jueves, 31 de enero de 2013

CAPERUCITA EN MANHATTAN


Título: Caperucita en Manhattan
Autora: Carmen Martín Gaite
Ediciones Siruela
Primera edición: septiembre de 1998
Décimo tercera edición: junio de 2005

 


Este relato está compuesto por dos partes y en su totalidad por trece capítulos. Todos ellos tienen título y los acompañan trece ilustraciones de la autora.
En esta edición encontramos una “Invitación a la lectura” de mano de María del Carmen Ponz Guillén que comienza en la página nueve. Esta pequeña introducción es muy valiosa ya que nos hace recorrer un breve camino sobre el origen de la verdadera Caperucita de Charles Perrault y una Caperucita con un final más feliz de mano de los hermanos Grimm. También nos habla un poco de los personajes y de lo que vamos a encontrar en esta nueva versión de la Caperucita neoyorquina. Una vez finalizada la lectura, Ponz propone una serie de actividades que aparecen a partir de la página 229 y que pueden ser muy útiles si se trabajan de forma adecuada.

Una vez hecha esta pequeña introducción nos adentraremos en el resumen. 
Sara Allen es una niña de diez años. Vive en Nueva York con sus padres, Samuel y Vivian. En su vida está muy presente su abuela porque es mucho más permisiva con ella que su madre. Todos los sábados ambas van a hacerle una visita a Rebeca y le llevan una tarta de fresa que Vivian se encarga de hacer todos los viernes por la noche. 
Cuando Sara era pequeña su abuela vivía con un hombre al que nunca conoció pero que siempre le pareció muy interesante. Este hombre le regaló unos libros que marcarían su vida para siempre: Robinson Crusoe, Alicia en el País de las Maravillas y Caperucita Roja. Con ellos aprendió a leer y  en un cuaderno escribía palabras que no tenían sentido, pero para ella sí que lo tenían. Eran palabras a las que llamaba farfanías  y su favorita era “miranfú” que venía a significar algo así como 'libertad'. Sara preguntaba por Aurelio Roncali, el hombre que vivía con su abuela y que tenía una librería, Books Kingdom pero su madre no le decía prácticamente nada. De pequeña Sara sufrió una fiebres muy altas y cuando se recuperó no volvió a preguntar más por él pero sabía que se había marchado para siempre. 
El mayor afán de la niña era conseguir la libertad y le pedía a la estatua de la Libertad que la liberara del cautiverio de no ser libre. Cada sábado su madre “le ponía un impermeable rojo de hule, lloviera o no” (pág. 69) y colocaba la tarta de fresa al fondo de una cesta. Juntas cogían el metro y se dirigían a casa de Rebeca, allí pasaban la jornada y limpiaban la casa. 
Los padres de Sara tienen que viajar a Chicago porque su tío Josef ha muerto. La niña se queda a cargo de los vecinos de arriba. Su lectura está centrada en el libro sobre la construcción de la Estatua de la Libertad. 
En la segunda parte, “La aventura”, Sara Allen vive la mayor aventura de su vida. Al comienzo de esta parte se nos presenta al personaje miss Lunatic, una mujer muy peculiar que vivía dentro de la Estatua de la Libertad. Ella había quedado con Edgar Woolf, el dueño de una pastelería muy famosa de Nueva York, pero tenía un problema y es que su tarta de fresa no era muy buena. El señor Woolf estaba desesperado porque no encontraba a ningún pastelero que hiciera la verdadera y deliciosa tarta de fresa. Miss Lunatic retrasó su cita con Edgar Woolf porque encontró a Sara perdida en el metro: “Le recordaba muchísimo a la Caperucita Roja dibujada en una edición de cuentos de Perrault que ella le había regalado a su hijo, cuando era pequeño.” (pág. 142)
Después de entablar una conversación, las dos salen del metro y se dirigen hacia un café en el que están rodando una película. Sara se había escapado de casa de sus vecinos para ir a ver a su abuela. Llevaba la cesta con la tarta de fresa, como todos los sábados y el dinero que Rebeca le había dado cuando ganó un premio  en el bingo. Después de charlar, Sara averigua que miss Lunatic es el  espíritu de la estatua de la Libertad. “A quien dices tu secreto, das tu libertad, nunca lo olvides, Sara” (pág. 173). “Sara, tenía que quedarse a solas para conocer la atracción del impulso, la alegría de la decisión y el temor del acontecer. Venciendo el miedo que le quedara, conquistaría la Libertad” (pág.180).
El señor Woolf aparece en Central Park como si fuera un lobo que encuentra a Caperucita Roja en el bosque. Allí era donde había quedado con miss Lunatic y esta no aparecía pero encontró a la niña sola en un banco con una cesta a su lado. Después de hablar un rato el hombre le dice que si puede probar la tarta de fresa que ella le ha dicho que lleva en la cesta y Sara accede. Él cae rendido ante la niña cuando prueba la tarta y le propone todo cuanto quiera por la receta de esa tarta. Sara es una niña y accede sin problema, sabe perfectamente que la verdadera receta está en casa de su abuela porque ella la encontró un sábado mientras la abuela había salido y Vivian ido a buscarla. Ella le pide que le de una vuelta en la limusina pero Woolf es muy hábil y como tiene tres, envía a Sara a una para ella sola advirtiendo al chófer que tiene que después que él, que irá en otra limusina. Así sucede, el señor Woolf llega a casa de la abuela de Rebeca mucho antes que la niña. Cuando llega encuentra a su abuela y Edgar Woolf bailando en el salón, y es que de joven él vió actuar a Rebeca, la que se hacía llamar Gloria Star. Sara sale corriendo del apartamento y se dirige al lugar que miss Lunatic le había indicado para entrar a la Estatua de la Libertad. Anteriormente, cuando Sara va en la limusina baja y despista al chófer escapándose para hallar el acceso a la estatua pero el hombre la encuentra y la lleva a casa de su abuela. 
El final que encontramos es abierto, pero lo que sí sabemos a ciencia cierta es que Sara Allen logró la libertad. 

En su conjunto, el relato está bien estructurado. Como ya hemos comentado, está formado por dos partes, la primera consta de cinco capítulos y la segunda de ocho. Tanto las partes como los capítulos tienen título. La primera parte se llama: “Sueños de libertad “y la segunda: “La aventura”.Estos títulos nos auguran lo que vamos a encontrar en cada parte ya que en la primera Sara nos encamina hacia un mundo en el que ella sueña con la libertad pero no la consigue y en la segunda parte, su aventura hacia la libertad comienza con un viaje en metro para visitar a su abuela y acaba adentrándose al camino que la llevará hacia la Estatua de la Libertad. 
Carmen Martín Gaite ha sabido como captar la atención del lector y hacer que su Caperucita sea muy atractiva en manos del lector que también necesita conseguir, de cierta manera, la libertad. Esa libertad que podemos encontrar en los libros  al igual que Sara Allen la hallaba en Robinson, Alicia o en la mismísima Caperucita. 
Las palabras que ha empleado la autora son fáciles de entender y no debería haber ningún problema para entender el texto en su conjunto ya que está destinado a un público juvenil. 

Este relato moderno sobre una Caperucita distinta se puede tratar en el aula para hablar de toda la tradición literaria que ya ha dado lugar a cuentos conocidos por todos y como de ellos se pueden extraer moralejas, ideas que nos puedan servir en nuestra vida. Los cuentos forman parte de la cultura y todos hemos crecido con ellos. Llevar esta obra a las aulas es muy enriquecedor porque además de incidir sobre los cuentos podemos trabajar la libertad desde otro punto de vista. 

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