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domingo, 3 de febrero de 2013

Cinco lecturas, Cinco valoraciones.


Bueno, a pesar de los intentos de boicot para que mi aparición llegara a esta página (la contraseña fue cambiada horas antes de mi intento de publicación), aquí están, todas de una, mis cinco aportaciones al blog.
La razón para que haya decidido ponerlo junto es que he intentado hilvanarlo todo de manera que pudiera ser considerado un mismo gran trabajo sobre cinco lecturas y cómo éstas podrían ser tratadas o ayudarnos en el aula.
Empiezo…



Campos de Fresas



Siendo un libro del que se ha tratado bastante en clase y que, parece ser, mucha gente hemos escogido para su lectura, yo me quiero centrar en un punto que a mi ver es importante más que en la simple reseña del argumento… ¿Por qué elegir este libro para nuestros alumnos?
La respuesta debería de ser obvia ya que nos encontramos ante un libro de carácter juvenil y adolescente escrito de una muy buena manera y siendo considerado “literatura” más allá de algunos libros que frecuentan nuestros “alumnos” actuales…
Pero no, quiero ir más lejos. Actualmente existen multitud de libros de literatura infantil y juvenil. Casi diría que sale más de uno diariamente sólo en nuestro país y “Campos de Fresas” fue editado por primera vez en el 1997, hace ya más de 15 años…
Entonces ¿por qué éste?
La respuesta la tenemos que buscar en el tema central que rodea al libro, que no es otro que el de las drogas.
Nuestros alumnos viven en un mundo demasiado moderno al que algunos casi no se llegan a afianzar bien a todo lo que les sucede alrededor porque lo descubren a edades muy tempranas y sabemos que los padres no siempre están pendientes de los problemas de sus hijos bien por desinterés o, mayormente, porque sus propios hijos se los ocultan.
Entonces ahí entra el papel del educador en el aula. Nosotros tenemos como objetivo fundamental que nuestros alumnos lean, pero tampoco podemos olvidar el hecho de que debemos educarles como buenas personas para la sociedad, con lo que este libro podría cumplir esa doble función.
Jordi Sierra i Fabra, el autor, trata el tema de la droga desde una perspectiva que a los adolescentes se les suele contar para asustar y que ellos piensan que nunca les sucederá: Ese “fallo” de la droga, ese “minúsculo” porcentaje de gente que consume que tiene un problema en el organismo y que acaba en el hospital pudiendo llegar incluso a morir.
Así nos sumerge en lo que sucede por las cabezas de los adolescentes, (amiga, amigos, novio, hermana pequeña…), e incluso de la pobre afectada que está en coma en el hospital. Esta es una manera bastante efectiva de, utilizando un lenguaje bastante juvenil que de momento no está tan pasado de moda, meter a los alumnos en el papel del personaje con el que más simpaticen y, con esto, concienciarles siempre más que con una de las típicas charlas anti-drogas programadas que algunas veces se tienen en las aulas.
Después está nuestra tarea en el aula para reforzar este mensaje mediante actividades que les hagan ver lo peligroso de las drogas para poder, de esta manera, concienciarles y evitar que consuman algo que no les va a traer ningún bien.
Aparte, Jordi Sierra i Fabra toca de lado el tema de la bulimia. A mi ver, el autor no encontraba material para escribir toda una novela sobre el tema en el momento y le faltaba algo más de “chicha” para “Campos de Fresas”, porque me parece un “pegote” sin mayor argumento que el decir que la chica está mal y que, al escuchar que su amiga está en coma, se empieza a encontrar mejor porque lo hace “por ella”.
¿Que se puede utilizar en el aula? Claro, no debemos dejar pasar la oportunidad de concienciar a nuestros alumnos sobre un problema que les puede afectar a alguno de ellos o de sus conocidos para que sepan cómo enfrentarse a él, cómo reaccionar y cómo tratarlo, pero no lo considero de una vital importancia para el libro.
Yendo un poco a cosas que se nota demasiado que están puestas “por obligación”, nos podemos fijar en las voces adultas del libro… No quiero decir que al autor se le dé mal escribir con voz de adulto, sino que en este caso, a mí me ha parecido demasiado claro que quería “informar” sobre datos en muchas ocasiones o simplemente utilizar al adulto como “empujón” para que los jóvenes reaccionaran como lo hacen.
Así y todo, considero que el libro es más que adecuado para su trabajo en el aula por la innegable oportunidad que nos da de tratar el tema de las drogas desde un punto de vista casi fatalista (pedir un final “no-feliz” casi habría sido depresivo para nuestros alumnos, pero…). Por esto, y por el hecho de que, pese a los cambios que ha sufrido la sociedad desde 1997, el libro sigue vigente con los míseros cambios de pesetas por euros o la no-aparición de smartphones, yo lo recomendaría activamente al profesor que quiera abrir este tipo de debates en su aula.






Años difíciles



En este caso me referiré a “Años difíciles” de Juan Farias y hablaré del tema de la guerra para con los niños.
En primer lugar querría dejar claro que, una vez leído el libro, lo catalogaría más de “literatura infantil” y no juvenil, porque, si bien yo a mi edad me lo he podido leer y disfrutar tanto como el autor querría, está escrito de cierta manera que recuerda en todo momento a los libros para los más pequeños, por lo que nuestros alumnos de bachiller (e incluso tercero y cuarto de la E.S.O.) podrían sentirse “ofendidos” y dejar de leer un libro tan pequeño y tan sencillo como éste.
El primer factor que encontramos para catalogar de esta manera al libro es que el lugar donde transcurre la obra es completamente inventado: “Media Tarde”.
Sí, estoy completamente de acuerdo en que los alumnos leen/escuchan/ven muchísimas historias sobre lugares inventados y lo hacen con bastante avidez, pero se trata de “grandes lugares inventados”. Un pueblo de un país de nosesabe con un nombre tan sencillo como “Media Tarde” no puede rivalizar de ninguna manera en sus mentes con la fastuosidad de la Tierra Media repleta de magia de Tolkien, con la Narnia maravillosa a la que se accede mediante un armario, a la Fantasía de la Historia Interminable de Ende o a muchas más por el estilo.
El siguiente argumento que esgrimo para esta afirmación es la misma técnica con la que está escrita el libro. Para empezar el protagonista que rememora la historia es un niño pequeño, Juan de Luna, que no entiende casi nada y por eso se le tiene que explicar todo, lo que nos vendría muy bien para nuestros alumnos más pequeños…
Y después el libro está escrito, sí, pero casi debiera ser leído a los más niños como una historieta. Tiene características de la literatura oral popular posible que me pueda acordar ahora como el hecho de repetir hasta la saciedad los sujetos una y otra vez e incluso alguna que otra frase como si hablara con el mismo lector o con un auditorio.
Por esto digo firmemente que, de elegir este libro para nuestras clases, debiera ser para las de los más jóvenes para evitar el rechazo que podrían experimentar los más mayores, pero afirmo que me parece una muy buena lectura para los más “peques”.
¿Por qué? El tema que trata, la guerra, se puede ir tratando en clase de la manera más didáctica posible para que vayan entendiendo, de la mano de Juan de Luna, los sinsabores de las guerras que, desgraciadamente, siempre son tema de actualidad.
Además, otro rasgo que nos hace pensar que está escrito para los más jóvenes y que nos ayuda a introducir sin censuras el libro en la clase es el hecho de que la guerra en ningún momento “asola” el pueblo. Siempre dice y repite que la guerra nunca llegó a Media Tarde más que de lado, yendo a reclutar a toda la juventud capaz u hombres mayores todavía no ancianos.
Este factor es el que utiliza el autor para introducir la desgracia en la familia del protagonista mediante la escapada de su padre con otros tantos del pueblo al monte por negarse a marchar al frente. De aquí saldrá un tiempo de rebeldía y el inevitable momento en el que los descubren y los ejecutan en el mismo monte por un oficial que “tiene prisa” por acabar lo que tiene que hacer.
Pero, así y todo, el autor no lo trata de una manera trágica y desgraciada que pudiera llegar incluso a hacer llorar a algún pequeño lector (creo yo, siempre hay gente más sensible) sino que lo comenta como algo que ya pasó, que ya está completamente superado por el pequeño protagonista porque cuenta la historia de mayor y que no repercute más que en la pena y llantos de su madre que, al momento de contar la historia, está refiriéndole las gestas del abuelo a los hijos del protagonista.
Es por esto que creo que es una buena lectura para un aula de primero o incluso segundo de la E.S.O., ya que los iniciaría un poco en la parte de la guerra que no suele salir en las películas de acción.

  



Memorias de una vaca



El caso de “Memorias de una Vaca” es parecido al anterior reseñado por mí de “Años difíciles”, pero ya con una vista más centrada en el alumno de mayor edad, al contrario que antes.
El caso, siendo también fantástico pues quien escribe las memorias es una vaca que, inexplicablemente pues no se dice nada al respecto en toda la obra, pueda hablar en la lengua humana. ¡O Sor Pauline Bernadette habla como las vacas! Bien pudiera ser esto último, aunque no creo que la monja le diera tiempo de aprender el “idioma vaca” y, encima, mezclarlo con el francés como lo hace en su propio idioma particular…
Y así nos adentramos en los primeros años de vida de una vaca que ha vivido el tiempo de la postguerra civil española en la zona vasca.
De nuevo, como sucedía en “Años Difíciles”, el autor evita tratar el aspecto más sangriento de la guerra, lo que nos evitará tratar esos aspectos en el aula, sabiendo que eso ya lo pueden ver de sobra los alumnos en las películas y series de televisión. Sin embargo, se aprovecha de la supuesta “tontedad” de las vacas (repetida hasta la saciedad por La Vache Qui Rit) para ir haciendo un pequeño juego constante de creación de expectativas e hipótesis con el lector que nosotros podemos aprovechar para hacer una lectura por tiempos en el aula.
De nuevo, como en “Años difíciles” se trata de un grupo de rebeldes escondidos en el bosque, aunque en este caso se trata de una guerrilla organizada y que tiene, mediante la granja donde pertenece Mo, nuestra protagonista, un complicado sistema de abastecimiento para que los contrarios no se enteren.
Al final eso se acaba y el autor habla de la pequeña aventura de nuestra vaca con su compañera hasta que ella se separa y la abandona. De esta segunda parte del libro podemos extraer una lectura sobre las fiestas populares que usan vaquillas para concienciar a los alumnos de que los animales no se divierten nada con la supuesta “fiesta” y que son unas barbaridades.
Finalmente, da el autor un pequeño toque de esperanza para las historias que nunca acaben y un consejo de escritura mediante el…

-          “… ¿Y qué hay que hacer para escribir très bien?
-          ¡Cualquiera sabe!
-          ¡Corregir, Mo! ¡Pulir, Mo! ¡Retocar, Mo!”

Y con esto acaba el autor, mediante la vaca quien usa por última vez en el texto uno de sus refranes vacunos inventados. Y quisiera aprovechar este apunte para compararlo con la obra comentada por mí de Jordi Sierra y Fabra, “Campos de Fresas” en la que comentaba que no le había visto fino a la hora de colocar la voz adulta en su libro. Sin embargo, aquí, no sólo el autor ha conseguido convencerme con sus diálogos (excepto el de Gafas Verdes que se limita a decir “Karral” y transmite la información que quiere el autor mediante las traducciones de La Vache) que, si una vaca hablara, lo haría de esta manera que refleja en la obra.
Sí, igual con esto le estoy echando un poco de fantasía y algo de subjetividad al comentario, porque alguien podría pensar lo contrario pero, lo que no sería capaz nadie de replicar es que Mo realmente tiene “hablares” de vieja con su retahíla de refranes y demás desvaríos.





Caperucita en Manhattan



En esta ocasión no voy a hablar de un tema central del libro sobre el que podamos trabajar en clase, sino del libro en sí y del cuento del que se extrae ya que considero que la antigua finalidad de avisar a las jovencitas de los peligros de los que las querían utilizar para el sexo (no olvidemos el cargado carácter sexual que tenía el lobo en la obra de Perrault y la moraleja que cierra la historia) se ha perdido.
La obra ante la que nos enfrentamos es toda una remodelación-actualización en toda regla del cuento antiguo (de Perrault, no de la versión de los hermanos Grimm, pues se ha eliminado la figura del Leñador que las rescata porque aquí no hace falta).
Martín Gaite lo que ha hecho ha sido dotar al cuento de una modernidad total al haberlo ambientado en el distrito de Manhattan y que los únicos bosques que salen sean los parques que en el mismo hay, metamorfosear al lobo en viejo millonario “tocado por la luz” de un personaje central en la historia que la autora se saca de la manga.
Y que nadie se piense que al decir la expresión “sacar de la manga” estoy minusvalorando a la figura de Miss Lunatic, pues considero que es importantísima para la obra que Martín Gaite ha escrito. Es ella quien introduce en la pequeña Sara Adler (ahora hablaremos del nombre de la pequeña protagonista) todas esas ideas y posibilidades mágicas de evadirse de la realidad que hacen que Sara no se enfrente a la escena que encuentra en casa de su abuela y salga a buscar ese reino “mágico” que para ella es la Estatua de la Libertad.
Si nos ponemos a mirar uno a uno los “temitas” que se pueden ver en el libro podríamos llegar a criticar que Sara, de apenas diez años, sale sin autorización sola por la terrible Manhattan, que se pasea por algunos de los parques más peligrosos de noche, que se escapa del adulto que  la cuida, que finalmente parece que incluso abandona el domicilio familiar en pos de una nueva vida con Miss Lunatic siguiendo sus ansias de aventura…
Así que yo no optaría por esa opción, claramente.
Podríamos referirnos en la clase al tema de la modernización de los viejos cuentos porque eso les daría pie a conocer los viejos para poder mejorarlos a su manera y que experimentasen un pequeño episodio escritor. Tal vez así les daríamos un pequeño empujoncito que después les ayudara a seguir haciéndolo, ¿Quién sabe?
Pero ahora, como final de este comentario, para enlazar con el siguiente, quiero hablar un poco del intertexto.
Es sabido por todos, la misma autora nos pone de relieve esos datos mencionándolo por boca de la misma Sara que se ha leído la obra, los parecidos de nombres que tenemos entre esta obra y la caperucita del cuento de Perrault. Esos son obvios, sí.
Pero además, la pequeña utiliza mucho las obras de Alicia en el País de las Maravillas y  Robinson Crusoe para hablar de sus problemas o con Miss Lunatic… De nuevo, estas referencias quedan claramente detalladas en el libro mediante preguntas y comentarios que los personajes se hacen en la novela, pero…
¿Alguien se ha fijado en el apellido de la pequeña protagonista?
Adler. Su nombre es Sara pero su apellido, pudiendo haber elegido el archi-presente Smith que parece tanto le gusta a los americanos, escoge ese…
¿A nadie le suena todavía?
Daré otra pista. No sólo la abuela, sino también Miss Lunatic, Mister Woolf e incluso el cochero de éste, mencionan que es una niña muy inteligente, de las que más han visto en su vida…
Muy bien, acabo la adivinanza para quien hay ido creando expectativas.
Yo la he relacionado claramente con Irene Adler, el personaje de Sir Arthur Conan Doyle en las novelas de Sherlock Holmes. (“Escándalo en Bohemia” para quien no lo conozca y quiera darle una oportunidad). Las semejanzas son claras a mi ver, ¿Sí? ¿No?
Podrá hablar de ello quien posea ese tipo de intertexto o algún otro que le haga pensar que el personaje puede estar inspirado en otro distinto…




Días de Reyes Magos



Y de ahí pasamos al tema del intertexto que todo lector tiene (mayor o menor hasta casi su no-existencia, pero todos tenemos uno).
Y considero que la obra que ahora presento es una de las mejores para tratar de motivar a nuestros alumnos a que aumenten cada uno el suyo respectivo.
Días de Reyes Magos (la sigo recomendando a aquellos profanos que todavía no se la hayan leído) es todo un tratado de grandes obras que se van entremezclando de manera que, si uno no poseyera ese intertexto que es necesario (se mencionan los títulos a lo largo de todo el libro) no le podría sacar todo el jugo que la obra puede dar de sí.
Hay algunas cosas explicadas, está claro, el autor tampoco quería ser tan enigmático ni oscuro como para que sus lectores, mayoritariamente alumnos de bachillerato recomendaría yo, no pudieran cazar ni una.
Pero, para empezar, el protagonista se llama Uli y se embarca sin saberlo en una “iniciación libráica” a cargo de un ciego que le hace ser su “lazarillo” mientras él le recita “El Quijote” en dos bellos romances muy bien tratados y le hace que le lea algunas de las obras más famosas de la literatura universal.
¿Notáis ya de lo que os estaba hablando?
Este ciego le inicia en los caminos más espectaculares de la literatura tanto española como universal y lo hace de una manera en la que va fomentando la curiosidad del chico de tal manera que es él mismo el que se inicia sin más que unas breves indicaciones del maestro. El ciego oficia el cargo de Maestro de Ceremonias como he dicho, pero toda la acción la realiza el chaval ayudado tanto por su madre como por su amiguísima Cali, su maestra de literatura…
¿Y qué pueden aprender los alumnos con todo esto? No sé cómo será el caso de todos y cada uno de los alumnos, porque para gustos los colores, pero yo sentí unas ganas irresistibles de leerme las obras que todavía me faltan de la lista (“La guerra de los botones” de Pergaud, por ejemplo) para poder entender mejor las comparaciones y situaciones que se cuentan a lo largo del libro.
Y nosotros necesitamos que nuestros alumnos lean. Queremos que lean y que, encima, si es posible, lean literatura de calidad. ¿Qué mejor que este libro donde se tratan tantos y tantos libros buenos aunque no sean todos de nuestra literatura? Una vez conseguido que, mediante un simple libro de literatura juvenil (utilizo “simple” sin ánimo de ofender a nadie) nuestros alumnos se embarquen en la lectura de La Odisea, Don Quijote de la Mancha, La Guerra de los Botones, El Club de los Poetas Muertos, La Divina Comedia… ¿Cómo no podremos conseguir que se lancen a por los libros que nosotros queramos?
Además, podemos hacer en las clases una serie de actividades para incentivar esa motivación por agrandar su intertexto y poder entender todas las referencias del libro, lo que nos daría mucho juego. Por ejemplo, sin ir más lejos que la última que he citado, La Divina Comedia sale con una referencia que dice así:
“Como le dijo Virgilio a Dante, tú mira y pasa”.
Nada más. Pero… ¿Quién es Virgilio? ¿Y Dante? Si alguien sin el intertexto necesario pasa por encima de esa frase, pudiera pensar que son dos amigos y que uno ha ido a la casa del otro a ver el fútbol, no sé… Pero con el conocimiento sobre La Divina Comedia podemos empezar a hacernos una idea de que va a haber algún tipo de misterio iniciático como al que Virgilio somete a Dante al pasearlo por Infierno y Purgatorio.
Finalmente, para no extenderme más sobre la inmensa capacidad que puede darnos este libro sobre unos alumnos de bachillerato (un poco más pequeños también sería posible, pero no más para que no se encuentren en la tesitura de no entender NADA, lo que los desilusionaría y les crearía rechazo), diré que éste debería ser el libro “punto de partida” para todo aquel que quiera motivar a sus alumnos en el tema de mejorar y ampliar su intertexto.


 Y así...

 ...llegamos al final de mi participación en el blog. Un sólo post, cinco libros, cinco opiniones y valoraciones que espero que, en algún momento, puedan facilitar la ayuda de alguien (compañero de máster, de "futura" profesión o incluso de algún lector despistado que haya venido a dar con sus huesos a nuestro blog).











jueves, 31 de enero de 2013

Campos de fresas



Campos de fresas

Título: Campos de fresas
Autor: Jordi Sierra i Fabra
Editorial: SM
Colección: Gran angular alerta roja
Ciudad: Madrid
Primera edición: febrero 1997
Edición: 42ª: julio 2012

                                                         «No bailéis con la muerte»


Campos de fresas comienza con una llamada telefónica en la intempestiva madrugada. Unos padres preocupados atienden al teléfono y confirman sus temores: su hija Luci, de dieciocho años, ha tomado alguna sustancia peligrosa y se encuentra hospitalizada en el Clínico.
Noche de viernes, un grupo de amigos —Cinta, Luci, Máximo y Santi— sale de fiesta dispuesto a disfrutar de la actividad nocturna. Mientras ellos se divierten, Eloy, el novio de Luci, se ha quedado en casa estudiando responsablemente el examen del próximo lunes.
En medio del ambiente cargado de la discoteca, Luciana cae desplomada. Ha sufrido un golpe de calor como consecuencia de haber ingerido una pastilla de éxtasis. Luciana ha entrado en coma. Lo que prometía ser una noche de diversión se ha convertido en una tragedia para los jóvenes, que asisten desconcertados y presos de un sentimiento de culpabilidad a las consecuencias de una actitud irresponsable.
Desde el momento en que conoce la situación de Luci, Eloy inicia una carrera frenética con el objetivo de localizar al camello que vendió las pastillas a sus amigos aquella fatídica noche de viernes —para conseguir una y poder entregarla a los médicos— con la esperanza de que su análisis pueda arrojar luz sobre el tratamiento más eficaz para sacar a Luci del coma. Pero también la protagonista comienza su lucha por sobrevivir, mientras percibe los sentimientos de quienes la rodean.

Sin embargo, el caso de Luci no es el de la típica adolescente conflictiva, víctima de una familia desestructurada, de una complicada situación económica o de algún tipo de problema que la empuja a la necesidad de evadirse de la realidad para sentirse bien.
Es una chica feliz, lo tiene todo, menos la asertividad necesaria para decir NO en el momento oportuno.

Sierra i Fabra desarrolla esta historia en noventa y cinco episodios breves narrados con gran agilidad que mantienen atrapado al lector en la necesidad de conocer el desenlace. Para ello, emplea un lenguaje sencillo y un registro cercano a cualquier adolescente. Es obvio que el tema principal de la obra, así como los temas secundarios —amor, amistad— resultan de interés para los adolescentes, lo que contribuye a la buena acogida que el libro tiene en los alumnos de Secundaria.

Campos de fresas invita, o quizá obliga, a una reflexión fundamental para cualquier adolescente: diversión, sí, pero, ¿a cualquier precio? La respuesta es NO.
La sociedad en la que vivimos es exageradamente hedonista, y desgraciadamente, esto tiene sus consecuencias. No está de moda la cultura del esfuerzo para conseguir honradamente algo bueno, ni ser responsable y joven al mismo tiempo, ni valorar en su justa medida el alcance de decisiones que pueden comprometer el resto de la vida, como tomar una droga de diseño, consumir cocaína o mantener una relación sexual no segura.
Trágicamente, esta es la realidad de demasiados adolescentes que se mueven desorientados entre la asunción de responsabilidades, propia de la vida adulta, y un abismo de diversión e inconsciencia que no les permite madurar a tiempo para evitar situaciones angustiosas como la que viven los amigos de esta historia.
La inquietante precocidad de los adolescentes de la última década nos conduce a pensar en la conveniencia de proponer esta lectura cuanto antes, es decir, a plantearla como un ejercicio preventivo de conductas de riesgo como lo es el consumo de drogas, por ello podría ser una opción de lectura desde el primer curso de la ESO.

Campos de fresas no es un libro marcadamente literario, sin embargo, es evidente que ese no era el objetivo del autor cuando compuso su obra. Nuestra responsabilidad como docentes, en este caso de Lengua castellana y Literatura, es proporcionar a los alumnos una formación integral que les asegure la integración en la sociedad y les capacite para el ejercicio de una ciudadanía democrática. Este trabajo de formación no recae exclusivamente en nosotros, sino en todos los docentes de la etapa de Secundaria; pero sí está en nuestra mano que esos adolescentes entiendan que la lectura puede ofrecerles posibilidades muy distintas, desde el disfrute del texto más literario e insustancial, pasando por la literatura comprometida, hasta lecturas cuyo objetivo —como es el caso de Campos de fresas— es espolear el ánimo y el pensamiento del lector por alguna causa grave o relevante.
También la literatura puede enseñarnos a vivir.

miércoles, 30 de enero de 2013

Campos de fresas, Jordi Sierra i Fabra


¿Cuándo la diversión deja de ser un juego? ¿Dónde está el límite de la autodestrucción? Jordi Sierra i Fabra nos invita a indagar sobre estas cuestiones en su libro más conocido referente al género juvenil, Campos de fresas.

La historia arranca con una llamada telefónica. Los padres de Luciana, la protagonista, son avisados desde el hospital en el que su hija ha ingresado en coma a causa de haber ingerido una pastilla de diseño, tras una salida nocturna a una discoteca. Allí ya se encuentran Cinta, Santi y Máximo, amigos de Luciana, que han estado presentes en su desvanecimiento y que no se explican por qué a ellos no les ha pasado nada si también habían ingerido la droga. Sólo Cinta parece asumir su grado de responsabilidad y darse cuenta de la verdadera gravedad del estado de su amiga.
Máximo es el encargado de avisar al novio de Luci, Eloy, que esa noche no había salido con ellos. Al conocer la noticia, este reacciona de manera alterada y culpa al grupo de incitar a Luciana a consumir la pastilla. Su ira se eleva al saber a través de la Norma, la hermana de su novia, que sólo consiguiendo una de las pastillas, los médicos tendrían más opciones de salvar la vida de la joven, pues desconocen su composición exacta.
Es en ese momento cuando Eloy decide ponerse en busca del camello que les vendió las pastillas a sus amigos. Sus tres colegas deciden aliarse con él y así ayudar a Luciana de la única forma que pueden.
Entre tanto la protagonista, gran jugadora de ajedrez, nos descubre a través de sus pensamientos cómo afronta su partida decisiva entre la vida y la muerte.
Loreto - que también libra su propia batalla contra la bulimia-, el inspector Espinosa y un periodista a la caza del morbo, completan el elenco de personajes de una historia en la que los jóvenes tratan de buscar su sitio en el mundo.



La amistad, tema repetitivo en las obras de literatura infantil y juvenil, se pone a prueba en esta obra. Las preocupaciones de estos adolescentes ya se han alejado de asumir la fantasía como si fuera realidad; la importancia de sentirse protegidos por el grupo cobra mayor relevancia. Los protagonistas de esta obra esconden miedos y sentimientos que saldrán a florecer a lo largo de la trama.

De entre todos los personajes, destaca la línea paralela que se desarrolla entre las vidas de Luciana y Loreto. Ambas luchan contra la muerte y al final consiguen vencerla a pesar de los obstáculos que se encuentran en el camino. La conexión entre las dos es tan fuerte que sin hablar llegan a transmitirse mucho más que con simples palabras.

La relación entre padres e hijos es abordaba sucintamente aunque cabe resaltar, en este punto, a los progenitores de Máximo y Loreto. Por un lado, los padres del chico sólo parecen ver la cara desenfadada de su hijo y no se acercan a él para establecer una relación de confianza. Por otro, los padres de Loreto tienen que asumir el papel de víctimas y verdugos al mismo tiempo.

A pesar de que la obra trate de aproximarse a las inquietudes de los jóvenes de hoy en día, una de las ideas que subyace tras su lectura, es la misma que nos puede aportar la mayoría de los cuentos clásicos: un joven valiente y decidido salva a la chica inocente. La determinación con que Eloy decide ser parte activa en el proceso de recuperación de Luciana lo convierte en poco menos que un héroe, al estilo del Príncipe Azul. Por su parte, Luci, podría asemejarse más a Blancanieves, pues a pesar de sus reticencias es convencida para morder la manzana.

La obra termina con un final feliz pero la verdadera moraleja de esta historia se encuentra en los 'Agradecimientos' del autor, donde nos muestra la otra cara de la moneda con el relato real de Leah Betts.

El ritmo de la historia y su estilo no lineal, marcado por continuos flashbacks, enriquecen la trama, que en sus últimos compases adquiere tintes más propios del guión de una película de acción. Todo ello, sumado a su temática, hacen que sea la obra perfecta para alumnos de 4º de ESO.

Silvia Muñoz Cuello

Campos de fresas


Campos de fresas

 
Todo comienza con una llamada, pero no una cualquiera, sino una a mitad de la noche y a unos padres que duermen mientras su hija de 17 años ha salido de fiesta. Esto no puede presagiar nada bueno, y así comienza la historia de “Campos de fresas”, un relato donde su autor, Jordi Sierra i Fabra, aúna con una excelente calidad narrativa –a la vez que sencilla- los temas que más preocupan a los adolescentes: fiestas, drogas, amistad y amor. Quizás por esto, se ha convertido en un libro que no puede faltar en el bagaje lector de todo alumno de secundaria –más concretamente el segundo ciclo de la ESO-; no importa que la moneda siga siendo la peseta, son cuestiones que por más que pasen los años no quedan obsoletas. 
 
La narración gira en torno a Luciana, una chica de 17 años como otra cualquiera, con su grupo de amigos, su novio y una familia que la quiere; una joven guapa e inteligente que estudia y sale de fiesta. Es en este último elemento, donde la vida de Luciana y de todos los que la rodean, va a dar un vuelco.
 
Nos situamos en una noche de viernes, en el contexto de una discoteca, donde un grupo de jóvenes –los protagonistas de la historia- deciden experimentar nuevas sensaciones y optan por consumir éxtasis (o Eva) sin tener en cuenta las posibles consecuencias y sin prever lo que en realidad iba a ocurrir. Esto es, que la protagonista de la historia, arrastrada por sus amigos con la promesa de pasar una noche diferente, iba a entrar en coma.
 
Al principio todo va bien, los jóvenes bailan extasiados, pero Luciana comienza a encontrarse mal y cae desplomada en la pista después de sufrir un golpe de calor. Aquí comienza la verdadera realidad de las drogas y una carrera frenética de sus amigos por localizar al proveedor de las pastillas -con la esperanza de hacerse con una y que su análisis pueda ayudar a los médicos a sacar a Luciana de su estado-. También comienza la lucha de la joven por sobrevivir (el autor nos introduce en sus pensamientos durante toda la obra) y un torbellino de sentimientos tanto de la familia como de los amigos, de los que el autor nos da cuenta.
 
Por un lado, tenemos el sentimiento de culpa de los amigos de la joven que, en menor o mayor grado, van a asumir el peso de las consecuencia durante todo el proceso. Cinta será la encargada de transmitir la noticia a Eloy, el novio de Luciana –y el único que no participa en la fiesta del viernes- y a Loreto, componente del grupo que sufre una enfermedad, más concretamente bulimia. Y por otra lado, a la familia, unos padres incansables, que permanecen noche y día al lado de la joven, reflexionando sobre lo ocurrido, pero sin querer hacer frente a la realidad (a la madre le cuesta más, el padre es más consciente de la situación y piensa sobre el posible desenlace); y una hermana pequeña, que si bien al principio se muestra egoísta por las posibles consecuencias que la actuación de su hermana puede acarrearle, se da cuenta de que la quiere y se mantiene a su lado, hablándole y demostrándole su cariño.
 
La amistad juega un papel importante en el relato, a pesar de que se viven momentos de tensión entre los amigos por la forma de comportarse de alguno de los miembros del grupo –Máximo, por ejemplo- en los momentos iniciales. Cada uno de los jóvenes tiene una situación familiar diferente, lo que hace que su comportamiento o su forma de ver las cosas sea completamente diferente en ciertos momentos. Pero al final todos se unen en una misma causa: hacer todo lo posible para que su amiga salga del coma.
 
Loreto es la mejor amiga de Luciana, no salió esa noche y permanece continuamente en casa debido a su enfermedad. Está en un estado muy crítico, en la línea que la separa de la recuperación o del camino sin retorno. Advertida por sus padres y los médicos, y consciente de su extrema delgadez, no es capaz de salir del pozo, vuelve a provocarse el vómito una y otra vez. Aquí es donde vemos el poder de la amistad, puesto que saca fuerzas para ir a visitar a su amiga –y hablar con ella- y decide plantearle un trato, comerá aunque le cueste mantener la comida en el cuerpo, pero Luciana tiene que seguir viviendo para estar a su lado.
 
Por otra parte, Eloy es un joven responsable -decide quedarse en casa el fatídico viernes puesto que tiene que estudiar-. Tras la llamada de Cinta, reacciona culpando a sus amigos por la inconsciencia que han cometido, por tomar algo que no saben ni lo que es e inducir a Luciana –reacia a la ingestión, nunca tomaba nada-. Tras este primer momento de tensión, Eloy recapacita y nos proporciona una frase muy clarificadora: “probablemente él también lo hubiera hecho, para no parecer idiota, para acompañarla en todo”. Así pues, da un vuelco a su actuación y se centra en encontrar al camello para conseguir una pastilla y en visitar a Luciana cada vez que tiene ocasión, transmitiéndole en todo momento que va a salir de esto.
 
Mientras tanto, aparecen dos figuras importantes en la historia, que también nos hacen reflexionar. Por una parte, el Inspector de policía Vicente Espinós, que se pone manos a la obra para dar caza al camello –Poli García, al que conoce ya de sobra-; además de esto, es el encargado de mantener una conversación con el Doctor Pons –el que trata a Luciana- sobre las nuevas drogas y el desconocimientos sobre su composición (como una forma de aleccionar al lector sobre las posibles consecuencia de tomarlas). Y por otra parte, Mariano Zapata, un periodista sensacionalista que no duda en emplear el engaño para conseguir ante todo una foto de la joven en coma y poder así redactar una noticia impactante; todo ello escudándose en una hipotética labor social, como prevención para que los jóvenes no tomen drogas. El periodista y el Inspector tendrán varios encontronazos por la falta de ética del primero, ya que Vicente Espinós sabe cómo es y su forma de presentar las informaciones.
 
Tras los primeros momentos de dudas, tensión, incertidumbre y reproches, la historia se juega como una partida de ajedrez –Luciana es aficionada a este juego-. Cada uno de los personajes irá haciendo sus movimientos, todos ellos encaminados a un objetivo común: que Luciana se recupere.
Así pues, los amigos consiguen dar caza al camello, en una frenética persecución en la que también participa la policía –pero queda en segundo plano-, y cuando todo parece perdido, porque Poli consigue tirar las pastillas por una alcantarilla antes de morir –a consecuencia de una caída en la que se golpea el cráneo-, Cinta consigue hacerse con la deseada pastilla. En cuanto a la protagonista, a pesar de que se viven momentos en los que parece que el desenlace va a ser trágico –lo que también sirve al autor para concienciarnos sobre la importancia de donar los órganos-, y que Luciana parece optar por dejarse ir, al final sobrevive, decide luchar por alejarse de la oscuridad en la que se encuentra sumida, por ella y por todos los que la rodean.

 
Raquel Fernández Acedo

Jordi Sierra i Fabra: Campos de Fresas. Ediciones SM, 1997.
ISBN: 84-226-6846-7

 

 

 

 

domingo, 27 de enero de 2013

Campos de Fresas. Marta Pérez Cerdá.


 SIERRA I FABRA, Jordi, Campos de fresas, Ediciones SM, Alerta Roja, 22ª Edición, Madrid, 2004.


Primeramente, voy a presentar una reseña crítica de Campos de fresas de Jordi Sierra i Fabra para la asignatura de Literatura Infantil y Juvenil. En primer lugar, presentaré un breve resumen de la temática; a continuación realizaré una valoración crítica del conjunto de la obra; y finalmente haré una conclusión sobre la posible utilidad de la lectura.

Atendiendo a la temática, nos encontramos con una novela realista sobre las drogas de diseño y su marco propagador, a través de la historia de Luciana, una chica que sufre un golpe de calor debido al éxtasis. En definitiva, una novela bien documentada, entretenida y muy conmovedora que puede ser muy atractiva para el lector juvenil por la etapa en la que se encuentra.

La valoración en conjunto de esta historia es positiva, tanto a nivel estructural como en cuanto a su contenido. En primer lugar, la  breve historia se muestra dividida por horarios y en cada horario, uno de los personajes nos va contando sus vivencias ante el suceso. Entre los diferentes puntos de vista vemos: el de Luciana, el camello, sus padres, su novio, su hermana y el del periodista. Esto ayuda al lector a observar cómo viven el hecho casi todas las personas que rodean a la protagonista. En mi opinión, este tipo de estructura tiene cosas positivas y negativas. Positiva porque ves el pensamiento de todos los personajes y sus sentimientos en todo momento. Incluyendo lo que está viviendo Luciana, algo que atrae la curiosidad del lector. Por otra parte, es negativa porque como el autor mezcla en cada capítulo los narradores, es decir, los puntos de vista de los diferentes personajes, pasas cierto tiempo perdido hasta que consigues reconocer el personaje que cuenta esa parte de la historia. Quizás este sea el inconveniente de la historia, que el adolescente puede perder el interés tras la dificultad que puede sentir para reconocer al narrador.

Por lo que respecta al contenido, éste es ideal para los lectores, aunque su desarrollo a veces es un poco lento porque da demasiados detalles sobre el paso del tiempo: horas, minutos, etc. Sin embargo, en el argumento pretende concienciar al lector del peligro de las drogas y mostrarles una especie de guía sobre los tipos de drogas y sus efectos. El autor claramente consigue su propósito ya que nos describe la angustia que sienten los personajes que rodean a la protagonista, incluida esta cuando está en coma y nos muestra los momentos más difíciles de todos los amigos que no dejan de pensar en lo ocurrido. También se refleja la incontrolada venta de drogas en todo tipo de discotecas y se añade una crítica a la sociedad de hoy en día mediante Mariano Zapata quien publica su artículo sobre la protagonista sin el consentimiento familiar. Todos estos elementos dotan de interés al lector, quien mientras lee está reflexionando sobre su realidad. En síntesis, el contenido es perfecto por todos los factores nombrados.

Respecto a la forma en que está escrito, me han gustado mucho las descripciones que hace el autor,  que son claras y precisas. También me ha llamado la atención que, durante la historia, Luciana que está en coma, pueda expresar sus sentimientos, su miedo al dolor y a perderlo todo. Esto hace que vivamos la historia desde el punto de vista del afectado y así, se logra que el receptor sea empático con lo que vive la protagonista.

Creo que la lectura en un primer ciclo de ESO sería muy eficaz dado que en la obra se transmiten muchos mensajes relacionados con la realidad cotidiana en la que viven los jóvenes como es el mundo de las drogas, la superación de un problema como la bulimia, la toma de decisiones o la importancia del valor de la amistad. El lector adolescente se sentirá identificado o reconocerá con facilidad este ambiente que le es familiar y sin duda, este aspecto aumentará su interés por la historia y por la lectura. La historia está narrada para el conocimiento y la reflexión del lector, factores importantes en el desarrollo  del aprendizaje de nuestros alumnos.

A todo esto, se une el lenguaje usado por el autor que es actual y sencillo y  que ayuda, en cierta medida, a perfilar de manera adecuada a cada uno de los personajes de la historia. En cuanto al final, creo que hubiese sido más efectivo si la protagonista hubiese muerto ya que se concienciaría más a los jóvenes sobre el peligro de tomar drogas. Sin embargo, entiendo que el autor haya elegido ese final porque el otro sería demasiado trágico para los adolescentes.

Por último, me quedo con una de las reflexiones irónicas que hace Eloy sobre la juventud teniendo en cuenta las consecuencias que ha sufrido la protagonista: «Para eso se es joven, para probar cosas, para experimentar. Para eso y para desafiarlo todo» (Sierra i Fabra, pág.110). Esta idea la tienen los jóvenes de hoy en día, pero deben quedarse con la esencia del libro: No bailes con la muerte, no juegues con tu vida.