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jueves, 31 de enero de 2013

tres cuentos de hadas


El libro,  como indica su propio título,  está formado por   tres cuentos de hadas   cuya lectura permite    evocar los ecos de la infancia que trasportan fácilmente  al lector  a mundos mágicos y de ensoñación,    únicamente accesibles desde la fantasía, en los  que , al margen de la   conexión  del hombre con la naturaleza,  se pueden encontrar  seres sobrenaturales ( hadas, dragones ) y  objetos  fantásticos. En el libro, y a través de  los distintos cuentos,  no sólo se relatan historias,   también  se describen de forma  magistral diferentes atmósferas y  paisajes,   tiñéndolos de un halo de nostalgia y melancolía,   al tiempo  que aparecen   dotados  de un carácter mágico , fantástico y maravilloso ; dicha descripción   provoca   que   en el lector se despierte la imaginación,  atraído por la fascinación mágica  que   constituye  el sustrato de los   cuentos.  El libro  está escrito  con la característica prosa de   su autor,  clara y dotada de cierto lirismo,   en   la   que  predominan palabras relacionadas  con  la naturaleza, así como imágenes sensoriales; todo   ello narrado    con recurso, en ocasiones, al humor y la ironía. La magia que encierran las tres historias mencionadas mantiene atrapado al lector desde el principio hasta el final.


El primer cuento (El vuelo del ruiseñor) relata  la historia de una amistad  inquebrantable  entre una niña de siete años (Laura)   y un ruiseñor; amistad que se inicia  cuando   la primera  rescata al segundo  que   estaba   atrapado en una red. Se hacen amigos y por las noches el pájaro entra en su habitación para estar con ella.  Los lazos entre   la  niña  y el ruiseñor se intensificarán cuando la niña contrae una  grave enfermedad.  El ruiseñor,   cuyo canto embarga  de felicidad  a cuantos    lo  escuchan, emprenderá  un largo viaje  para conseguir las  bayas   que constituyen  la   única posibilidad de   salvar a la niña. A pesar del sufrimiento por la   dificultad  del viaje, y sostenido por una  fuerza inquebrantable   alimentada  por  la relación de amistad que mantiene   con la niña,  conseguirá   su objetivo de retornar   con las bayas,  muriendo después de llegar a la casa. Gracias a la fidelidad y sacrificio del ruiseñor  la niña   logrará   recuperarse, convirtiéndose   con el tiempo en  una célebre  cantante   perpetuando, a través de  cada una de sus actuaciones,  un    sencillo  homenaje al ruiseñor.

El segundo cuento (El hada que quería ser niña) es la historia de  un hada   que  se apropia del cuerpo  de una niña (Cristina)  cuando ésta  muere en el bosque, continuando   su existencia como  si todavía viviera.   Gracias a esta estratagema el hada será capaz de  experimentar  el sentimiento del amor  y cariño humanos, sobre todo   en su relación con la madre de la niña. Con el tiempo las cosas se   complicarán, debiendo   el hada y la madre de la niña   cambiar de ciudad para evitar los murmullos de la gente  generados, en algunos casos,   por los comportamientos extravagantes del hada  y, en otros,  por  algunos hechos extraordinarios (como, por ejemplo,    el   de que   la niña parecía no crecer); comportamientos y hechos   que la madre, cegada por el amor a la que cree  ser su hija, será   capaz de pasar por alto, restándoles importancia.  Cuando  la madre  muere, el hada  podrá     comprender  la tristeza,   volviendo al bosque.

El tercer cuento (El Príncipe amado) cuenta la relación de Emilia (mujer muda que es dada a un labrador cuando era pequeña) con un dragón, iniciada   en la niñez, y la problemática que eso conlleva;   ni cuando Emilia se casa con un príncipe  (Gonzalo) puede  apartar de   su mente  al dragón, y  su marido,   celoso,  lo mata. Ella queda embarazada  y   da luz a un   niño -  Alex -     muy hermoso   pero con     ciertos rasgos de dragón; niño que, inicialmente escondido por Gonzalo, tras ser  liberado  enamorará/hechizará a todas las mujeres  hasta que la hija de   quien fue su carcelero    acometa la tarea   de acabar  con el maleficio de  seducción  sobre las mujeres.


Estos cuentos  son de  fácil lectura y comprensión,   al tiempo que estimulan la  fantasía, la curiosidad y la imaginación, potenciando  el conocimiento  de la dinámica narrativa de los cuentos y  de los campos  léxicos que encierran los mismos,   a la vez  que  resaltan el valor del contacto del hombre   con la   naturaleza. Considero que la magia y la fantasía son elementos claves en estos relatos,  destacando    el mundo de los  sentimientos.

Se trata, a mi   modo   de ver,   de un libro idóneo para trabajar  en el 1er curso de  la ESO  por su sencillez, por su conexión con temas e historias   que se relacionan con el mundo mágico y personajes fantásticos clásicos, y por la facilidad de suscitarse,   a través del mismo,  la reflexión sobre alguno de los grandes problemas de la vida.

Platero y yo


Juan Ramón Jiménez fue un poeta español, nacido en Palos de Moguer, en Andalucía, en 1881. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1956 y se encuentra entre los mayores exponentes de la poesía pura, movimiento literario que se desarrolló entre las dos guerras mundiales, y que aboga por una sensibilidad poética al margen de las circunstancias políticas e históricas.

En 1914 escribió "Platero y yo", obra que ha sido traducida universalmente y por la cual siempre será  recordado.

El autor  evoca la figura de Platero, un burrito que acompañó sus horas de recogimiento y soledad durante su larga estancia en Moguer.

 El libro es una homenaje lleno de cariño hacia un animal, un burro llamado Platero, cuyos gestos llenos de dulzura y dignidad, despiertan en los lectores sentimientos de ternura, pero también de profundo respeto. Tradicionalmente, el burro siempre ha sido tratado según los estereotipos que le atribuyen mediocridad y falta de inteligencia. En cambio, en esta obra el autor describe a Platero con términos delicados y llenos de afecto.
La comparación entre el simbolismo tradicional y la delicadeza  con que Jiménez describe al animal  hace que el lector sienta una cierta sensación de vergüenza: Platero nos hace reflexionar  sobre el hecho  de que el amor y la dedicación no  son características exclusivas de nuestra especie.

Los textos están llenos de imágenes sublimes que crean un clima poético: la relación visceral e íntima entre el poeta y el burro se desarrolla  en un escenario mediterráneo, de frescas noches de verano, cuando la fragancia de las plantas se hace sentir al anochecer. Los colores del cielo, la brisa agradable y los atardeceres dorados que se describen, producen una especie de melancolía y de dulce amargura. Todo viene a evocar la precariedad y la incertidumbre a la que todos, hombres y animales, estamos sometidos.
El sentimiento de emoción es el que envuelve al lector durante toda la obra, aunque una vez terminada la lectura queda un cierto sabor amargo al observar la distancia entre el lirismo de las historias contadas y el estado real en el que se encuentran los animales.

No solo asistimos al ciclo vital de Platero, desde su juventud hasta su muerte, sino que lo vemos en su dimensión de compañero del hombre. Es alegre, inocente, vulnerable... Vive percances que le causan dolor: pisa una espina, le pica una sanguijuela, le pican los tábanos, un potro le da una coz, sufre el momento de la agonía...  Y además ocupa un lugar importante en el recuerdo del poeta, que lo entierra cerca de su casa.

 
El modo en que es tratado Platero nos sorprende porque no está sometido a su amo, sino que es tratado como un niño, como un compañero: viajan juntos, lo lleva a todas partes, juega y pasea con los niños de Moguer y comparten alimentos y vivencias como la contemplación del atardecer. La relación entre el hombre y el burro preside la historia. Platero destaca por su mansedumbre y personifica la nobleza de los animales. Aparecen en grupo animales como caballos, patos, gorriones, golondrinas, perros, gallinas, etc., que recrean la vida colectiva. Moguer rebosa de vida en las descripciones de los paseos de Platero y el poeta, ya que el pueblo no se reduce a un conjunto de edificios y personas. La presencia y la convivencia con los animales  resalta el lado humano de los amigos de Platero.

Platero y yo expresa la celebración de la vida y el pesar por la muerte de un ser querido en tono elegíaco. Juan Ramón Jiménez construye un animalito creíble en su vitalidad y afecto, que alcanza un nivel poético en la comunión que logra con su amo al contemplar la belleza de naturaleza, acompañarlo en su inspiración poética y al emanar un concepto del bien de carácter cristiano que lo ennoblece.

CAPERUCITA EN MANHATTAN


La moderna Caperucita  Roja   se llama Sara Allen, tiene diez años y vive con sus padres   en   Brooklyn.  Es una  niña  que experimenta   el deseo de abrirse al  mundo desde la confianza y la curiosidad, si bien   su vida    está condicionada   por el    aburrimiento   y la ausencia de nuevas experiencias; mejor dicho, es la vida de sus padres y vecinos   la que  responde a   las últimas características,  mientras  en la mente de Sara    se     generan y mezclan fantasías y sueños alegres que, sin  embargo, no puede compartir   con nadie.  Nuestra pequeña protagonista no aguanta la monotonía de su vida familiar  y tiene ansias de   aventura y libertad.


 Sara tiene  limitado  contacto con el exterior y  sólo a través de  sus padres, sobre   todo   a causa del afán desmedido  de control  y protección de su madre   que anda   siempre “barruntando catástrofes”.   En  la parte  opuesta  a
 Brooklyn  se encuentra  Manhattan, “una isla en forma de jamón con un pastel de espinacas en el centro que se llama Central Park. Es un gran parque alargado por donde resulta excitante caminar de noche, escondiéndose de vez en cuando detrás de los árboles por miedo a los ladrones y asesinos que andan por todas las partes...”. El bosque    de la fábula tradicional de  Perrault es sustituido  con ironía  por Central Park que, no obstante su fama, no es de hecho – en la apreciación de la protagonista- peligroso para los niños, sino una mera concreción física del lugar donde es posible vivir una excitante aventura. “Pero a las personas mayores no se les ve alegría en la cara cuando cruzan el parque velozmente en taxis (...). Y los niños, que son los que más disfrutarían corriendo esa aventura nocturna, siempre están metidos en sus casas viendo la televisión, donde aparecen muchas historias que les avisan de lo peligroso que es salir de noche.”


En Manhattan se encuentra la  estatua de la Libertad  que de noche  se duerme  ante la indiferencia general. Pero los niños  de  Brooklyn no duermen,  “….piensan en Manhattan (…) y su barrio les parece un pueblo perdido donde nunca pasa nada. (...) Y es que cuando la estatua de la Libertad cierra los ojos, les pasa a los niños (...) la antorcha de su vigilia. Pero esto no lo sabe nadie, es un secreto. Tampoco lo sabía Sara Allen...”.

 Por el lector parece percibirse la existencia en la historia   de  algo mágico  no concretado que, sin embargo, es inicialmente   dejado en s
uspenso para volver a subrayar la rutina de la vida cotidiana. El padre de Sara   es fontanero y la madre –Vivian-  trabaja como enfermera  en  un    hospital    cuidando ancianos  y  disfruta preparando  una exquisita tarta de fresas  -motivo de orgullo frente a terceros-, preparada   conforme a una receta secreta    de familia. Tarta de fresas  de la que, todos los sábados,   llevarán una a la  abuela de Sara  y  que para  nuestra   pequeña   protagonista    pasará a representar   la manifestación  de  una fastidiosa   costumbre    con pérdida de   cualquier otro significado.

 La  abuela materna  de Sara  se llama Rebeca Little  y vive sola en Manhattan,  en el   barrio  de Morningside.  Se trata de  una  mujer   liberal, extrovertida, original, ex cantante  de music-hall  conocida con el  pseudónimo de Gloria Star y, en los últimos tiempos,  olvidadiza (pero solo porque  “a fuerza de no contar las cosas, la memoria se oxida” ).
La abuela de Sara es  el contrapunto de   su hija Vivian,  con quien no se entiende. Sara  experimenta fascinación por    su abuela y todo lo que guarda relación   con la misma, mientras   que entre la madre y la abuela de   Sara   se genera cierto  antagonismo  por   el afán de la primera de controlar a la   segunda  y  su    disconformidad  con el género de vida   que lleva esta última. Sara no ha recibido mucha  información   sobre  la vida   no sujeta a  ataduras de su abuela, censurada  por Vivian, conociendo  sólo  algunos detalles  a resultas   de conversaciones espiadas a  sus progenitores. A través de   alguna de dichas   conversaciones   conoció en el pasado la existencia  de un antiguo  amigo/compañero  de su  abuela – Aurelio-,   con cierta influencia en la conformación   de la personalidad de  Sara.
Aurelio – dueño de una librería- hizo llegar a   Sara – lectora muy precoz y apasionada- algunos libros  - Robinsón Crusoe, Alicia en el país de las maravillas, Caperucita Roja …- cuyos protagonistas  fueron percibidos  por    la pequeña    como seres  libres,  con capacidad   para  andar  por todas partes solos  sin la existencia de  padres que los retengan, repriman  o les prohíban actuar. La lectura de dichos relatos, al margen de   hacer  volar la imaginación de Sara, provocaron y provocan en ésta un  fuerte sentimiento de   envidia   por la  libertad de  sus  protagonistas.  En el relato se refuerza la idea de la  necesidad de    experimentar el viaje   que es la vida   por uno mismo, y ello como requisito  imprescindible  para un  adecuado desarrollo mental. La ilustración preferida de Sara  es    la que corresponde al encuentro de Caperucita Roja   con el lobo
".…En aquel dibujo, el lobo tenía una cara tan buena, tan de estar pidiendo cariño, que Caperucita, claro, le contestaba fiándose de él, con una sonrisa encantadora. Sara también se fiaba de él (...) era imposible que un animal tan simpático se pudiera comer a nadie. El final estaba equivocado. (...) Lo que menos le gustaba a Sara eran los finales”.

Sara había  recibido  también de Aurelio un plano  muy detallado  de Manhattan, habiendo aprendido,  observándolo,    que  Manhattan  era  una isla;  detalle éste muy importante para   Sara  porque el País de Nunca Jamás de  sus fantasías      tomará cuerpo  en ese  espacio físico real   donde   la posibilidad de vivir una aventura se hace factible. Atrapada en una vida  gris, Sara  juega   con las palabras, inventando  algunas nuevas para interpretar y expresar sus emociones y, de ese modo, crear un mundo a su gusto; una   expresión   en particular –miranfù-  se convierte   en su preferida y es utilizada para expresar “ va a pasar algo diferente” o “ me voy a llevar una  sorpresa”. Con esta  palabra mágica pretenderá  Sara   cambiar la realidad.



Partiendo del planteamiento  anterior,  la autora  -Carmen Martín Gaite-   pone en marcha los engranajes de la aventura  que se inicia  cuando  la pequeña Sara, aprovechando  un luctuoso   acontecimiento familiar -que hace que  sus padres tengan que desplazarse      a otra ciudad-,  es dejada al cuidado   de una tercera persona    de cuya vigilancia/supervisión es capaz de zafarse, escapándose de casa   para llevar  a su abuela   la tarta de fresa   que había elaborado su  madre antes de partir. 

 

La autora   parece respetar inicialmente  -  aún con  la   alteración     temporal y de localización    de historia y personajes-   la estructura  esencial del cuento/fábula del que toma prestado parte del  título,  aunque el lector   pronto descubrirá que , más allá de un cierto aire familiar en alguno de los personajes ,   no nos encontramos   con una nueva versión   actualizada del cuento,   sino  con una provocación de la autora al lector  moviéndole a una  involuntaria comparación  de la nueva historia   con la fábula   original  al objeto, como si de un pasatiempo se tratara, de ir evidenciando  las diferencias   sustanciales en el relato.
 

En nuestra historia  aparecen  cinco personajes  relacionados  con el cuento tradicional,  amén  de otros que, careciendo de dicha conexión,  se manifiestan  como meros   actores secundarios  de escasa  relevancia. Así,  los primeros personajes citados son   Sara Allen ( la nueva caperucita), su madre ( Vivian)   y su abuela ( Rebeca Little) -   ya descritos en la fase inicial previa   a   la puesta en marcha de la trama  relativa a la aventura  en sentido estricto-   a los que hay que añadir  los  correspondientes   a Miss Lunatic ( trasunto de la libertad  o  el espíritu libre , del que es ejemplo la abuela)  y Edgar Woolf ( el Dulce Lobo).



En   lo que afecta al desarrollo de la trama de la aventura,    en su trayecto a casa de su abuela, Sara se  desvía   atraída por el encanto de lo prohibido  representado  por Central Park ( a modo de   bosque encantado), si bien,   antes  de llegar,   experimentará  un sentimiento de miedo a la libertad  del que será rescatado  por el personaje de Miss Lunatic, una mujer vieja, vestida de harapos,   que arrastra  un cochecillo  de bebé  antiguo y raído   donde guarda sus pertenencias ,   sin preocuparse del dinero,  con capacidad de   cambiar la vida a las personas; Sara   descubrirá por casualidad que   Miss Lunatic es   el espíritu de la libertad   , la musa   del autor de  la estatua   existente  en honor de la misma   en Manhattan  - donde vive de día-, firmando con dicho personaje   un pacto de sangre   en el  marco un acuerdo que reivindica   la conquista de la libertad individual.   Asimismo, y de forma indirecta,   Sara   entrará en contacto con Edgar  Woolf,   conocido  ( por un negocio   que explota) como el  Dulce Lobo;   este personaje, obsesionado  por el éxito en sus negocios y con un solo amigo, comprende, en la persecución de su objetivo de lograr la receta perfecta de una   tarta de fresa   que haga   más relevante su negocio, la   insustancialidad del sacrificio  de determinados valores   de cara a  la consecución del éxito, accediendo, con excusas, a  la vivienda de la abuela ( adelantándose con engaños a  Sara)   con la que, desde la admiración, alcanzará la felicidad.
 

En el juego de búsqueda de las diferencias  el lector descubrirá  que, a diferencia de lo que   sucede   en  fábula original:   Caperucita   tiene una mala relación con su madre;  la libertad y curiosidad no se ven penalizadas;    el “bosque” no siempre es un lugar  de pérdida sino de encuentro y punto de partida de la aventura; el lobo no es malo sino  “dulce” y  alcanza la felicidad  junto con la abuela;  no hay un salvador externo  sino que la propia conquista de la libertad otorga la redención de los personajes ;  la protagonista   no retorna a casa  sino que,   como  se refleja al final del relato,  desafiando  la lógica y huyendo de la rutina de lo  cotidiano, se lanza  - gritando su palabra talismán , “ Miranfú- por la boca de un pasadizo que conduce a la morada diurna  y secreta  de Miss Lunatic   para   alcanzar la libertad.

 

 La lectura   de esta obra   (desarrollada, en gran parte, como un relato llevado a cabo por un narrador omnisciente, con   limitado recurso al diálogo) puede suscitar  la reflexión, sobre todo   en  el lector joven,    sobre  la  soledad, la fantasía, la voluntad, la libertad y la necesidad de   que   cada uno   determine   en gran parte   su lugar y conducta.

 

martes, 29 de enero de 2013

LA CASA PINTADA


Chao tiene 6 años  cuando  va al mercado de Pekín con su abuelo para vender las verduras de la huerta  y   por primera vez ve  la casa pintada del emperador.  Queda tan deslumbrado por los colores que embellecen  la  casa  imperial   que,  con ella,  establece, a tan escasa edad, su proyecto de vida:


“Chao se puso en pie y dijo con voz firme:
– Prometo que algún día conseguiré mi casa Pintada. Míos serán el verde, el azul, el rojo, el blanco y el amarillo. ¿Vale así, Abuelo?
– Si.
Kum Tsé se lanzó al ataque, furioso:
– ¿Por qué dices que sí, sabiendo que la vida le dará a Chao un no como respuesta? Las falsas ilusiones son como la cometa que arrebata el viento. Deja las manos desolladas por el roce de la cuerda, los ojos pendientes de una nube y la cabeza torcida para siempre.
– Los justos deseos son como el grano de arroz que cae en tierra –replicó el abuelo–. Puede perderse en agua y barro o lograrse en espiga.
– ¿Quieres decir que…?
– Que el azul y el verde, el rojo y el blanco, son de cualquier hombre. Pero ha de conseguirlos. Ésa es su tarea.”


Vivir en una casa    pintada   como  la del   emperador  se   convertirá para   Chao  en una obsesión, para   cuya   consecución deberá proceder a   conquistar los colores. Estos últimos (a los que se aludirá  a continuación) vienen a   representar tanto los elementos de la Naturaleza  como los  de la fortaleza del hombre. Así, el azul   corresponde al  cielo,   el verde  a la naturaleza,  el blanco a la corriente de los ríos y al agua aprisionada en forma de hielo por el invierno, el amarillo encierra el oro y las riquezas y,  por último,  el rojo   viene asociado al   poder y  a la victoria.  Chao pretende  dominarlos conquistándolos  uno por uno, fracasando en su intento y decidiendo por ello, al no poder    alcanzar  su objetivo  de conquista,  convertirse en el mejor equilibrista para poder vivir en la casa pintada imperial. Nada desvía la atención de Chao quien, con la ayuda de su amiga Li, se preparará para realizar su sueño. Cuando   el protagonista – en compañía de Li- va camino de  Pekín para  conseguir  el título de equilibrista y así  lograr la entrada a la casa del Emperador,  se ve inmerso  en un acontecimiento  excepcional cuando presencia como  la  corriente del río arrastra a unas personas , involucrándose en los hechos hasta conseguir el rescate de las mismas. La riada se lleva por delante todo,  incluyendo, aparentemente,  los sueños del protagonista, que se verá obligado a ceder en su empeño, regresando  a su aldea. Sin embargo,  a su llegada, el protagonista descubrirá que, de manera involuntaria e inesperada,  ha alcanzado   el objeto de sus sueños, puesto  que  las personas  por él  salvadas han ofrecido diversos   elementos  que permitirán pintar la casa.

“La Casa Pintada” de Montserrat del Amo es una obra que va atrapando   al lector más allá del mero seguimiento de las peripecias que   relata. Todo en la construcción del relato (desde las pretensiones iniciales de Chao de “conquistar los colores” hasta la forma progresiva en que se va construyendo el desenlace)  lleva a pensar en la existencia de    un  trasfondo   oculto en el  texto, en definitiva,  en la intención de la autora de obligar al lector a  reflexionar  sobre  determinados extremos  ( ambición fracaso, éxito, solidaridad, etc.) a fin de  que   se extraigan las  conclusiones pertinentes.


La Casa Pintada es una novela con una estructura  lineal  no compleja ,   que recurre al  relato de hechos de forma cronológica y con escasos diálogos,  escrita en tercera persona por un narrador  que domina la historia y  que va dando  la palabra a los personajes hasta   alcanzar el sueño del protagonista, aún  de forma inesperada.

 

El recurso   de ambientación de la historia  en una  cultura  , la oriental, tan alejada de la nuestra, constituye un elemento que puede  favorecer el acceso del lector  ( sobre todo el más joven)  al relato  desde la curiosidad por “lo distinto”, introduciendo un cierto elemento de distanciamiento  que , de no provocar el alejamiento del lector, favorecerá   el objetivo de reflexión subyacente   en el texto.


Efectivamente, creo  que  la novela,   más que transmitir una enseñanza determinada,  mueve, por un lado, a reflexionar sobre distintos aspectos,  proporcionando, por otro,  ejemplos asociados  a distintos valores en los que  se podrían   destacar  los siguientes:

  • Tenacidad. Chao lucha con vehemencia para lograr su sueño.
  • Respeto. La sabiduría de los adultos es valorada y respetada por los jóvenes y demás miembros de la familia.
  • Amistad. Los lazos que unen a Li y a Chao representan la fortaleza y solidaridad necesarias para alcanzar las metas.
  • Solidaridad  frente a las desgracias ajenas, en   el reconocimiento de la existencia  de valores   superiores que pueden condicionar ambiciones personales.
  • • Responsabilidad, desde la comprensión de   que los   actos  que uno realiza tienen siempre consecuencias
  •  Afán de superación.

EL HOMBRECITO VESTIDO DE GRIS


En su obra El hombrecito vestido de gris,   Fernando Alonso narra varias historias,  entretenidas  y atractivas, entre las cuales quiero destacar la que da título  a la obra (puesto que es la que más me ha gustado).


A través de un relato breve - con léxico  sencillo, expresivo y gráfico-, el autor refiere   la historia de un hombre  gris (asociándose  a este último término la significación  de carente de  atractivo y singularidad), atrapado    en  un mundo y por  una realidad que le condiciona hasta el extremo de  hacerle ocultar o disimular el  potencial interno  que le conferiría individualidad frente al resto; dicha labor de           ocultación/ disimulo, con represión  de  deseos y anhelos, se representa en la   obra, por un  lado, por la descripción  externa del personaje (hombre que siempre iba vestido de gris...tenía un traje gris...un sombrero gris...una corbata gris...un bigotito gris…) y , por otro, por  el abandono   del mismo  a la rutina, con mimética repetición, día tras día, de   actividades.  Este hombrecito, al que poco a poco se le contagia el gris en la mirada, oculta   un anhelo , a saber, llegar a ser cantante de ópera  para alcanzar   la fama, llenando  con ello de  color  su vida;  de vez en cuando da rienda  a  su anhelo de cantar , de hacer algo diferente  que le dote de singularidad, siendo reprimido por su entorno  (vecinos, jefe, etc.), por lo que   el protagonista de la historia decide  atarse un pañuelo a la cabeza sujetando la mandíbula  para, simulando  un  eterno dolor de muelas, no volver  a  cantar nunca más, sacrificando su singularidad en aras a la elusión del reproche de la sociedad.

La historia termina  inicialmente así, reflejando  las dificultades para llegar a ser uno mismo  en una sociedad poco respetuosa con la  singularidad  más allá de los supuestos en los que la misma  venga asociada   al éxito, riqueza o poder. Pero en este caso , el autor   del relato  ofrece un final alternativo (el hombrecito  es descubierto  y alcanza el éxito como cantante) para aquellas personas que puedan preferir un final feliz.

 
El hecho de ofrecer dos finales diferentes fue lo que más me llamó la atención,   prefiriendo, sin duda,  el final triste, no por lo que supone de renuncia a los propios anhelos, sino porque refleja mejor la  realidad   sobre  los posibles condicionamientos y consecuencias del desarrollo o no de la propia personalidad, sin crear  falsas expectativas  de un final  que no siempre, y a despecho de la actuación de cada uno, aparece como necesariamente feliz.

 
Cuando  el autor acaba   la historia   con   el segundo final,   remarca la palabra fin  entre signos    de interrogación. A través   de dicho artificio podríamos considerar   la   posibilidad de que el autor  haga un guiño al lector  invitándole no solamente  a elegir entre los finales propuestos, sino , incluso, a idear su propio final  en un mundo  que , entre el blanco y el negro, permite una  amplia gama de grises.


Alonso escribe el cuento y su primer final con la intención de mostrar la vida en sus más lúgubres colores, reflejándolo de forma óptima  desde el principio, y ello con esa melodía que caracteriza toda su obra. El lector disfruta de la lectura de este cuento viéndose, sin embargo,  involucrado en  una reflexión sobre el valor de la existencia, la importancia de los actos propios y ajenos, y de  las consecuencias asociadas a los mismos en  aras a la propia realización personal  y consecución de la felicidad.

En esta línea se encuentra esta colección de cuentos donde los jóvenes  lectores pueden reflexionar sobre los problemas de convivencia, la solidaridad, las actitudes autoritarias... partiendo de situaciones muy imaginativas. Descubrir el mensaje de cada historia y relacionarlo con alguna experiencia propia puede ser una tarea interesante para realizar con los alumnos.