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miércoles, 30 de enero de 2013

Kafka y la muñeca viajera, Jordi Sierra i Fabra


El prolífico autor Jordi Sierra i Fabra nos presenta en Kafka y la muñeca viajera (Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2007) una enternecedora historia cuyo protagonista es uno de los pensadores más importantes del siglo XX, Franz Kafka.

El narrador nos sitúa en el Berlín coetáneo del escritor checo durante los últimos meses de su vida. Un día, el rutinario paseo matutino de Kafka por el parque Steglitz se ve alterado cuando se topa con una niña que llora desconsoladamente. Su escasa experiencia con los más pequeños no le impide acercarse a ella e indagar en el causante de sus lágrimas.
Una vez que comprueba que la niña, Elsi, no estáa perdida, es ella misma la que aclara al escritor el motivo de su tristeza: su muñeca Brígida había desaparecido.
En ese momento, Kafka improvisa una solución que le implicaba de manera directa en este asunto. Convence a la niña de que él era un cartero de muñecas y la suya, Brígida, le había dejado un mensaje a través de él, pues había decidido marcharse apresuradamente en busca de nuevas aventuras. Debido a sus dotes como escritor pensó que no le resultaría difícil escribir una carta dirigida a Elsi haciéndose pasar por su muñeca en la que mostrara su afecto por ella. Sin embargo, lo que no sabía Kafka es que después de esa primera carta, llegaría alguna más.
El momento de la lectura de los viajes de Brígida por el mundo se habían convertido para Elsi en una cita obligatoria. Así, cada día el banco del parque donde se conocieron se convertía en su lugar de reunión diario.
Kafka no hallaba un desenlace para el 'monstruo' que acaba de crear, aunque tal vez no lo hacía porque no quería concluir con su profesión de cartero de muñecas. Después de tres semanas de frenética correspondencia, decidió que tanto Brígida como Elsi merecían un final feliz para que la niña no perdiera nunca la esperanza.


En este relato, mezcla de realidad y ficción, los prejuicios de Kafka y de la sociedad que le rodea se ven traspasados por la inocencia de una niña que consigue despertar en el moribundo escritor un último halo de vida.
La amistad es el tema central del relato, abordado desde un punto de vista en el que los dos amigos deben reconciliarse con el valor de la esperanza. Por un lado, Elsi debe aceptar la marcha de su muñeca y quedarse con su mejor recuerdo. Por otro, Kafka tiene que afrontar su delicado estado de salud. Y es que todo es contraposición entre estos dos personajes: Elsi representa el inicio de la vida, la inocencia y el triunfo de la felicidad; por su parte, Kafka está asociado al final de la vida, la experiencia y el fracaso. De hecho, él tiene que asumir el papel de lector pues la niña no sabe leer bien.

A través de las cartas, Kafka sufre una metamorfosis a la inversa que la de Elsi: si al final, ella decide mirar hacia delante con su nueva muñeca, él se inclina por echar un vistazo a su pasado y reencontrarse con el niño que llegó a ser. En este cambio, su compañera Dora tiene mucho que ver, pues actúa como voz de la conciencia para Kafka.

A pesar de su sencillez y brevedad, acompañado de una estructura con frases cortas y en la que prima el diálogo, este relato no pierde la carga emocional en ningún momento pues las cartas, como eje central de la trama, captan la atención del lector. De una simple anécdota que pasó desapercibida para muchos, Sierra i Fabra conseguir elaborar un libro bien contextualizado y hacia el que es difícil sentirse indiferente.

Aunque quizá lo que menos deba importar de la obra sea el protagonista, Kafka y la muñeca viajera constituye un libro adecuado para acercarse a la figura de Franz Kafka. Por esto motivo, al constituir su obra materia de estudio en Bachillerato, recomendaría su lectura para alumnos de 4º de ESO a modo de introducción sobre el Kafka más humano. 

Silvia Muñoz Cuello

Campos de fresas, Jordi Sierra i Fabra


¿Cuándo la diversión deja de ser un juego? ¿Dónde está el límite de la autodestrucción? Jordi Sierra i Fabra nos invita a indagar sobre estas cuestiones en su libro más conocido referente al género juvenil, Campos de fresas.

La historia arranca con una llamada telefónica. Los padres de Luciana, la protagonista, son avisados desde el hospital en el que su hija ha ingresado en coma a causa de haber ingerido una pastilla de diseño, tras una salida nocturna a una discoteca. Allí ya se encuentran Cinta, Santi y Máximo, amigos de Luciana, que han estado presentes en su desvanecimiento y que no se explican por qué a ellos no les ha pasado nada si también habían ingerido la droga. Sólo Cinta parece asumir su grado de responsabilidad y darse cuenta de la verdadera gravedad del estado de su amiga.
Máximo es el encargado de avisar al novio de Luci, Eloy, que esa noche no había salido con ellos. Al conocer la noticia, este reacciona de manera alterada y culpa al grupo de incitar a Luciana a consumir la pastilla. Su ira se eleva al saber a través de la Norma, la hermana de su novia, que sólo consiguiendo una de las pastillas, los médicos tendrían más opciones de salvar la vida de la joven, pues desconocen su composición exacta.
Es en ese momento cuando Eloy decide ponerse en busca del camello que les vendió las pastillas a sus amigos. Sus tres colegas deciden aliarse con él y así ayudar a Luciana de la única forma que pueden.
Entre tanto la protagonista, gran jugadora de ajedrez, nos descubre a través de sus pensamientos cómo afronta su partida decisiva entre la vida y la muerte.
Loreto - que también libra su propia batalla contra la bulimia-, el inspector Espinosa y un periodista a la caza del morbo, completan el elenco de personajes de una historia en la que los jóvenes tratan de buscar su sitio en el mundo.



La amistad, tema repetitivo en las obras de literatura infantil y juvenil, se pone a prueba en esta obra. Las preocupaciones de estos adolescentes ya se han alejado de asumir la fantasía como si fuera realidad; la importancia de sentirse protegidos por el grupo cobra mayor relevancia. Los protagonistas de esta obra esconden miedos y sentimientos que saldrán a florecer a lo largo de la trama.

De entre todos los personajes, destaca la línea paralela que se desarrolla entre las vidas de Luciana y Loreto. Ambas luchan contra la muerte y al final consiguen vencerla a pesar de los obstáculos que se encuentran en el camino. La conexión entre las dos es tan fuerte que sin hablar llegan a transmitirse mucho más que con simples palabras.

La relación entre padres e hijos es abordaba sucintamente aunque cabe resaltar, en este punto, a los progenitores de Máximo y Loreto. Por un lado, los padres del chico sólo parecen ver la cara desenfadada de su hijo y no se acercan a él para establecer una relación de confianza. Por otro, los padres de Loreto tienen que asumir el papel de víctimas y verdugos al mismo tiempo.

A pesar de que la obra trate de aproximarse a las inquietudes de los jóvenes de hoy en día, una de las ideas que subyace tras su lectura, es la misma que nos puede aportar la mayoría de los cuentos clásicos: un joven valiente y decidido salva a la chica inocente. La determinación con que Eloy decide ser parte activa en el proceso de recuperación de Luciana lo convierte en poco menos que un héroe, al estilo del Príncipe Azul. Por su parte, Luci, podría asemejarse más a Blancanieves, pues a pesar de sus reticencias es convencida para morder la manzana.

La obra termina con un final feliz pero la verdadera moraleja de esta historia se encuentra en los 'Agradecimientos' del autor, donde nos muestra la otra cara de la moneda con el relato real de Leah Betts.

El ritmo de la historia y su estilo no lineal, marcado por continuos flashbacks, enriquecen la trama, que en sus últimos compases adquiere tintes más propios del guión de una película de acción. Todo ello, sumado a su temática, hacen que sea la obra perfecta para alumnos de 4º de ESO.

Silvia Muñoz Cuello

martes, 29 de enero de 2013

El polizón del 'Ulises', Ana María Matute


La monótona vida de las hermanas Etel, Leo y Manu se transforma cuando una noche de mayo llega a su puerta una cesta con un bebé recién nacido. Aunque, más bien, la vida que realmente cambia es la de ese niño.
Las tres señoritas, como las presenta Ana María Matute, deciden quedarse con él pues todas son solteras y no tienen intención de casarse ni de formar una familia. Además, están demasiado ocupadas en sus proyectos de vida y en mantener la mansión que les dejó en herencia su padre. Así pues, Marco Amado Manuel, conocido por Jujú, es adoctrinado en casa por sus tres tías, como él las llama, que nunca le ocultaron su procedencia.
Para cada una de las tres señoritas la formación de Jujú consistía en una cosa distinta. Manu se encargaba de prepararlo como hombre de provecho para trabajar el campo, Etel se ocupaba de alimentar su sabiduría y Leo de formarlo como todo un caballero, más propio de los cuentos de hadas que de la vida moderna. A pesar de ser el centro de atención en su casa, Jujú carecía de lo más importante en la infancia de un niño: la amistad. Así, no es de extrañar que acabara siendo amigo de un gallo, una paloma y su fiel perro, Contramaestre. Juntos formaban la tripulación del 'Ulises', el barco imaginario que cobraba vida en el desván y al que sólo Jujú, como capitán, tenía acceso.
Los años fueron avanzando entre clases, trabajo y horarios estrictos, aunque siempre disponía de una hora libre que la dedicaba a alimentar su diario de a bordo con misiones en mares y océanos por descubrir. Una tarde, gracias a su paloma Tina, Jujú encuentra uno de los hallazgos más importantes desde que comenzara sus aventuras con el 'Ulises': la cámara secreta. Se trataba de un escondrijo a modo de pasadizo en una de las paredes del desván, perfecto para esconderse sin peligro de ser descubierto. Este elemento resulta ser la clave para que Jujú pueda incluir un polizón en su navío. De hecho, no desaprovecha la oportunidad cuando se le presenta la ocasión, aunque este nuevo inquilino se tratara de un viejo preso buscado por los guardias del tricornio.
Gracias a este nuevo compañero de fatigas, Jujú comienza a sentirse preparado para acometer con valentía el reto que llevaba esperando desde hacía tiempo: huir de su hogar en busca de aventuras con Polizón. La amistad que se fragua en el 'Ulises' no tiene límites para Jujú: no duda en mentir, darse un hachazo en la pierna o zambullirse en un río desbordado por el agua para seguir al lado del único amigo que realmente ha tenido.
Lo que Jujú desconocía es que, en ocasiones, no siempre el plan programado resulta tan efectivo como uno piensa y, al final, debes volver al lugar que correspondes.



La amistad y las segundas oportunidades constituyen el eje central de la trama El polizón del 'Ulises'. A través de la selecta narrativa cargada de descripción que nos ofrece Ana María Matute, conocemos a unos personajes que cambiarán para siempre tras este pasaje de la vida de Jujú y su navío.

Por la temática y edad del protagonista creo que su lectura es apropiada para alumnos de 1º de ESO, pues al igual que Jujú pueden enfrentarse a los primeros sinsabores de la amistad y a aprender de las decepciones como parte clave del crecimiento personal. La estructura clásica de este cuento, sumada a su moraleja final, es sugerente para introducir al alumno en la reflexión y opinión personal de los libros.

Aunque la autora anuncia en el comienzo de la obra, y lo repita en el desenlace, que lo importante de historia no radica en el lugar ni la época, el lector no puede evitar viajar con su memoria a los años franquistas. Los tricornios de los guardias y el destacamento penal, así como alguna pista en las fechas del cuaderno de bitácora (“19...”) evocan a la década de los 40 de la España de la posguerra. El polizón, que acaba admitiendo su condición de ladrón, bien podría ser un preso político. La explicación que le brinda a Jujú sobre el porqué de su ingreso en el Destacamento - “todo depende del lado desde donde se mire” - induce a pensar en los dos bandos que se enfrentaron en la Guerra Civil.

Una de las cosas que más llama la atención en este relato es la variedad de dimensiones sobre los personajes femeninos, que a su vez encarnan y se alejan de los patrones tradicionales asociados a la mujer. Etel, Manu y Leo, aunque sean consideradas por el protagonista como tías, representan a unos arquetipos maternos bien definidos. A la primera, la maestra, sólo le preocupa la educación de Jujú; la segunda, la severa, se interesa más por desarrollar su fuerza en el trabajo práctico; y, por último, la mediana de las hermanas, representa el papel de la indulgente, pues es la que más sentimientos de compasión demuestra por el joven protagonista. De esta manera, Jujú tiene que afrontar el hecho de ser criado por tres tipos distintos de 'madre'. A pesar de este enjambre de identidades, el pequeño no tiene más remedio que adaptarse ayudándose de estrategias que le facilitan también solventar el inconveniente de vivir encerrado en la mansión, sin apenas contacto con otros niños.
A bordo del 'Ulises' los muros del desván desaparecen para Jujú y su imaginación navega tiene límites. Este mundo paralelo cobra un significado mayor cuando acoge en su desván a Polizón, con el que comparte el sueño de conseguir la libertad. El primer amigo humano de Jujú asume el papel de antagonista y es, junto al protagonista, el que más sufre un proceso de transformación. Pasa de ser un presidiario a un héroe; de actuar por impulsos a reflexionar; de culpar a asumir su parte de responsabilidad; y de mentir a un aliado a decir la verdad a un amigo. El tiempo que pasó como polizón del 'Ulises' hace mella en su viejo corazón y es en el momento preciso cuando él asume la obligación de devolverle el favor, pues Jujú ya le salvó la vida en dos ocasiones: la primera, al no delatarle y la segunda, al curarle la herida.

El proceso de aprendizaje de Jujú con respecto a la amistad es mucho más abrupto pues no concibe la traición y se niega a abandonar sus fantasías y aventuras infantiles, a pesar de ser consciente de que su inocencia había sido utilizada. De esta manera, Jujú crece, aprendiendo una lección que le hace preguntarse si no ha llegado ya el momento de afrontar la realidad.

Como el Odiseo de Homero vuelve a Ítaca tras su paso por islas y mares, Jujú también debe volver a su hogar una vez vivida la mayor de sus aventuras, poniendo fin a su niñez. Al fin y al cabo, si se convirtió en todo un capitán de un navío también fue gracias a sus tías. 

Silvia Muñoz Cuello

lunes, 28 de enero de 2013

La Catedral, César Mallorquí


Por el título, el lector espera encontrar una versión adolescente de Los pilares de la tierra o La catedral del mar. Y, en realidad, es así en parte, pues el comienzo del libro es más propio de El codigo Da Vinci y de las decenas de novelas escritas tras su publicación, relacionadas con los templarios.
Cesar Mallorquí (Barcelona, 1953) nos presenta a Telmo Yañez, un jovencísimo imaginero y aprendiz de constructor, como protagonista de La Catedral. La novela, que tiene como punto de partido el reino de Navarra a finales del siglo XIII, se centra en la aventura que Telmo emprende hacia tierras bretonas y que supondrá su paso de niño a adulto.
Al cumplir los 14 años, su padre, un cantero llamado León Yáñez, decide proponerlo como aprendiz de masón, el regalo que Telmo ansiaba.
Una vez convertido en miembro de la masonería, sus dotes como imaginero propician su incursión en una misión secreta a Kerloc'h, en Bretaña, dirigida por el mismísimo Papa, con el objetivo de investigar la desaparición de Thibaud de Orly, el maestro de obras de la catedral que se construye allí. Dicho templo está financiado por la sospechosa Orden del Águila de San Juan, y Telmo es el imaginero perfecto para participar en el concurso que su maestre pretende convocar y, así, acercarse a ellos.
En este viaje le acompañan tres expertos guerreros daneses templarios (Erik, Loki y Gunnar) que velarán por su seguridad, pues la llegada del joven navarro es esperada por muchos.
Una vez instalados en el poblado bretón, presentado como un lugar fantasmagórico y casi deshabitado, la incertidumbre sobre el propósito de la construcción de la catedral va adquiriendo tintes misteriosos. Desaparecen empleados y el final de las obras se acometen de manera apresurada.
La victoria de Telmo en el concurso de la estatua que presidirá el altar mayor, le sirve no sólo para conocer por dentro la Orden del Águila del San Juan, sino también para descubrir el amor de la mano de Valentina, hija del maestro de obras con el que comparte casa en Kerloc'h. Lo que desconoce Telmo es que cuanto más se acerca a la verdad, también se acerca más a la muerte.
A partir de ahí, la trama se centra en intrigas, misterios religiosos ocultos y profecías que esperan ser cumplidas. Todo ello culmina en la lucha definitiva entre el bien y el mal, en la que Telmo Yañez se erige como héroe, cual David frente a Goliat.


Esta obra puede ser sugerente para alumnos del segundo ciclo de ESO y, en concreto, para los del tercer curso, pues comparten la edad del protagonista y pueden sentirse identificados con la temática que en el libro se plantea: el paso de la niñez a la vida adulta. Al estar narrado en primera persona el lector se siente partícipe también de los pensamientos del personaje principal y facilita el hecho de ponerse en la piel del que lo vive en primera instancia.

Las responsabilidades y decisiones que debe tomar un joven como Telmo Yañez siguen estando presentes en la vida adolescente, si extrapolamos el contexto histórico. Al fin y al cabo ser adulto significa tomar conciencia de uno mismo y decidir una opción de futuro. Creo que sería importante incidir en este aspecto en la presentación de la obra para evitar que nuestros alumnos se quedaran con la única idea de que se trata de una novela de templarios, pues este tópico puede generar tanto seguidores como detractores.
Relacionado con lo anterior, otro de los temas de la obra gira en torno a la posibilidad de elección y hasta dónde el deber y la moral inducen a discernir entre el bien y el mal. De esta manera, todos los personajes de la obra se encuentran con una situación que les pone a prueba: Korrigan y Helmut arriesgan su vida por descubrir la cámara secreta, Erik se enfrenta cara a cara con su pasado sin huir de él, Corberán de Carcassonne se alía con el mal para asumir su pérdida de fe, Thinaud de Orly se sitúa al margen cuando descubre el propósito de la construcción de la catedral e, incluso, los habitantes de Kerloc'h deben decidir si se quedan o se van del pueblo. Así, todos en algún momento se ven obligados a elegir. Esta idea de la libertad de elección como síntoma de madurez es otra de las enseñanzas que resultan interesantes para los alumnos.

En cuanto a los personajes secundarios, el trío de daneses llama especialmente la atención porque, por un lado no son habituales de las novelas con temática templaria y, por otro, representan lo que Telmo todavía no tiene: fuerza y seguridad en sí mismo. Además, el autor decide dedicar unas líneas para explicar la historia de Loki como dios de la mitología nórdica, lo que supone un punto a favor para que los adolescentes se interesen más por la trama. No hay que olvidar que las aventuras de Thor y su hermano Loki están de moda, debido a la reciente aparición de películas sobre ellos, como Thor y Los Vengadores, basadas en los cómics de Marvel.

La ambientación en la época y el contexto histórico están bien conseguidos gracias a una descripción exhaustiva de los paisajes y, en especial, de los edificios. De hecho, en la obra podemos encontrar un amplio campo semántico y léxico sobre la arquitectura y escultura medieval. Es por ello, que su lectura también tiene una función didáctica para la asignatura de Historia, pues a través de ella los alumnos pueden adquirir una concepción mayor de esta etapa histórica, que al abarcar tantos siglos puede llegar a ser una gran desconocida. En este punto, la labor de documentación en la narración supone la gran fortaleza del libro, pues Cesar Mallorquí ha sabido mezclar en la coctelera con éxito a templarios, masones, vikingos, judíos y traidores, sin que ninguno de sus elementos quede descolgado.

Con respecto al lenguaje, las citas de expresiones latinas y la aparición de términos propios de la época, como vara en referencia a un tipo de medida, pueden resultar vistosos para los alumnos. A pesar de que estos rasgos estilísticos no formen parte del día a día de un alumno de tercero, el lenguaje utilizado es bastante visual y la obra está escrita con claridad, sencillez y orden.

Aunque el contenido y el desarrollo de la trama me parecen previsibles, esta novela representa, al menos, lo mejor que los relatos sobre templarios pueden ofrecer. Por ello considero que La Catedral constituye un buen punto de partida para iniciarse en este género y para adquirir cierto paladar literario a la hora de enfrentarse a otro tipo de libros sobre este tema, tan fusilado por escritores 'best-sellers'.

Cabe destacar que Cesar Mallorquí remata su obra con un final abierto, para que como Temo Yañez y todos los demás personajes de la obra, el lector tenga la oportunidad de decidir.

Silvia Muñoz Cuello

Caperucita en Manhattan, Carmen Martín Gaite



Todo el mundo conoce la historia de Caperucita roja, ya sea su versión inicial de Perrault o la posterior de los hermanos Grimm. La inocencia, el miedo o la precaución son conceptos que rememoran este clásico de la literatura infantil. Esta revisión, firmada por Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925), actualiza el texto tradicional situándolo en la metrópolis más famosa del mundo.

En Caperucita en Manhattan, la autora nos presenta a una caperucita, Sara Allen, que no es tan inocente, y a un lobo, mister Woolf, menos feroz de lo esperado. Aunque la verdadera protagonista de esta historia es la ciudad de Nueva York. De hecho, las primeras líneas del cuento son utilizadas para describir ese laberinto de rascacielos a través de los ojos de Sara, una niña de diez años que vive en el barrio de Brooklyn y que espera ansiosa la llegada de cada sábado para visitar a su abuela, la única que parece entenderla. Su madre, Vivian, encuentra verdades dificultades para comprender el mundo fantástico que inventa Sara día a día, e intenta inculcar a su hija los peligros que ella siente mientras atraviesan Manhattan.
Sin embargo, la rutina de esta caperucita contemporánea se verá afortunadamente alterada el día de su cumpleaños. La aparición de mister Woolf y, sobre todo, de su particular hada madrina, miss Lunatic, harán que las ansias de libertad de Sara se conviertan en realidad gracias a una tarta de fresas.
Las múltiples referencias a otros cuentos y obras clásicas, nos permiten hallar en este relato a una Sara Allen que no sólo es Caperucita, sino también Celia, Alicia, e, incluso, Robinson Crusoe. Así, Nueva York es a la vez un tenebroso bosque, un país de las maravillas y también una isla por descubrir.


La obra presenta la estructura propia de los cuentos: introducción (capítulos del uno al cinco), nudo (capítulos del seis al doce) y desenlace (capítulo trece). Esta forma de presentación tradicional de la historia facilita al lector juvenil el seguimiento de la trama y evita que pierda el hilo conductor. Además, existe una clara conexión entre todos los personajes que facilita ese seguimiento de la trama.

El tema principal gira en torno al tópico de la libertad, representado por la abuela Rebeca (Gloria Star) y miss Lunatic (madame Bartholdi), sirviendo esta última como inspiración para Sara Allen. Este es uno de los temas más recurrentes de las obras de literatura infantil y juvenil, pues los niños y jóvenes, generación tras generación, siempre se han quejado de la falta de ella. En el caso concreto de Sara, el mundo real no le satisface y es precisamente lo que no es capaz de percibir por sus sentidos, lo que provoca que su imaginación vuele e invente palabras llamadas farfanías. La realidad y la fantasía no tiene principio ni final: sólo existe un bucle continuo para la protagonista. De hecho, el narrador omnisciente nos muestra a una Sara descontenta con los finales de los libros.

A lo largo de los capítulos el lector descubre cómo la protagonista decide retar al mundo en el que vive y se enfrenta a las prohibiciones, aunque le cueste alguna que otra lágrima.
Como en todo libro de cuentos, el mundo de los niños y de los adultos se muestra, de nuevo, enfrentado. Por un lado, el choque entre Vivian y Sara es evidente, aunque la niña puede llegar a sentirse cómoda con otro tipo de adultos como su abuela o madame Bartholdi. Por otro, Sara tampoco consigue estar a gusto con otros niños de su edad, como su vecino Rod Taylor.

La importancia de la aparición en la obra de miss Lunatic, que representa el papel de antagonista, radica en que constituye el punto de unión entre caperucita, la abuela y el lobo, o lo que es lo mismo: Sara, Gloria Star y Mister Woolf. Sin su presencia ninguno de los personajes principales hallaría la felicidad. Cabe destacar en este apartado los sobrenombres de la abuela y la Liberad, pues en ellos se hace referencia a esa línea difuminada entre dos realidades paralelas, entre el pasado y el presente y, en definitiva, entre lo que somos y nos gustaría volver a ser.

La autora también nos revela la ciudad de Nueva York como el escenario para la mejor de las películas, la de nuestra propia vida. En el capítulo nueve – 'Madame Bartholdi. Un rodaje de cine fallido'- se hace patente este hecho: al entrar en una de las cafeterías donde se estaba realizando un rodaje, el director queda prendado de la naturalidad de Sara y miss Lunatic y decide incluirlas en el rodaje. Una muestra más de lo difícil que es separar fantasía de realidad.

La influencia de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas es evidente al final de la obra, cuando Sara decide unirse a la estatua de la Libertad y llegar hasta ella a través del pasadizo secreto que le enseña miss Lunatic. Ese momento nos evoca el comienzo de la aventura de Alicia tras meterse en la madriguera del conejo. Con este final abierto, Carmen Martín Gaite deja la continuación de las aventuras de Sara a merced de la interpretación del lector. El final resulta oportuno para trabajar con los alumnos de secundaria nuevas opciones de creación textual aplicadas a este cuento.

Aunque la obra de Caperucita en Manhattan suela proponerse en 3º de ESO, creo que es más adecuada para el primer ciclo de esta etapa, por cercanía con la edad del personaje protagonista y porque no considero que su lectura suponga un reto para alumnos de más edad. El léxico utilizado es sencillo, primando en él los diálogos y las descripciones que tan adecuadamente nos acercan a los barrios de Nueva York.

Caperucita en Manhattan, más que un libro, se erige como una guía de viajes al país de la fantasía cuyo reino está en manos de la Libertad. Se trata de la obra perfecta para todo aquel que piense que ya es demasiado mayor para leer cuentos.

Silvia Muñoz Cuello