grupo rival. Johhny le comunica el suceso a Ponyboy cuando recupera la conciencia, ambos deciden recurrir a Dally para pedirle consejo puesto que planean huir de la ciudad. Su amigo les presta una pistola y dinero, además de indicarles un escondite. Así pues, acaban refugiándose en una iglesia donde transcurren los días incrementando así la ansiedad de los muchachos y acelerando su toma de decisiones para acabar con la situación. Dally acude a por ellos para llevarlos a desayunar, pero cuando regresan a la iglesia descubren que está en llamas y los dos amigos no dudan en introducirse para salvar a unos niños que se han quedado dentro mientras jugaban; el resultado es diferente para ambos, puesto que si bien los dos son ingresados, el estado de Johnny es preocupante.
 
La estancia en el hospital le sirve a Ponyboy para comprobar que su hermano mayor le quiere más de lo que piensa y que la unión de los tres es muy fuerte, porque juntos han superado muchas situaciones difíciles. Además, le comunican que va a haber una gran pelea entre las dos bandas rivales en la que solo puede haber un ganador tanto físico como moral. Aquí hay un hecho importante, esto es, Cherry actúa de informante para los greasers, porque se da cuenta de que su pertenencia a ese bando solo tiene que ver con la clase social, puesto que puede identificarse psicológicamente totalmente con los greasers (aunque no pueda mostrarlo).
 
Los greasers ganan la pelea y Ponyboy y Dally van a comunicárselo a Johnny, pero este está muy débil y muere. Dally no puede soportar el hecho y huye, mientras que Ponyboy vuelve a casa para comunicar el fallecimiento a sus amigos. Tras unos minutos, suena el teléfono y resulta ser Dally diciéndoles que ha robado una tienda y que está en un apuro; pero más bien le sirve de excusa para dejarse matar por la policía tras la muerte de Johnny, porque para él ya no tiene sentido seguir en las mismas condiciones sociales en las que se encuentra, no ve solución.
 
Al final, Ponyboy vuelve a la escuela aunque va retrasado. El profesor le pide una redacción para que pueda aprobar; esta tiene que tratar sobre algo que considere verdaderamente importante. Decide escribirla sobre la historia que ha sido narrada.
 
Así pues, el final de la historia se trataría de un recurso que emplea la escritora para narrar los acontecimientos. Se conecta el final con el principio de la historia, porque esta resulta ser la redacción que Ponyboy tenía que entregarle al profesor para poder aprobar.
 
Lo interesante del libro son las temáticas en torno a las que gira, entre las que podemos destacar las siguientes. Principalmente la delincuencia juvenil, puesto que nos encontramos dos grupos de jóvenes enfrentados debido a su condición social y económica sobre todo. Por un lado tenemos los greasers que es la clase baja, marginados (ellos mismos tienen un sentimiento de inferioridad muy arraigado, que les lleva a verse como víctimas de la sociedad, sin que esto tenga solución); por otra parte, los socs o clase alta, “niños ricos y pijos”, que tienen todo lo que desean en sentido material y se sienten superiores a los greasers. Por encima de esto subyace el valor de la amistad, que se ve más patente en el grupo del protagonista, hay un sentimiento de unión más grande (mayor  sentimiento de pertenencia al grupo), aunque las simpatías no sean iguales entre todos los miembros del grupo, siempre están los unos para los otros y se defienden por encima de todo. Por último, me parece necesario destacar el papel de la familia, pero no como podemos pensar, sino que aunque la mayoría de los protagonistas no tiene una familia tradicional –empezando por los tres hermanos que pierden a sus padre y tienen que readaptar sus roles- sí que vemos presentes los valores de esta, no solo entre los tres hermanos, sino también entre los miembros de la pandilla cuyas relaciones en ocasiones pueden resultar por encima de la amistad, puesto que la mayoría carece de unos referentes familiares claros y buscan esto en el grupo de iguales.
 
En mi opinión, es un libro que puede resultar adecuado para emplearlo como lectura en la etapa de la educación secundaria obligatoria, porque trata cuestiones –temas- y valores que pueden estar presentes en la vida de cualquier adolescente.

 
Raquel Fernández Acedo

 
Susan E. Hinton: Rebeldes. Ediciones Alfaguara, 1985.
ISBN: 84-204-4797-8

 

 

 

 

No pidas sardina fuera de temporada


No pidas sardina fuera de temporada

No pidas sardina fuera de temporada es el primero de una serie de libros cuyo protagonista es Juan Enguera -más conocido como Flanagan-, un adolescente de 14 años que está en 8ºC y cuya pasión es ejercer de investigador privado en su entorno, haciendo trabajos como búsqueda de información sobre alumnos –sobre todo con fines amorosos-, por los que obtiene algunos ingresos para costear sus gastos, porque como él dice: “En este barrio no sobra la pasta, y cada cual hace lo que puede para buscarse la vida. Hay quien ayuda en la tienda de sus padres, quien hace de canguro de sus hermanos o de los hijos de los vecinos, quien hace de recadero del súper, quien lleva cafés a la Textil, quien limpia parabrisas en los semáforos y también quien roba y quien vende lo que no debería vender”. (Martín y Ribera, 1988, p. 14). Así pues, deja claro desde un primer momento el contexto en el que tiene lugar la acción.

El punto de partida de la historia es una especie de trato al que Flangan llega con una compañera de clase –María Gual; esta le pide que investigue a su hermano –Elías-, porque lleva repitiendo tres años el mismo curso y de repente empieza a sacar muy buenas notas. Asunto que no le cuadra a María y le lleva a pensar que su hermano puede estar haciendo trampas; con lo cual, si se descubren los planes de Elías y se enteran sus padres, estos le castigaran sin el cobertizo y María promete cedérselo a Flanagan para que pueda desempeñar sus labores de investigación desde allí a cambio de convertirse en su socia.

Lo que empieza como algo normal -una búsqueda para ver si un chaval está copiando o consigue los exámenes de alguna forma- dará lugar a una trama en la que van a verse implicados muchos personajes que viven en el barrio y a los que Juan conoce por la fama que les precede.

Las investigaciones comienzan con el seguimiento del implicado; ya desde un primer momento Juan observa que pasan cosas raras, porque un día Elías llega al colegio con moratones en la cara; este hecho hace que empiece a sospechar e indagar en el entorno. Se acerca al chico, pero no obtiene información por su parte; así pues, decide ir a buscar otra versión –puesto que tiene sospechas sobre quienes pueden estar implicados en el asunto- y acude al Puti (un amigo de Elías), un gamberro muy conocido en el barrio; tampoco logra sacar nada en claro y lo único que consigue es que este y Piter se den cuenta de que su objetivo es espiarles.

Tras este acontecimiento, Flanagan piensa que puede haber más implicados de lo que creía, por lo que no se fía de nadie y empieza a investigar dentro del colegio, más concretamente al conserje –conocido como el Pantasma-, porque piensa que puede estar proporcionándole los exámenes a Elías. Su investigación tiene lugar en horas de clase, por lo que consigue ingeniárselas para salir y poder seguir al conserje; observa que se dirige al banco y saca una cantidad de dinero que, tras ir a casa, deposita en un sobre y deja disimuladamente en un bar para que un hombre lo recoja. Tras el seguimiento, Juan descubre que Elías está chantajeando al conserje –que es quien le pasa los exámenes-, y le comunica a su hermana que suspendería el siguiente examen, porque el Pantasma no estaba dispuesto a seguir.

Mientras tanto, a Flanagan empieza a gustarle Clara Longo, la chica más solicitada del colegio –cosa que va a ser crucial en el desenlace de la historia- y sobre la que conoce todos sus gustos, puesto que era el objetivo de muchos de sus informes. Después de una fiesta la acompaña a casa y es invitado a subir; así conoce al padre de la chica, El lejía, otro personaje conocido del barrio. Esa misma noche Juan será testigo de una pelea entre el padre de Clara y los famosos Puti y Piter; en el trascurso de la discusión, Juan permanece en casa de la chica y ve una sombra; resulta ser Elías buscando un sobre que consigue llevarse.

A partir de este momento, la trama se complica, y Juan descubre que puede tratarse de un asunto serio, dado que ya ha habido una fuerte pelea. En gran medida, Elías tampoco sabe en el lío en que se ha metido por culpa del robo del sobre; de este modo, decide pedirle ayuda a Juan, convenciéndole para que sea él el que tenga el sobre, porque no sabe lo que puede pasar –ya que el Puti y el Piter estaban buscándole-. El paquete tiene que llegar a manos de el Lejía para llevar a cabo negociaciones con él; cuando se va a proceder a la entrega, Elías es atropellado y tras llevárselo la ambulancia, Juan descubre que no hay ningún sobre, con lo que decide ir a la Tasca –el bar donde se junta la pandilla de delincuentes- a comprobar si el dueño sabe algo –ya que cuando Elías le pide ayuda, está llamando desde allí-. En efecto, el sobre con su misterioso contenido está allí y él es su destinatario. Pero cuál es su sorpresa al descubrir que contiene una foto del Pantasma mirando la boca de una sardina. Flanagan empieza a hacer cavilaciones sobre qué significado puede tener la instantánea y el porqué de tanto lío por esa simple imagen. Lo que no sabe es que estar en posesión de esta le va a costar la persecución de los maleantes para hacerse con ella. En medio de la incredulidad, Juan es secuestrado por los secuaces de el Lejía –que consiguen hacerse con el sobre-; deciden llevarlo ante su jefe para que le dé cuenta a él del paradero de la foto verdadera, porque creen imposible que esa pueda causar tanto revuelo.

Finalmente el Pantasma habla con Juan para saber qué foto es la que ha visto, dando fe de que es esa la que ha causado todo el revuelo. Pero Flanagan ya ha descubierto la trama, esto es, el conserje y el padre de Clara están implicados en el tráfico de heroína, y el primero es pederasta –la imagen da fe de ello-. Con esta información acude a Clara que no le cree, porque el implicado es su padre y no quiere que acabe en la cárcel. Así pues, los dos jóvenes acaban separándose y Juan denunciando el hecho; tras tres meses, Flanagan sigue esperando a que algún día ella aparezca y vuelva a su vida.

En el final del libro es donde vemos como subyace el tema principal o, más bien, el valor que marca la novela. Esto es, el dilema moral entre el amor que siente el protagonista  por Clara y la necesidad de ser justo y denunciar la comisión de un delito tan grave  –aunque esto pueda acabar con su “historia de amor”-. Como hemos comprobado, acaba haciendo lo correcto.

Además de esto, se abordan –y a la vez denuncian- numerosos aspectos de la sociedad actual que nos apartan de una visión idílica, esto es: el contexto del protagonista, un barrio marginal de clase media-baja donde cada uno hace lo que puede para sobrevivir; el problema de la droga –los autores nos acercan a su realidad sin tapujos-; abusos a menores y pederastia; y corrupción y chantajes causados por la situación económica en la que se encuentran los personajes. Por ello, por la forma en que son abordados –con toda claridad y naturalidad- y por los valores morales que transmite, considero que es un libro adecuado para el segundo ciclo de la ESO, en el que los alumnos ya saben cuestiones sobre todos estos temas y podemos hacerlos reflexionar más a partir de esta lectura.

Raquel Fernández Acedo

A.Martín y J. Ribera: No pidas sardina fuera de temporada. Ediciones Alfaguara, 1988.

ISBN: 84-204-4796-X

 

Memorias de una vaca


Memorias de una vaca

 

La protagonista de esta historia es Mo, una vaca, pero no una cualquiera. Piensa que “no hay nada más tonto que una vaca tonta” cuya actividad es pastar sin importarle lo que sucede a su alrededor. Por ello, durante toda su vida se ha empeñado en no ser simplemente una “vaca tonta” y desvelar los entresijos de la vida y el contexto en el que nace, unas veces por ella misma y otras acompañada por la que será su mejor amiga (la Vache qui rit). Aunque hubiese preferido ser un caballo o un gato, porque considera que la vida de estos es más interesante, no reniega de su condición y se esfuerza por alejarse de la monótona vida vacuna, para dar cuenta de lo que le rodea.

A pesar de que sabe que es una vaca, es consciente de que es más inteligente que sus compañeras; considera que es Omega, mientras que las demás son Alfa, seres muy poco desarrollados para comprender lo que sucede a su alrededor y que se limitan a pastar y producir leche.

Así pues, desde el inicio conversa con una voz interior a la que llama “El pesado”           –aunque al principio no sabe muy bien de que se trata-, a la que le cuenta sus inquietudes y la que le hace analizar y reflexionar (la mayoría de sus reflexiones terminan con un refrán) sobre las cuestiones que vive. Además, le hace la promesa de escribir unas memorias llegado el momento, es decir, cuando ya fuera lo suficientemente vieja.

La acción tiene lugar en el País Vasco, lugar de nacimiento de Mo, que narra sus memorias desde la posguerra hasta la actualidad. En esta narración, cobra protagonismo Pauline Bernardette, una monja francesa –a la que Mo le cuenta su vida- que era la encargada de recibir las cartas que los españoles enviaban durante la Guerra Civil a la resistencia a través de las vacas.

De esta forma, Mo se dispone a contar sus memorias:

Nuestra protagonista nace en el bosque que pertenece a la casa Balanzategui, que sería su primer hogar y donde viviría durante la primera época de su vida. Ya desde los inicios, se da cuenta de que no es un lugar normal, en él pasan cosas raras, con lo que decide explorar y descubrir los entresijos de la historia.

Para ello se va a tener que enfrentar, junto a su inseparable amiga -la Vache qui rit-, a Gafas Verdes y sus secuaces, que les van a hacer la vida imposible y que en alguna ocasión intentarán herirlas. Pero Mo no se rinde, puesto que en los años en que esto sucede –Posguerra-, las cosas no están nada nítidas en la zona. Así pues, no tardará en descubrir que en Balanzategui tienen un arduo plan para abastecer de provisiones a la resistencia que se esconde en el bosque –Maquis- y acude a la casa para recibir comida. El suministro se logra gracias a las vacas, pues constituyen un sistema de comunicación eficaz. Gafas Verdes y sus acompañantes pertenecen al bando ganador, y tienen vigilada la casa porque saben que algo sucede, pero no han conseguido cogerlos in fraganti. El plan funciona hasta que un día el grupo de Gafas Verdes decide actuar y acaba por desmontar la situación, quedándose con la casa y enviando a la cárcel a los dueños del lugar.

A partir de ahí comienza la lucha de Mo por la supervivencia; consigue escapar junto a su amiga, pero son capturadas y vendidas para actuar en las fiestas de un pueblo –de donde también consiguen escapar-. Entre tanto, la relación entre las dos amigas se va rompiendo, puesto que la Vache es muy tozuda y casi nunca cede, situación insostenible para Mo que decide seguir el camino por su cuenta.

Cuando está a punto de sucumbir debido a la soledad y la tristeza, por casualidad se encuentra con Pauline Bernardette, de la que no se separará. Así, Mo se traslada a vivir al convento de la pequeña y es en este donde acabará sus días –aunque a veces le surgen dudas con respecto a volver a Balanzategui- y donde decidirá dar rienda suelta a sus memorias, cumpliendo la promesa que le hiciera un día a la voz de su conciencia (El Pesado).

 

José Irazu Garmendia, nació en Asteasu (Guipuzcoa) en 1951; posiblemente fueron el deseo de emular a grandes autores de la literatura universal y evitar la censura franquista algunas de las razones que le llevaron a adoptar el seudónimo de Bernardo Atxaga. Es miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca y ante todo, un apasionado de la literatura.

Atxaga consigue a través de Memorias de una vaca retratar una gran cantidad de personalidades, actitudes, virtudes y también defectos. Nos transmite las inquietudes o miedos, representadas por los lobos que aparecen en la obra, que simbolizan lo negativo y todo lo que a Mo le gustaría que desapareciera.

Esta obra abarca alrededor de 40 años de historia reciente de nuestro país, analizando cómo evolucionó la zona vasca tras la Guerra Civil –trasluciendo lo que también podía estar ocurriendo en otras zonas-, pero desde la óptica de un animal. La manera de narrar los acontecimientos, en la que se mezcla historia, sociología, comicidad, misterios, anécdotas y aventuras, confluyen en una narración ágil y de fácil lectura. A esto se suma un léxico cuidado y próximo; todo ello permite al autor acercarnos una época trágica de nuestra historia desde un punto de vista diferente.

 

Pero, ¿qué pretende transmitirnos?: sin duda el abanico de posibilidades es muy amplio, desde la personalidad, el carácter, el aguante o resistencia, la fortaleza, pasando por la amistad, el cuestionamiento del mundo que nos rodea y el anticonformismo, además de la visión crítica que toda persona debe poseer. A pesar de esto, creo que lo más importante que nos trasmite el libro es el valor de la memoria: recordar nos permite no olvidar, ser conscientes de nosotros mismos y de nuestra existencia vital; pero también recordamos, porque sabemos que olvidamos, y queremos conservar todo lo que nos resulta importante y necesario, o lo ha sido; nos permite reconstruir nuestra historia. Y este es el objetivo de Mo.

 

Por todo esto, creo que es un libro muy adecuado para que los alumnos lo lean en 3º o 4º de ESO, donde podrán entender con más claridad los valores que nos hace llegar el autor, así como nociones sobre la Guerra Civil desde una óptica y con un tratamiento diferente.

 

Raquel Fernández Acedo

 

Bernardo Atxaga: Memorias de una vaca. Ediciones SM, 1992.

ISBN: 84-348-4047-2

La catedral


La catedral

 
Telmo Yánez es el protagonista de esta novela, donde se mezclan datos históricos con toques de ficción, cuestión que le confiere una gran dinamismo puesto que se distancia de lo que podría considerarse como una novela histórica en su totalidad, para dar paso a la imaginación del lector en torno a la época en la que está ambientada.
 
Telmo es un joven aprendiz de constructor que tiene un don para la talla de imágenes    –es lo que en la jerga se conoce como imaginero-; a la vez es hijo de un conocido maestro constructor de Estella –un pueblo de Navarra- que pertenece a la logia de los masones, cuestión que es crucial para el desarrollo de la historia, puesto que ya desde el comienzo se nos plantea un misterio que ocurre dentro de la logia. Esto es, la desaparición de un famoso maestre –Thibaud de Orly- en extrañas circunstancias mientras dirigía las obras de la catedral de Kerloc’h (en el inicio del libro se nos deja claro que ha muerto, pero el misterio se deja abierto).
 
La obra está narrada como el relato de los acontecimientos que sucedieron años atrás, pero el protagonista nos deja claro que los recuerda como si hubiera ocurrido recientemente –esto nos hace presuponer que la narración va a estar repleta de detalles tanto cronológicos como descriptivos-.
 
Desde muy joven, Telmo trabaja con su padre y los compañeros de este realizando las tareas que le son encomendadas en la construcción de una iglesia que están llevando a cabo, hasta que un día es aceptado como aprendiz para forma parte de la logia. A partir de ese momento va a desempeñar un papel crucial en el descubrimiento del misterio de la desaparición de Thibaud, puesto que irá a la zona a trabajar como imaginero de la catedral de Kerloc’h –si resulta ganador de un concurso que se va a celebrar allí-. Así pues, Telmo inicia su viaje con tres nórdicos cuyo objetivo es acompañarlo y acudir al pueblo para ver qué está ocurriendo. El joven se da cuenta de que sus compañeros no son igual que él y acaba descubriendo que se trata de templarios cuya labor es protegerlo de los peligros que puedan surgir durante la realización de las pesquisas que les van a llevar a descubrir qué está ocurriendo.
 
No es dato menos importante conocer que la construcción de la catedral estaba siendo financiada por la Orden del Águila de San Juan –los aquilanos, secta que adora al demonio-, cuyas intenciones tardaría en descubrir nuestro protagonista, a pesar de que estaba claro que las personas de su alrededor –tanto masones, templarios, como enviados de la Iglesia católica- no se fiaban de los financiadores.
 
Así pues, el joven se presenta al concurso que tenía que proporcionar al encargado de tallar la imagen del altar mayor de la catedral; resulta ganador, con lo que sus labores de talla empiezan a las órdenes del jefe de los aquilanos. A pesar de que el trato que le dispensa es muy gentil y correcto, Telmo empieza a darse cuenta de que todo lo que rodea a la construcción de la catedral, los habitantes del pueblo y la orden, resulta un tanto inquietante. Mientras tanto, comienza la escalada de tensión entre ambos grupos –queda patente que hay una división entre los que financian y los trabajadores-. Telmo empezará a descubrir las extrañas intenciones a raíz de la muerte de dos trabajadores de la construcción que suceden después de haber hablado con él sobre la existencia de una sala oculta, donde los aquilanos podrían estar llevando a cabo sus sacrificios –y donde se hayan los cuerpos de Thibaud y los anteriores trabajadores desaparecidos-.
 
Tras una charla entre el maestro constructor, los templarios y el joven, este comprende que el templo es un lugar dedicado a Lucifer. En él se quiere convocar al diablo mediante el sonido de una campana de grandiosas dimensiones y el sacrificio de una joven virgen, Valentina –hija del maestro constructor y amiga de Telmo-. Tras este descubrimiento, nuestro protagonista junto con sus amigos conseguirán urdir un plan para impedir que se lleve a cabo, lo cual solo puede suceder si logran destruir la catedral.
 
Después de una lucha ardua que tiene como resultado varias muertes en ambos bandos, consiguen destruir la construcción y parar el apocalipsis que se cernía sobre el mundo, puesto que el diablo había sido ya convocado –se habla de la visión que produce y los fenómenos atmosféricos que trae aparejados-. Telmo había resultado ser el elegido ya con anterioridad al suceso, para enfrentarse a la bestia, cuestión que consigue no sin ver a la muerte muy de cerca.
 
La destrucción de la catedral supone el triunfo del bien sobre el mal.
 
Es un libro que consigue mantener la atención del lector desde el primer momento, desde el mismo instante en que comienza la narración, porque descubres que trata –a través de la óptica de un joven- temas de la época medieval como: la lucha ente el bien (Dios, la Iglesia) y el mal (encarnado en Lucifer), y el teocentrismo del momento; la importancia de los templarios y la labor de las logias masónicas; así como los intereses económicos que llevaron aparejadas las Cruzadas.
 
Además de por los valores que transmite el protagonista –actitud, constante afán por superarse y superar las dificultades, la perfección en su trabajo- este libro puede ser útil para trabajarlo a partir de 2º de ESO, puesto que posee una narración muy adecuada y un rico vocabulario, que logra introducir al lector en una época histórica interesante; esto le permite conocer los aspectos culturales más importantes y significativos de la Edad Media (siglo XIII, más concretamente el año 1281) situados en un contexto específico y trascendental en el momento como es Bretaña –teniendo en cuenta también cuál es el origen del protagonista y la implicación de su pueblo natal (Estella) y otros lugares que nombra, todos ellos lugares fundamentales para la Cristiandad-. Todas estas cuestiones pueden despertar en el alumno el interés para seguir leyendo obras de cariz histórico como esta y contribuir a desarrollar en él un hábito lector.

 
Raquel Fernández Acedo

 
César Mallorquí: La catedral. Ediciones SM, 2002.
ISBN: 9788434841307

Campos de fresas


Campos de fresas

 
Todo comienza con una llamada, pero no una cualquiera, sino una a mitad de la noche y a unos padres que duermen mientras su hija de 17 años ha salido de fiesta. Esto no puede presagiar nada bueno, y así comienza la historia de “Campos de fresas”, un relato donde su autor, Jordi Sierra i Fabra, aúna con una excelente calidad narrativa –a la vez que sencilla- los temas que más preocupan a los adolescentes: fiestas, drogas, amistad y amor. Quizás por esto, se ha convertido en un libro que no puede faltar en el bagaje lector de todo alumno de secundaria –más concretamente el segundo ciclo de la ESO-; no importa que la moneda siga siendo la peseta, son cuestiones que por más que pasen los años no quedan obsoletas. 
 
La narración gira en torno a Luciana, una chica de 17 años como otra cualquiera, con su grupo de amigos, su novio y una familia que la quiere; una joven guapa e inteligente que estudia y sale de fiesta. Es en este último elemento, donde la vida de Luciana y de todos los que la rodean, va a dar un vuelco.
 
Nos situamos en una noche de viernes, en el contexto de una discoteca, donde un grupo de jóvenes –los protagonistas de la historia- deciden experimentar nuevas sensaciones y optan por consumir éxtasis (o Eva) sin tener en cuenta las posibles consecuencias y sin prever lo que en realidad iba a ocurrir. Esto es, que la protagonista de la historia, arrastrada por sus amigos con la promesa de pasar una noche diferente, iba a entrar en coma.
 
Al principio todo va bien, los jóvenes bailan extasiados, pero Luciana comienza a encontrarse mal y cae desplomada en la pista después de sufrir un golpe de calor. Aquí comienza la verdadera realidad de las drogas y una carrera frenética de sus amigos por localizar al proveedor de las pastillas -con la esperanza de hacerse con una y que su análisis pueda ayudar a los médicos a sacar a Luciana de su estado-. También comienza la lucha de la joven por sobrevivir (el autor nos introduce en sus pensamientos durante toda la obra) y un torbellino de sentimientos tanto de la familia como de los amigos, de los que el autor nos da cuenta.
 
Por un lado, tenemos el sentimiento de culpa de los amigos de la joven que, en menor o mayor grado, van a asumir el peso de las consecuencia durante todo el proceso. Cinta será la encargada de transmitir la noticia a Eloy, el novio de Luciana –y el único que no participa en la fiesta del viernes- y a Loreto, componente del grupo que sufre una enfermedad, más concretamente bulimia. Y por otra lado, a la familia, unos padres incansables, que permanecen noche y día al lado de la joven, reflexionando sobre lo ocurrido, pero sin querer hacer frente a la realidad (a la madre le cuesta más, el padre es más consciente de la situación y piensa sobre el posible desenlace); y una hermana pequeña, que si bien al principio se muestra egoísta por las posibles consecuencias que la actuación de su hermana puede acarrearle, se da cuenta de que la quiere y se mantiene a su lado, hablándole y demostrándole su cariño.
 
La amistad juega un papel importante en el relato, a pesar de que se viven momentos de tensión entre los amigos por la forma de comportarse de alguno de los miembros del grupo –Máximo, por ejemplo- en los momentos iniciales. Cada uno de los jóvenes tiene una situación familiar diferente, lo que hace que su comportamiento o su forma de ver las cosas sea completamente diferente en ciertos momentos. Pero al final todos se unen en una misma causa: hacer todo lo posible para que su amiga salga del coma.
 
Loreto es la mejor amiga de Luciana, no salió esa noche y permanece continuamente en casa debido a su enfermedad. Está en un estado muy crítico, en la línea que la separa de la recuperación o del camino sin retorno. Advertida por sus padres y los médicos, y consciente de su extrema delgadez, no es capaz de salir del pozo, vuelve a provocarse el vómito una y otra vez. Aquí es donde vemos el poder de la amistad, puesto que saca fuerzas para ir a visitar a su amiga –y hablar con ella- y decide plantearle un trato, comerá aunque le cueste mantener la comida en el cuerpo, pero Luciana tiene que seguir viviendo para estar a su lado.
 
Por otra parte, Eloy es un joven responsable -decide quedarse en casa el fatídico viernes puesto que tiene que estudiar-. Tras la llamada de Cinta, reacciona culpando a sus amigos por la inconsciencia que han cometido, por tomar algo que no saben ni lo que es e inducir a Luciana –reacia a la ingestión, nunca tomaba nada-. Tras este primer momento de tensión, Eloy recapacita y nos proporciona una frase muy clarificadora: “probablemente él también lo hubiera hecho, para no parecer idiota, para acompañarla en todo”. Así pues, da un vuelco a su actuación y se centra en encontrar al camello para conseguir una pastilla y en visitar a Luciana cada vez que tiene ocasión, transmitiéndole en todo momento que va a salir de esto.
 
Mientras tanto, aparecen dos figuras importantes en la historia, que también nos hacen reflexionar. Por una parte, el Inspector de policía Vicente Espinós, que se pone manos a la obra para dar caza al camello –Poli García, al que conoce ya de sobra-; además de esto, es el encargado de mantener una conversación con el Doctor Pons –el que trata a Luciana- sobre las nuevas drogas y el desconocimientos sobre su composición (como una forma de aleccionar al lector sobre las posibles consecuencia de tomarlas). Y por otra parte, Mariano Zapata, un periodista sensacionalista que no duda en emplear el engaño para conseguir ante todo una foto de la joven en coma y poder así redactar una noticia impactante; todo ello escudándose en una hipotética labor social, como prevención para que los jóvenes no tomen drogas. El periodista y el Inspector tendrán varios encontronazos por la falta de ética del primero, ya que Vicente Espinós sabe cómo es y su forma de presentar las informaciones.
 
Tras los primeros momentos de dudas, tensión, incertidumbre y reproches, la historia se juega como una partida de ajedrez –Luciana es aficionada a este juego-. Cada uno de los personajes irá haciendo sus movimientos, todos ellos encaminados a un objetivo común: que Luciana se recupere.
Así pues, los amigos consiguen dar caza al camello, en una frenética persecución en la que también participa la policía –pero queda en segundo plano-, y cuando todo parece perdido, porque Poli consigue tirar las pastillas por una alcantarilla antes de morir –a consecuencia de una caída en la que se golpea el cráneo-, Cinta consigue hacerse con la deseada pastilla. En cuanto a la protagonista, a pesar de que se viven momentos en los que parece que el desenlace va a ser trágico –lo que también sirve al autor para concienciarnos sobre la importancia de donar los órganos-, y que Luciana parece optar por dejarse ir, al final sobrevive, decide luchar por alejarse de la oscuridad en la que se encuentra sumida, por ella y por todos los que la rodean.

 
Raquel Fernández Acedo

Jordi Sierra i Fabra: Campos de Fresas. Ediciones SM, 1997.
ISBN: 84-226-6846-7